En el año del estallido de la pandemia, la provincia registró un total de 186 agresiones a profesionales del Sistema Andaluz de Salud (SAS), liderando junto a Sevilla el número de ataques producidos en la comunidad autónoma, que superaron el millar.

En ocasiones, esos ataques se producen por no estar de acuerdo con el diagnóstico, la atención recibida, el tiempo de espera... y ahora también por la obligatoriedad de cumplir con los protocolos anticovid establecidos tanto en los hospitales como en los centros de salud, como, por ejemplo, que los familiares no puedan acompañar a los pacientes o el uso obligatorio de la mascarilla.

De esas 186 agresiones al personal sanitario malagueño en 2020, 54 fueron físicas y 132 fueron verbales. Puñetazos, patadas, arañazos, tirones de pelo, insultos, vejaciones e incluso amenazas de muerte por considerar que no habían sido atendidos como deberían.

A este catálogo de violencia se han incorporado recientemente las «agresiones virtuales», es decir, pacientes o familiares que cargan contra los centros asistenciales en general o contra trabajadores concretos, con nombre y apellidos, a través de las redes sociales.

El caso de el centro de salud de Las Lagunas de Mijas, el Sindicato Médico y 29 profesionales sanitarios denunciaron las amenazas lanzadas a través de una ristra de comentarios en Facebook en los que incluso se hablaba de «matar» y «linchar» a todo el personal del ambulatorio.

El caso de el centro de salud de Las Lagunas de Mijas, el Sindicato Médico y 29 profesionales sanitarios denunciaron las amenazas lanzadas a través de una ristra de comentarios en Facebook en los que incluso se hablaba de «matar» y «linchar» a todo el personal del ambulatorio.

«Eso es un campo que se ha abierto nuevo para insultar a cualquiera. Consideramos que es otro tipo de agresión más moderna. Pueden ser grupos abiertos donde hay mucha gente o grupos cerrados», mantiene el presidente del Sindicato Médico de Málaga (SMM), Antonio Martín.

«Hay que matar a toda esta gentuza del centro de salud de Las Lagunas, son unos hijos de puta todos los médicos y el personal del centro»; «Ahora en un rato bajaré a Urgencias y no os asustéis si salgo en las noticias porque le meto fuego al ambulatorio con todos dentro».

Son mensajes publicados en Facebook el pasado año contra el centro de salud de Las Lagunas de Mijas, que acabaron en manos de la justicia después de que el propio Sindicato Médico y 29 profesionales decidieran denunciarlo.

De manera que las injurias y amenazas se ramifican a través de correos electrónicos, tuits e incluso páginas de Facebook creadas exclusivamente para atacar a profesionales concretos con nombre y apellido. Según indica Gracia María González, abogada del Colegio de Médicos de Málaga, esta nueva modalidad de agresión es cada vez más frecuente y el volumen de expedientes abiertos se acumula en los despachos.

Cuando las agresiones verbales hacia los profesionales sanitarios se vierten en las redes sociales puede considerarse el agravante de «publicidad» a la hora de interponer una denuncia.

Cuando las agresiones verbales hacia los profesionales sanitarios se vierten en las redes sociales puede considerarse el agravante de «publicidad» a la hora de interponer una denuncia.

«Son muy frecuentes y cada día más. De hecho, la mayoría de injurias que están llegando ahora llegan vía redes», cuenta la letrada a este periódico.

Sin embargo, dentro de ese auge de casos abiertos, los procedimientos resueltos escasean principalmente por la novedad de estas prácticas y por el largo proceso judicial que sigue a la demanda.

De media, estos casos tardan unos dos años en resolverse. ¿El mayor obstáculo? La identidad oculta tras un «nickname» o un avatar.

Perfiles anónimos

Aunque los servicios jurídicos de los colegios oficiales o las asesorías propias de los sanitarios estudien estos casos para saber si tiene viabilidad y es denunciable, no siempre es fácil iniciar el proceso judicial.

