Hoy, 30 de marzo, se celebra el Día Mundial del trastorno bipolar. Es la fecha que conmemora el nacimiento de Vincent Van Gogh, uno de los pintores más geniales de la historia de la humanidad, de quien se cree que padecía este trastorno. La International Society of Bipolar Disorders estableció esta fecha para generar conciencia sobre su impacto en la vida de quienes lo padecen y sus familias.

El Trastorno Bipolar es un trastorno orgánico que se caracteriza por un estado de ánimo cambiante que puede fluctuar entre dos polos completamente opuestos. Esta definición se ciñe al Trastorno Afectivo Bipolar y entre esos dos polos opuestos, blanco y negro, manía (euforia) y depresión, existe toda una “gama de colores” con distintas intensidades de grises que tienen en común la bipolaridad. Es lo que se conoce como Espectro Bipolar.

A día de hoy, en Málaga y provincia se cree que entre un 2 y un 4% de la población está afectada por este mal (entre 45 y 50.000 casos), en esta cifra se incluyen los oficialmente diagnosticados y los pacientes que la sufren pero no han recibido tratamiento médico alguno, uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los bipolares: su dificultad para ser diagnosticados. A veces se tarda hasta una década en alcanzar un diagnóstico, aunque en los últimos tiempos el periodo de detección de la misma oscila entre los 3 y los 5 años.

La enfermedad suele aparecer en los últimos años de la adolescencia o en los primeros de la edad adulta. «El trastorno se puede activar por un estresor o por un acontecimiento impactante en la vida de la persona, también incide claramente en el desarrollo del trastorno el consumo habitual de drogas. Si se consume puede dar la cara con más facilidad. También es de gran importancia el componente genético, que hace que incida entre el 50 y el 70%, aunque también hay que decir que el antecedente clínico no necesariamente viene con la misma tipología de trastorno», señala Beatriz Pacheco, psicóloga sanitaria experta en trastorno bipolar que trabaja en la Asociación de Bipolares de Andalucía Oriental (BAO), con sede en Málaga.

Tres tipos bien diferenciados

Pacheco señala tres tipos de trastorno bipolar: “El Tipo I, en el que prevalecen los momentos maníacos (de euforia), en los que el paciente tiene la autoestima por las nubes, denota hiperactividad, alta verborrea y mucha locuacidad; el Tipo II, en el que se imponen los momentos de depresión, con síntomas contrarios al Tipo I, y el Tipo III, provocado por la ingesta continuada de fármacos antidepresivos que hacen que debute el trastorno bipolar, en lo que se llama viraje a manía», concluye.

«En este 30 de marzo queremos reivindicar la necesidad de seguir luchando contra el estigma social que sufren los enfermos bipolares en Málaga, en Andalucía y en España. Hay que conseguir una normalización por parte de la sociedad del enfermo bipolar», quien habla es Myriam García Vera, presidenta de BAO. García Vera añade otro de los grandes problemas que sufre este colectivo: la falta de profesionales médicos y de especialistas: «no hay psicólogos en la sanidad pública para trabajar con los enfermos, las convocatorias anuales de PIR (Psicólogos Internos Residentes) apenas superan las cien plazas al año». Según García Vera, los pocos que trabajan no dan abasto y tratan a pocos pacientes y de forma muy precaria, a lo que hay que añadir «que los psiquiatras no son partidarios de la psicoterapia, que es muy importante para el bipolar, entonces esto conduce, solo al que pueda pagarlo que realmente son minoría, a tratamientos privados, esto, desgraciadamente, suele ser muy habitual».

«El sistema está saturado -afirma Beatriz Pacheco- la parte psicológica en la sanidad pública tiene muchas carencias porque no hay profesionales; en los Centros de Salud Mental no hay mucha especialización, no hay unidades específicas (los psiquiatras están en la Unidades de Ingreso) y se detectan fallos en el seguimiento”, concluye.

El tratamiento ideal para el bipolar pasa por trabajar en una triple vertiente: en lo sicoeducativo, lo sicológico y lo psiquiátrico. «Y asociaciones como BAO hace una gran labor -indica Beatriz Pacheco- acompañamos a los enfermos, normalizamos su trastorno, trabajamos con su entorno, su familia, desestigmatizamos la enfermedad, le damos visibilidad y normalidad, porque el bipolar puede llevar una vida normal si tiene controlada la enfermedad».

Beatriz Pacheco, Izquierda, y Myriam García Vera, derecha, ambas de BAO. | LA OPINIÓN

Inquietud por la pandemia

La pandemia de Covid-19 también ha afectado a este tipo de enfermos . Pacheco y García Vera indican que aunque desde el mes de marzo del año pasado todas las consultas y el seguimiento de los tratamientos se han hecho por vía telemática, como en cualquier otra especialidad médica, la anómala situación que todos hemos vivido y estamos viviendo «les ha generado cierto stress -indica la presidenta de BAO- pero de igual modo que el hecho de tener que ir al hospital a consulta con el miedo al contagio». Además, García Vera señala que el confinamiento «ha sido muy duro» para aquellos bipolares que lo han pasado solos si se compara con aquellos que lo han pasado rodeados de su familia.

«Nosotros desde BAO llevamos ya más de un año con todas nuestras actividades online: terapias, reuniones, talleres de ayuda mutua, de autonomía personal, etc. y eso ha supuesto un alivio para muchos pacientes, que siempre se han sentido arropados a pesar de todos los problemas que había fuera».

¿Y el futuro? «El futuro pasa por no tener miedo a verbalizar que se tiene una enfermedad mental», afirma Beatriz Pacheco. «Se ha mejorado mucho pero hay que mejorar todavía mucho más. Hay que ayudar a las familias, porque ellas también sufren rechazo. La sociedad debe saber que un bipolar no es peligroso para ella, en algún caso, el enfermo solo es peligroso para él mismo (posibilidad real de suicidio), por eso, asociaciones como la nuestra son lugares llenos de empatía, de conexión con los enfermos. El bipolar puede ser un enfermo crónico si respeta todas las pautas (medicación, trabajo a nivel emocional y hábitos de vida saludable), puede vivir perfectamente en sociedad, en familia y en un entorno laboral. Ser uno más. Para eso trabajamos el 30 de marzo y el resto de días del año».

Los tratamientos más adecuados para reducir el impacto

 Existen diferentes tratamientos y se emplean técnicas farmacológicas y psicológicas para reducir el impacto de la bipolaridad. Farmacológicamente hablando se dan estabilizadores del estado de ánimo, y en lo psicológico, está la psicoeducación o la terapia interpersonal y del ritmo social. El objetivo de estos tratamientos se centra en evitar las crisis y minimizar o eliminar definitivamente los llamados síntomas subsindrómicos.