Este pasado martes entró en vigor la nueva factura de la luz, un nuevo sistema con el que el usuario doméstico pagará más o menos a final de mes en función de la hora a la que utilice sus electrodomésticos. Pero será solo el punto de partida de una serie de cambios que amenazan con dar una vuelta de tuerca al complejo recibo eléctrico para dar impulso a una tecnología que pretende ser el centro de la transición energética y que depende actualmente de un batiburrillo de cuestiones que van desde la meteorología hasta el déficit acumulado del sistema eléctrico hasta 2013.

En concreto, lo que un consumidor doméstico paga a final de mes en su recibo corresponde, aproximadamente, en un 33% al precio de la electricidad en el mercado mayorista; en un 47% a los costes regulados y en un 20% a los impuestos. A su vez, los costes regulados, que afectan tanto al término de energía como al de potencia, se dividen en peajes (coste de la red de transporte y distribución que supone cerca del 21% del recibo) y cargos (para cubrir coste de la producción extrapeninsular, las primas renovables y el déficit de la tarifa que suponen el 27%).

A partir de ahora, la cuantía total de estos peajes y cargos no varía, pero sí el precio (regulado por la CNMC y el Gobierno, respectivamente) que se les otorga, que será distinto dependiendo de la hora del día, tanto en el término de energía como en el de potencia, para dar una «señal de precios» al consumidor y ayudarle a adaptar, así, su consumo cuando se dé cuenta que de ello dependerá su bolsillo.

En la práctica, esto se traduce en que a partir de este mes de junio todos los usuarios tendrán discriminación horaria en tres tramos, es decir, les será más caro consumir electricidad en el periodo que corresponde con el horario ‘punta’ y más barato en el ‘valle’, mientras que será intermedio en el ‘llano’. Tanto es así que planchar el fin de semana en vez de hacerlo a las 10 de la mañana entre semana podrá suponer un ‘descuento’ de 38 euros en el recibo anual de un consumidor, según la CNMC.

Además, también podrán contratar dos potencias distintas en sus casas, una para los periodos punta y otra para los valle, de forma que aquellos consumidores que quieran una potencia más elevada, por ejemplo, para cargar el vehículo eléctrico, podrán contratar una potencia superior por la noche y mantener su potencia habitual el resto del día, y así no tendrán que pagar el sobrecoste que supondría una potencia alta todo el día. Una forma de incentivar el uso del coche y la moto eléctrica.

El objetivo no es abaratar el recibo sino trasladar el consumo de los periodos de más demanda (durante el día los días laborables) a los de menos (por la noche y el fin de semana) para evitar tensionar la red eléctrica de cara a esa electrificación de la economía y, al mismo tiempo, acelerar la entrada de nuevos agentes como el coche eléctrico o el autoconsumo, según la CNMC y el Gobierno.

Aunque con esta modificación habrá vencedores y vencidos, pues a priori, los mejor posicionados son los consumidores sujetos a la tarifa de Precio Voluntario de Pequeño Consumidor (PVPC) sin discriminación horaria que verán reducida su factura sin hacer nada; mientras que quienes cuentan con discriminación horaria notarán cierto incremento, si no cambian su consumo, según el regulador.

Más cambios

Pero este no es el único cambio. El Gobierno aprobó en su reunión de ministros de esta semana un anteproyecto de ley para reducir parte de los ‘beneficios caídos del cielo’ de nucleares e hidráulicas en plena escalada de precios de la electricidad en el mercado mayorista (conocido como pool) al minorar sus dividendos de carbono, es decir, el rédito que obtienen estas tecnologías cuando el precio de los derechos de emisión de CO2 está muy alto y los ciclos combinados son los últimos en casar oferta y demanda.

El precio del pool se situó de media este mes en 65 euros el megavatio-hora, por encima de los 60 euros del enero de Filomena, aunque ahora en vez de por el frío y el gas es, fundamentalmente, debido al alza de precios de los derechos de emisión de CO2 que se han disparado por la especulación.

‘Fondo verde’

Aunque se anticipa una entrada en vigor lenta, como la que tendrá el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico (FNSSE), denominado ‘fondo verde’, que prevé eliminar de la factura una parte de los cargos. En concreto, los 7.000 millones de euros que corresponden a las primas a las renovables, que el Gobierno quiere trasladar de forma progresiva en un plazo de cinco años del recibo a las compañías energéticas (eléctricas, gasistas y petroleras).

Esta medida supondría un ahorro del 13 por ciento en la factura al final del periodo, según el Ejecutivo, y haría más popular a la electricidad frente a otras tecnologías como los combustibles fósiles que podrían ver incrementado su coste con esta y otras medidas, como el famoso impuesto al diésel.

De momento, está en análisis del Consejo de Estado, mientras la industria gasista presiona para modificarlo.