Los bancos llevan doce años inmersos en una tesitura de cierre progresivo de sucursales para reducir costes y estructuras que ha dejado ya, en el caso de Málaga, la clausura de más del 50% de la red que llegaron a tener abierta hasta el estallido de la crisis financiera de 2008. Si la provincia contaba por aquel entonces con un récord histórico de 1.407 oficinas bancarias operativas, la cifra a término de 2020 ha caído a las 692, según los últimos datos del Banco de España. Este pasado año, por ejemplo, cerraron 34. Han echado así la persiana en todos estos años un total de 715 sucursales, lo que retrotrae a Málaga a niveles de hace bastante tiempo, concretamente de inicios de 1985, hace 36 años.

La irrupción de las nuevas tecnologías, que permite al cliente hacer gran parte de sus operaciones de forma telemática, está también detrás de este proceso, alegan fuentes del sector bancario.

El goteo de cierres continuará en los próximos años, según vienen explicando los expertos, ya que la previsible dinámica apunta a que los clientes recurran cada vez más a esas gestiones online. Los bancos, además, siguen aplicando sus ajustes. El Santander, en su caso, contempla clausurar en Málaga 20 de las 88 sucursales que tiene en la provincia, dentro del plan que firmó el pasado año, y que incluye cerrar 1.033 oficinas a nivel nacional.

La comisión financiera del Consejo General de Economistas de España recuerda que durante estos años la banca ha echado el candado en el país a unas 23.600 oficinas (un 50% del total que había). Quedan 22.589 y su pronóstico es que en el plazo de unos cinco o siete años podrían cerrarse otras 11.250 (es decir, la mitad de las que siguen abiertas). En el caso de Málaga, ese vaticinio dejaría a la provincia con unas 350 sucursales.

«El proceso de operatividad digital es imparable y hará que cada vez sea menos necesario ir a las oficinas. La situación originada por el coronavirus este pasado año ha servido incluso para acelerar esta dinámica. Las sucursales físicas se quedarán sólo para dar servicios especializados, tipo banca privada o empresas, o para operaciones donde los clientes vayan a asesorarse sobre productos financieros», afirman estas voces.

El sector bancario en España, de entrada, tiene aún más oficinas que la media europea, por lo que hay margen para hacer estos ajustes. La ratio actual es aproximadamente de 55 oficinas por cada 10.000 habitantes, frente a las 40 de Italia, las 34 de Francia o la 11 de Alemania, según el Consejo de Economistas.

En cuanto al volumen de cierres que se han producido hasta ahora, Málaga es, con sus 715 oficinas clausuradas, la sexta provincia que acumula más supresiones desde 2008, también por el hecho de que es una de la zonas del país con mayor red. Barcelona es la primera que ha sufrido más supresiones de sucursales con 3.865, que dejan actualmente su parque total en 2.058 oficinas, y Madrid ha suprimido 3.343 y se queda ahora con 2.749. En Valencia se han cerrado 1.505 (tiene 1.136), en Alicante 1.006 (hay 764)  y en Sevilla 778 (hay 750), según los datos del Banco de España.

Se ha perdido uno de cada tres empleos

El sector bancario ha suprimido casi 2.350 empleos en Málaga entre 2008 y el inicio de 2020, lo que equivale prácticamente a un tercio de los 7.400 que llegó a a haber operativos, según datos recopilados por el sindicato CCOO. Las entidades vienen ajustando estructuras en un escenario definido en estos años por las fusiones, la irrupción de las nuevas tecnologías en el servicio al cliente o por unos tipos de interés en mínimos históricos que mermaron la rentabilidad del sector.

Mayor afección en los pueblos

¿Cuáles son las oficinas que se han ido cerrando con el paso de los años? Según los expertos el ajuste ha ido siguiendo criterios de rentabilidad: los cierres fueron afectando así a las oficinas de menos clientes y con menor volumen de negocio. Con estas condiciones, las que más han caído son las situadas en los pueblos. En el caso de Málaga, se calcula que al menos una quinta parte de los 103 municipios de la provincia ya no tiene ya sucursales. Al tratarse de localidades muy pequeñas, sobre todo de la Serranía de Ronda y la Axarquía, el porcentaje de población en esta coyuntura es bajo. Un estudio del IVIE con datos de toda España apuntaba hace un par de años a que unas 24.600 personas (el 1,5% de la provincia) vivían en municipios sin oficina bancaria.

Este fenómeno inquieta a nivel social por el riesgo que supone de «exclusión financiera», un problema para los clientes de mayor edad, que están menos habituados a realizar sus gestiones por internet.

«A ellos les cuesta más habituarse a la digitalización. Y acercarse a la oficina de otro municipio, aunque está cerca, es también algo incómodo porque supone tener que coger el coche u otro medio de transporte. El proceso de cierre de oficinas y de instauración de la banca electrónica está siendo tan acelerado que a algunos no les está resultando fácil adaptarse», afirman economistas conocedores de la situación. En algunas ocasiones, la estrategia de los bancos está siendo la de dejar a agentes comerciales en estos pueblos para cubrir necesidades concretas de asesoramiento de sus clientes.