La malagueña Unicaja Banco, constituida hace 30 años a partir de un grupo de cinco cajas de ahorros locales andaluzas con orígenes que se remontan incluso hasta las postrimerías del siglo XIX, sellará este próximo miércoles 31 de marzo su fusión con la asturiana Liberbank. Ese día, las respectivas juntas de accionistas de ambas entidades ratificarán el acuerdo alcanzado a finales de 2020 por los consejos de administración y permitirán la creación de la quinta entidad financiera del país en tamaño, con algo de más 113.000 millones de euros en activos (65.544 de Unicaja y 47.510 de Liberbank). Por delante quedan CaixaBank (tras integrar a Bankia), el Santander, el BBVA y el Sabadell.

Se espera que a finales del segundo trimestre o principios del tercero la operación reciba las preceptivas autorizaciones administrativas de los reguladores españoles y europeos , con lo que la integración real quedaría ya materializada. La absorción de Liberbank situará a la «nueva Unicaja» con presencia en el 80% del territorio y como entidad de referencia en seis comunidades, entre ellas lógicamente Andalucía, aglutinando el negocio de veinte antiguas cajas de ahorros.

El presidente de Unicaja, Manuel Azuaga, ya comentó en su momento que la fusión arrojará «un mayor tamaño que permitirá afrontar mejor los desafíos a los que se enfrenta el sector, y continuar apoyando la recuperación económica del país, manteniendo la cercanía y vinculación al territorio como valores compartidos por las dos entidades y en la senda de las buenas prácticas de gobierno corporativo». Entre esos retos figuran «los derivados del entorno económico, los actuales niveles de tipos de interés, históricamente bajos, así como el continuo proceso de transformación y digitalización».

Y es que la heredera de las históricas cajas de Cádiz, Almería, Ronda, Antequera y Málaga, que formalizaron su fusión el 18 de marzo de 1991, ha ido dando en este tiempo pasos lentos pero seguros en forma de alianzas con otras entidades para ir ascendiendo en el escalafón financiero español, aunque en todos los casos bajo unas premisas irrenunciables: que la operación mantuviera los altos niveles de solvencia de los que partía Unicaja y de que la malagueña fuera siempre la parte fuerte dentro de la ecuación, para asegurarse el control de la entidad resultante y que el poder decisorio continuara en Málaga. Así llegaron las absorciones de Caja de Jaén (2010), Caja España-Duero (o Ceiss, en 2014) y ahora, la de Liberbank.

Fuentes del mercado destacan que Unicaja, transformada en banco en 2011 y que salió a Bolsa en 2017, siempre se ha caracterizado por una enorme prudencia en su modelo de gestión. Ha sido la fidelidad a esa estrategia la que, por ejemplo, le permitió en su día salir indemne de la anterior crisis financiera y continuar de manera independiente, frente a muchas otras que se vieron abocadas a procesos de integración en los que quedaron diluidas en el seno de bancos mayores.

Cierto es también que ha habido durante todos estos años intentos frustrados de acercamientos que hubieran supuesto para Unicaja saltos de dimensión aún más significativos. En marzo de 2009, Unicaja mantuvo conversaciones con Caja Castilla-La Mancha (CCM) pero no vio clara la situación económica de la entidad castellana, que tuvo que ser finalmente intervenida por el Banco de España. En 2010 se habló también con la cordobesa Cajasur, que decidió a última hora votar en contra de la fusión con Unicaja y solicitar las ayudas del FROB, acabando poco después en manos de la vasca BBK (hoy Kutxabank).

Tampoco salieron adelante a finales de 2010 unos contactos iniciales con la sevillana Cajasol, que no pasaron ni siquiera a la oficialidad por la tradicional disputa entre Málaga y Sevilla por las cuestiones de primacía andaluza y de la hipotética sede. Cajasol terminó en manos de Caixabank y se enterraron así las últimas aspiraciones de conformar una gran caja fusionada en la comunidad, como era el deseo por aquel entonces de la Junta de Andalucía.

La última década ha transcurrido, de esta forma, con Unicaja como único banco con sede social andaluza, siempre atento a operaciones corporativas que le permitieran seguir ganando dimensión aunque también con el riesgo de que, en algún momento, pudiera ser de alguna entidad mayor que planteara su compra.

En el verano de 2016 se produjo además el relevo en la presidencia de Unicaja. Braulio Medel, tras 25 años, pasaba a ser presidente de la Fundación Bancaria, y dejaba el cargo a Azuaga, otro histórico de la entidad.

