06 de febrero de 2010
06.02.2010
Historias de la Costa

Un nazi en Torremolinos

El vicecanciller del Tercer Reich Franz von Papen, conocido como ´el diablo con sombrero de copa´, veraneó en la Costa tras el juicio de Nuremberg

06.02.2010 | 06:00
Refugio. Franz von Papen (derecha) y Adolf Hitler reciben a sus consejeros en la etapa en la que compartieron la cancillería de Alemania. El turista de Torremolinos, tras traicionar a su propio partido, fue el artífice de la llegada del führer al poder.

Su mirada aguileña se detiene amablemente en las fraguas de los espeteros, luce un porte distinguido, de caballero decimonónico, contempla con dulzura a Isabelle, su hija, arrebujada entre las toallas. Aparentemente, era el turista perfecto. Billetera extensa, maneras de ´gentleman´. En la Costa del Sol pasaba desapercibido. Su perfil se ajustaba a la época, a un Torremolinos en pleno despegue, convertido en el paraíso de los aristócratas. Pero él no era uno de ellos. Al menos no sólo eso, sino también el hombre que cambió la historia, el patrono del infierno.
Franz von Papen llegó al hotel La Roca el 10 de marzo de 1954. Sus datos casaban con su altura. Alemán, distinguido y con cinco nombres precediendo el apellido. Descendía, acompañado de Isabelle, de un automóvil germano. Pocos sospechaban que detrás de sus maletas se ocultaba una figura clave de la República de Weimar y del Tercer Reich, un veterano de la Primera Guerra Mundial que auspició a Hitler, su gran valedor, su embajador en Austria y Turquía. La mayoría de los historiadores coinciden en el mismo punto: sin su oratoria, sin su puesto de canciller, el führer habría tenido problemas para alcanzar el poder. Quizá no lo habría hecho nunca. El tipo que convenció a Hindenburg para que apostara por el bigotudo se bañaba en Torremolinos.

El gran valedor de Hitler
Aquí ni siquiera tuvo que practicar el disimulo. Franco se mostraba indulgente con los malogrados de las dictaduras. Su nombre ya no era buscado por la CIA. Había comparecido frente al tribunal de Nuremberg, que le conmutó la pena de muerte por trabajos forzados tras la intervención del pontífice Juan XXIII. No precisamente por santo, sino por ceder a la presión eclesiástica e impedir el internamiento de muchos judíos durante su etapa de diplomático de los nazis. Un gesto que no le valía la bienaventuranza. Von Papen, el cliente de La Roca, no era Schindler. Como político se distinguía por sus maneras autoritarias y sibilinas, que le granjearon el apodo de ´el diablo con sombrero de copa´.

Vacaciones en la playa
Cuando pisó la arena de Torremolinos acababa de pagar su deuda con la justicia, al menos, oficialmente. El torso que recibía la luz del Mediterráneo al lado de una sombrilla fue el mismo que se irguió para traicionar a su partido y coronar al personaje más detestable de la historia. Cuentan sus biógrafos que en su etapa malagueña urdía la fórmula para retomar su carrera política. Con dos teutones. Como si los años que pasó al lado de Hitler fueran un pecado menor, una chiquillería.

Enamorado de Málaga
La temporada de Von Papen en Torremolinos no fue demasiado extensa, pero llama la atención por producirse tan sólo unos años después de la caída del nazismo. También por la elocuencia del ex canciller, que no rehusaba las preguntas ni se mostraba arrepentido. Al Hotel La Roca llegó tras una breve estancia en Granada y no por un capricho del destino. Sino más bien suyo. Decía que le fascinaba la Costa del Sol por dos razones: el clima y sus bellezas. A sus 75 años, el diablo tenía ganas de jarana. Conducía su coche, sonreía a su hija. Probablemente también escrutara las formas de las suecas, de las nativas de Torremolinos. Un señor, un caballero, picantón y amablemente rijoso. Católico y alemán. El abuelo ideal de telecomedia, si se olvidan sus travesuras. Entre ellas, devolver a la legalidad a la Sección de Asalto SA, el grupo paramilitar del nacionalsocialismo. El Tercer Reich al alcance de las miradas de los bañistas, confundido entre las primeras oleadas de alemanes, ceniciento y relajado. ¿Qué bañador podría usar el hombre que formó gobierno con Hitler? ¿Le quemaba la arena más que a nadie, temía el castigo divino? Hasta donde se sabe, Von Papen tenía la conciencia tranquila. Tanto como para dejarse ver en una playa después del Holocausto. A veces el siglo XX parece que no pudo existir sin Torremolinos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

La Opinión, en tu WhatsApp


Apúntate, es gratis

Toda la actualidad de Málaga, en tu móvil con nuestras alertas informativas por WhatsApp