19 de mayo de 2010
19.05.2010

Un banco sin comisiones

El Banco del Tiempo del Centro alcanza los 144 voluntarios para intercambiar conocimientos y pequeños trabajos, mientras que ya se trabaja en extenderlo

19.05.2010 | 03:45
María Nieves Gómez Crespillo y Laura López Moreno son las responsables del banco del tiempo.

Un joven se ofrece a montar muebles de Ikea y a cambio puede recibir clases de alemán. Esa es una de las posibilidades que ofrece el Banco del Tiempo puesto en marcha en el Centro hace un año y que ya ha conseguido 144 voluntarios inscritos que ofrecen sus conocimientos y tiempo para intercambiar favores. Además, esta iniciativa dará en breve un salto a nuevos distritos: Bailén-Miraflores y Carretera de Cádiz.
La mecánica es sencilla, como explica Laura López, de la asociación Arrabal y una de las responsables: "Es un intercambio de servicios. La gente ofrece su tiempo y habilidades y , a cambio, recibe lo mismo de otro voluntario". Pone como ejemplo que hay quien ofrece pequeños arreglos de bricolaje y, a cambio, recibe un número equivalente de horas de su trabajo en lo que pida.
María Ángeles Gómez, presidenta de la Federación Ágora y también responsable del Banco del Tiempo, recalca que a cada persona se le da un cheque en blanco cuando se inscribe, que va entregando a los que le realizan un servicio por el número de horas trabajados. Posteriormente, esa persona canjea los cheques por horas que podrá utilizar para recibir aquello que necesita. "La gente puede tener un saldo en horas a favor o puede ser negativo, pero nadie puede tener un déficit mayor de 10 horas", apunta María Ángeles Gómez.
Las opciones son tan variadas como personas. Durante el primer año se han intercambiado unas 1.200 horas de ayuda, una cifra muy elevada para una iniciativa tan joven. El listado de posibles servicios ofertados incluye aspectos muy dispares: obras de bricolaje, montaje de muebles de Ikea, clases de hasta 10 idiomas diferentes, informática, masajes, o clases de Reiki, por poner algunos ejemplos. Pero es que las demandas de servicios no se quedan atrás e, incluso, se piden personas que acompañen a ir al cine o al teatro.
"Uno de los fines es la socialización y que la gente del barrio se conozca para romper con el aislamiento actual", afirma Laura López, quien recuerda que se organizan talleres de conocimiento "para que las personas se conozcan y aumente la confianza".

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