Unicaja cumple este año tres décadas, tras la fusión en 1991 de cinco cajas de ahorro locales andaluzas. | ÁLEX ZEA Álex Zea

El acercamiento a Liberbank

El primer intento de alcanzar un acuerdo de integración con Liberbank se inició a final de 2018 y se rompió en mayo de 2019 por diferencias en la ecuación de canje (el peso que cada banco iba a tener en la entidad resultante). No obstante, el panorama bancario y los deseos manifestados por Bruselas siguieron aconsejando vivamente las fusiones, sobre todo entre entidades de tamaño medio, como son Unicaja y Liberbank, por lo que en octubre de 2020 ambos bancos anunciaron que las conversaciones se retomaban.

La ecuación de canje entre los equipos negociadores fue finalmente pactada en un 59,5% de Unicaja frente al 40,5% de Liberbank, con Málaga como sede social de la futura entidad y con Unicaja como marca comercial. Sin embargo, y aunque todo parecía encarrilado, las negociaciones para el acuerdo se atascaron en diciembre debido a cuestiones sobre la gobernanza futura de la entidad. El problema, además, es que si no se firmaba antes de fin de año se hubieran tenido que auditar de nuevo las cuentas de cada parte con la consiguiente demora de tiempo, algo impensable para todas las partes en un proceso que estaba casi atado.

La controversia se debía a que el acuerdo inicial fijaba que el presidente de Unicaja Banco, Manuel Azuaga, asumía la presidencia ejecutiva en la fusionada, y el CEO de Liberbank, Manuel Menéndez, sería el consejero delegado (lo que equivale a número dos). Pero el hecho de que el cargo de presidente, en consonancia con las directrices del Banco Central Europeo (BCE), vaya a perder su carácter ejecutivo en el plazo de años motivó que Unicaja impusiera casi a última hora una reevaluación de la figura del consejero delegado en ese mismo lapso de tiempo. Es decir, cuando la presidencia deje de ser ejecutiva, el consejo tendrá la potestad de decidir si Menéndez continúa o no en su puesto. Se quiso evitar así desde Málaga la perspectiva de que en 2023 la «nueva Unicaja» quedase controlada, en términos de poder real y planteamientos de estrategia, por Menéndez, que procede del banco absorbido.

El BCE considera «alentadora» la tendencia de fusiones 

Andrea Enria, presidente del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), ha destacado que en el último año se ha apreciado en la zona euro «una tendencia alentadora» de bancos involucrados en procesos de consolidación en referencia a las operaciones protagonizadas por las entidades italianas Intesa Sanpaolo y UBI Banca, así como por las españolas CaixaBank y Bankia o Unicaja Banco y Liberbank. «Todos estos bancos han sido proactivos en este sentido, lo que ha provocado nuevos debates en los consejos de otras entidades», afirmó el responsable del brazo supervisor del BCE en una entrevista introductoria publicada en el anuario de actividades de supervisión del banco central de la zona euro. Sobre esta cuestión, Enria defiende que los procesos de combinación de negocios «bien planificados» pueden ayudar a los bancos a ser más rentables, invertir más en la transformación digital y, en última instancia, aumentar su rentabilidad. Asimismo, considera que la consolidación también puede ayudar a eliminar el exceso de capacidad en el sistema bancario que se generó en el período previo a la gran crisis financiera. El BCE publicó a principios de 2021 una guía para aclarar la posición del supervisor en relación con los procesos de consolidación bancaria en la zona euro confirmando su apoyo a las combinaciones de negocios «bien diseñadas y ejecutadas». A este respecto, la institución indicó que «no penalizará los planes de integración creíbles estableciendo requisitos de capital del Pilar 2 más elevados».

La fusión tendrá 9.900 trabajadores y 1.500 oficinas y, pese a que el solapamiento comercial de ambas entidades es «reducido», habrá evidentemente un impacto de reducción de empleo y de red. Según dijeron en su momento Azuaga y Menéndez, será «muy limitado». Los primeros que conocerán las cifras, cuando se concreten, serán los representantes sindicales. La fusión precisará de unos costes de reestructuración de 540 millones (un 70% irá destinado a sufragar el ajuste de plantilla y oficinas) pero generará también un ahorro anual recurrente de 192 millones a partir de 2023.

El consejo del banco contará con 15 miembros: nueve procederán de Unicaja y seis de Liberbank. Junto a Azuaga y Menéndez figurarán como dominicales Juan Fraile, Petra Mateos-Aparicio, Manuel Muela y Teresa Sáez por Unicaja, y Felipe Fernández, Ernesto Luis Tinajero y David Vaamonde por Liberbank. Como independientes, cuatro llegarán de Unicaja (María Luisa Arjonilla, Ana Bolado, Manuel Conthe y Manuel González Cid) y dos de Liberbank (Jorge Delclaux y María Luisa Garaña). La única cara nueva es la de Manuel González Cid, exdirector financiero de BBVA y asesor de Cerberus en España.