La Policía Nacional han desarticulado en Málaga, Castellón, Valencia y Madrid una organización criminal dedicada presuntamente a la venta ilícita de televisión de pago por internet. Seis personas han sido detenidas, incluyendo el principal proveedor en Estepona, que daba servicio a cerca de 2.000 personas. Otros dos arrestados ejercían como revendedores y facilitaban la señal a otros 1.000 usuarios. Se estima que el grupo conseguía unas ganancias de unos 150.000 euros anuales, según ha informado la Dirección General de la Policía. Teniendo en cuenta que el precio medio que pagaba cada usuario para acceder a lo contenidos era de unos 50 euros, los ingresos anuales de la organización era de alrededor de 150.000 euros anuales. La compañía denunciante había estimado sus pérdidas en cerca de 500.000 euros anuales. A los detenidos se les imputan delitos contra la propiedad intelectual y contra los servicios de radiodifusión televisiva de carácter condicional.

Las investigaciones comenzaron a principios de 2020, cuando Telefónica, como propietaria de su propia plataforma de contenidos bajo la modalidad de IPTV y satélite, detectó una serie de páginas web relacionadas entre sí y publicitadas en varias redes sociales y cuya finalidad era la comercialización ilícita de los contenidos, ya que no contaban con la autorización ni con los permisos necesarios para dicha difusión. Una vez recibida la denuncia, los agentes analizaron las webs y los medios de pago que utilizaban los investigados para recibir los ingresos por los servicios que prestaban. "Los policías determinaron que uno de ellos era el principal elemento de la organización criminal, ya que era quien difundía la señal ilícita de televisión y quien se la facilitaba a los demás implicados, que eran revendedores de la misma, han explicado.

La organización contaba con una estructura típica de difusión de señal ilícita mediante IPTV. Por un lado, tenía un proveedor de contenidos, una persona fundamental al facilitar la señal de televisión con los canales que se ofrecen. Por otro, los revendedores o resellers son los encargados de comprar esa señal al proveedor y revendérsela posteriormente a los usuarios finales por un precio algo más elevado. Por último, los usuarios finales son los clientes que contactan con los revendedores, que se suelen anunciar a través de sus propias páginas web, redes sociales o portales de compraventa, principalmente, para poder disfrutar de la señal ilícita en sus domicilios.

Dada la facilidad que ofrece el sistema IPTV para poder difundir la señal de televisión con independencia de la ubicación física de las personas, la investigación detectó que el proveedor de contenidos vivía en Estepona, mientras que los otros cinco implicados vivían en Madrid, en la localidad valenciana de San Antonio de Benagéber y en Vall de Uxó, en la provincia de Castellón.

Una vez realizadas todas las gestiones tendentes a localizar a los miembros de esta organización, se solicitó la entrada y registro en sus domicilios, para recopilar evidencias digitales y desmantelar el sistema de difusión ilícita de señal que habían montado. Estas actuaciones se practicaron en tres domicilios de forma simultánea en Estepona, San Antonio de Benagéber y Vall de Uxó.

En el domicilio del principal investigado, en Estepona, se localizaron diferentes paneles desde los que se gestionaba a los clientes las tres páginas web investigadas. A través de esos paneles se facilitaba la señal tanto a otros revendedores como a usuarios finales, estimando que unos 2.000 clientes dependían directamente de este proveedor. Junto al principal detenido, se arrestó en Estepona a otras dos personas que colaboraban en la difusión ilícita de la señal.

En San Antonio de Benagéber y Vall de Uxó se detuvo a los dos principales revendedores del principal investigado, los cuales tenían también paneles para gestionar sus propios clientes de IPTV, que eran aproximadamente 500 en cada caso. Uno de ellos, incluso, tenía instalada en su domicilio una infraestructura para la difusión de señal. La última detención se realizó en Madrid, en concreto una mujer que colaboraba con el principal investigado en sus labores de gestión de las páginas web.

En función del número de revendedores y clientes finales que los investigados gestionaban a través de sus paneles, se estima que el número de clientes finales rondaba los 3.000 usuarios.