La primavera ya llegó. Tiempo de alergias, especialmente temidas por quienes sufren con los niveles más altos de polen. Sin embargo, en una provincia como la de Málaga, los cuadros más repetidos están originados por los ácaros. Y es precisamente en plena pandemia, con los confinamientos obligatorios o voluntarios, cuando las consultas por este tipo de alergias más han aumentado.

En la Costa del Sol, la alta humedad y la falta de ventilación son aliados para los ácaros. Pero también los típicos reservorios donde mejor pueden vivir, cortinas o alfombras gruesas. Pasar muchas más horas en casa, debido al teletrabajo o a las recomendaciones para no celebrar reuniones fuera del hogar, completan la ecuación perfecta para que se hayan disparado los nuevos casos de personas alérgicas a los ácaros durante el último año.

La jefa de servicio de Alergología del Hospital Regional, María José Torres, es una de las voces más autorizadas para hacernos ver lo que entraña esta coyuntura social. «Tenemos que propiciar una mayor ventilación de las habitaciones, especialmente en las que haya cortinas o alfombras de mayor grosor. Son los reservorios perfectos para los ácaros, que están detrás de la mayoría de los casos de alergia en la provincia. Tenemos otros lugares de Andalucía, como Granada o Jaén, donde la alergia al polen es la mayoritaria, pero aquí no ocurre lo mismo», relata.

Para los alérgicos al polen, no obstante, el uso de las mascarillas contribuye a prevenir los efectos típicos de estas fechas primaverales. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica sostiene que esta medida contra la proliferación del Covid-19 contribuye a reducir la inhalación de las partículas hasta un 80%. Asimismo recuerda que la planta a la que más españoles tienen alergia es la gramínea, seguida del olivo y, en menor medida, del ciprés. Acerca de la alergia predominante en Málaga, los expertos recuerdan que hay unos 14 millones de personas en España que no son alérgicas al polen. Y es ahí donde se enmarca la alergia a los ácaros, así como otras vinculadas al pelo de los animales o incluso al moho.

A los alérgicos al polen se les recuerda que las mascarillas quirúrgicas no protegen del contacto directo con el propio polen. «Porque no proporcionan un sellado adecuado, a diferencia de las mascarillas tipo FFP2 y FFP3, que protegen de la exposición del polen y de los virus», matizan las mismas fuentes estatales.

Como responsable de la Unidad de Alergología del Regional y después de unas tres décadas de experiencia médica, María José Torres insiste en que la persona alérgica no tiene que temer una mayor gravedad en cuanto a las consecuencias del Covid-19. «El tratamiento con corticoides inhalados no ayuda ni perjudica cuando la persona sufre la enfermedad tras contagiarse por coronavirus», manifiesta.

Así, recuerda que ni en los peores momentos, con los picos de las tres olas que ha padecido la provincia, «se han tenido que suspender tratamientos con vacunas o fármacos biológicos». También hace un llamamiento para que ninguna persona con tratamiento para prevenir los síntomas de la alergia lo interrumpa cuando deba ser vacunado: «Ni hay mayor número de reacciones con las vacunas, ni hemos suspendido las consultas», insiste.

Esta experta pide tranquilidad a las personas alérgicas: «En Málaga el principal problema ha venido de ese confinamiento, de esos largos periodos de estancia en casa, porque la alergia a los ácaros es predominante y en esas circunstancias de mucha humedad o falta de ventilación han tenido las mejores condiciones».

Las alergias no generan fiebre, a diferencia del Covid-19

Las alergias y la enfermedad del Covid-19 comparten muchos síntomas, siendo la congestión, el dolor de garganta, el cansancio y la tos seca los más reconocidos detrás del coronavirus, como señala la Organización Mundial de la Salud. Un aspecto que ayuda a diferenciar una u otra dolencia es el de la fiebre, puesto que no suele estar detrás de la amplia mayoría de los cuadros alérgicos.

Además, la alergia remite con los antihistamínicos y empeora al aire libre, como recomendaciones adicionales para distinguirla del Covid-19.

La pandemia ha contribuido a cambiar nuestros hábitos de vida, aunque hay territorios andaluces en los que sí era habitual el uso de la mascarilla en estas fechas. «En provincias con una alta incidencia del polen, como Granada, Córdoba o Jaén sí que era normal ver a gente con las mascarillas. En ciertas zonas de la comarca de Antequera también se solían ver entre quienes padecen la alergia al polen», especifica.

Para estos últimos pacientes, que de manera habitual se enfrentan a cada primavera con el miedo a que las concentraciones de polen sean elevadas, el coronavirus ha extendido el uso de las mascarillas y ha propiciado menos efectos derivados de su dolencia. La doctora matiza que el polen es cierto que puede viajar «distancias importantes». Sin embargo, frente a los estudios que se realizan actualmente, no considera que de forma significativa el polen «ayude a movilizar las partículas de Covid-19».

Al margen de ese debate, sí queda claro que estamos ante un tiempo bastante complicado para la persona alérgica a los ácaros.