13 de julio de 2010
13.07.2010
Catedrática de Fisiología de la Universidad de Sevilla

Rosario Pásaro: «Las caras de los jugadores de la selección contagian a todos de felicidad»

Entrevista a la profesora de la Universidad de Sevilla que dirige el curso 'La búsqueda de la felicidad' de la UMA

13.07.2010 | 02:01
Rosario Pásaro: «Las caras de los jugadores de la selección contagian a todos de felicidad»

¿Qué sabemos sobre la felicidad?
Partimos de las neuronas, la unidad funcional del cerebro, que están interconectadas entre sí. El cerebro recibe información del mundo sin parar: estamos viendo, escuchando, oliendo, sintiendo? Todo eso lo interpreta el cerebro. Y luego cada cosa que hacemos es un acto motor: movemos las manos mientras hablamos, o los músculos de la cara, y eso son expresiones de nuestros sentimientos. ¿Cómo se generan esas emociones? Hay recuerdos almacenados en el cerebro que nos dicen que cualquier experiencia nueva es un peligro, o algo que deseamos. Y si es algo que deseamos, lo buscamos para obtener esa felicidad que perseguimos.

Hoy España es un poco más feliz de lo normal.
Cuando hablamos de la felicidad podemos comprobarlo en los periódicos, en la foto de la selección española de fútbol, celebrando el Mundial. Se consigue un flujo de emociones, que es algo que se da mucho cuando se consigue un logro en algún deporte. Hay una estrecha comunicación entre el que está provocando el acontecimiento y el que lo percibe. Es algo especial, y todo el mundo es consciente de que eso es especial. Esa felicidad se transmite, y es lo que pasó con la selección.

¿Es verdadera felicidad o sólo euforia?
Es que los neurotransmisores que se liberan con la felicidad son eufóricos. Cuando conseguimos un logro en algo, aunque sea en una partida de cartas, el cerebro nos recompensa, nos da dopamina. Es algo común en todos los animales. Les pasa a las abejas cuando buscan el néctar y lo encuentran; su cerebro les recompensa con dopamina. La diferencia es que nosotros somos capaces de trasmitir esa recompensa a otras metas más elaboradas.

¿Las pequeñas cosas dan la felicidad?
Claro, eso lo sabe todo el que tiene pareja, amigos o familia. Cada vez que recibimos una caricia se libera oxitocina, que es una sustancia que crea vínculos. Y se ha demostrado que la oxitocina hace que seamos más generosos.

¿Entonces si fuéramos más felices la sociedad sería mejor?
Sí, lo que pasa es que hay personas que no son buenas por naturaleza, porque tienen los circuitos cerebrales de forma que no sienten empatía, que no se ponen en lugar de otros. Esos suelen ser los asesinos, que hacen daño y se regocijan en ese daño.

Decía un lama tibetano que ser feliz es una decisión. ¿Está de acuerdo?
En el caso de los lamas sí tiene mucho sentido esa frase. Se ha estudiado mucho el cerebro de los lamas, y también el de las monjas de clausura. En ambos casos se encuentra que son capaces de concentrarse en sí mismos, en su pensamiento y en las funciones en las que normalmente no tenemos conciencia, como el acto de respirar. Y así son capaces de llegar a un estado superior de conciencia donde la corteza frontal del cerebro está más activa y experimentan el éxtasis. Esa ha sido una decisión suya, entrar en ese camino y fomentar esa actividad en el cerebro, de forma que no necesitan nada material para alcanzar la felicidad.

Nosotros en cambio sí las necesitamos.
Eso depende de la sociedad. Algunas son felices sin cosas materiales, depende de qué entendamos por felicidad. Por ejemplo, el hedonismo consiste en alcanzar el placer y evitar el dolor, y eso es lo que persigue la sociedad actual. Pero desde Aristóteles parece que la verdadera felicidad consiste en encontrar un sentido a la vida, de tener un fin. Creo que dejar huella en la vida es más importante que lo material.

¿Y por qué nos cuesta tanto alcanzar la felicidad?
Depende de lo que nos planteemos en la vida. Si nos planteamos unos objetivos muy lejanos nunca podremos ser felices. Si tenemos objetivos más asequibles, tendremos menos frustraciones. Por eso, cuando vamos madurando solemos ser más felices, porque aceptamos la vida como es y nos adaptamos. Somos humanos y no podemos abarcarlo todo, pero esta sociedad es muy exigente y por eso tenemos muchas expectativas.

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