Cuando un usuario publica un comentario cargado de injurias y amenazas hacia un profesional con nombre y apellidos, puede que otros lo sigan y así se genera una cadena de insultos y vejaciones que en la mayoría de los casos se esconden tras un pseudónimo o un perfil falso.

Si estos comentarios se han producido en una página de reseñas online, donde el profesional tiene su propia cuenta y puede regular los foros, es sencillo borrar las amenazas, acusaciones y vejaciones, ya que el propio afectado puede hacerlo. Pero si estos mensajes se han lanzado en una red social, no hay posibilidad de eliminarlo.

Por ello, la clave para empezar el proceso judicial es conseguir la identidad de la persona que se esconde tras el perfil falso, para lo que se requiere la investigación policial y que supone la dilatación de estas causas.

«Para poder localizar a la persona que está injuriando o la página o el correo o el tuit ponemos los hechos en conocimiento de Fiscalía para que se valgan de la Policía Judicial y consigan lograr el contacto de la persona que en teoría está injuriando, que a veces son varios», explica Gracia María González, que señala la importancia de que exista colaboración judicial y policial para conseguir identificar al agresor o agresora y que el proceso pueda prosperar.

«Si el juzgado da pie, siempre se encuentra a la persona. Luego el éxito del caso está en que un juez entienda si determinadas manifestaciones constituyen injurias o si entran dentro de la libertad de expresión», asegura González.

«En los casos en que conseguimos obtener los datos de identificación de la persona que ha injuriado, ya se interpone un acto de conciliación previa que es requisito legal para poder interponer la posterior querella», prosigue la abogada. «Si la persona no se aviene a retirar el comentario y a indemnizar al médico por daños y prejuicios interponemos la querella, que va por vía penal».

Multas y prisión

La asesoría legal del Colegio de Médicos califica estas prácticas como un delito de injurias graves con publicidad, recogido en los artículos 208 y 209 del Código Penal.

Las sanciones por escribir esta serie de comentarios pueden ir desde multas de entre seis y catorce meses para las injurias hasta penas de prisión en el caso de las amenazas graves.

«Es una situación muy difícil, la atención sanitaria se ha derivado a la atención continua y permanente hacia el Covid y estamos dejando de lado la realidad de una población. Eso siembra que no se pueda prestar la misma atención que se prestaba antes al ciudadano y hace que los ánimos estén más crispados. Esto no justifica ningún tipo de agresión ni ningún tipo de insulto», opina el presidente del Colegio Oficial de Enfermería José Miguel Carrasco.

«Las redes [sociales] son tan efímeras y tan rápidas que cualquier actuación respecto a ellas supone que mantengamos en el candelero ese menosprecio. Tenemos que alejarnos como institución de ese tipo de cuestiones», concluye Carrasco.

El insulto está despenalizado desde la reforma del Código Penal de 2015

Desde la reforma del Código Penal en 2015, los insultos están despenalizados, es decir, ya no son considerados como una infracción penal, por lo que en caso de emprender acciones legales deberán seguir la vía civil.

En el caso de las agresiones verbales a los médicos, la abogada en el Colegio de Médicos de Málaga, Gracia María González explica que para poder denunciarse deben tratarse de «injurias de relevancia penal» que empiecen a perseguirse mediante el acto de conciliación previa. De hecho, ese es el primer paso que deben estudiar los servicios jurídicos para comprobar si el caso podría ser denunciable.

En esa línea, cuando un usuario lanza una injuria en una red social contra un profesional sanitario debe tener cierta relevancia para que un juzgado decida tramitarla, según apunta González, por lo que son más difíciles de denunciar. «Las amenazas sí se siguen juzgando, que también las hay a través de internet, esas no crean problema». 

Por injuria se entiende la manifestación de un insulto o vejación con relevancia penal, por ejemplo, tildar a un profesional de «asesino», con el agravante de publicidad, es decir, de publicarse en las redes.