26 de julio de 2010
26.07.2010

Las Castañetas, un polvorín social en mitad del campo

Este barrio de Campanillas todavía no se ha recuperado de la llegada de 180 viviendas sociales de alquiler de la Junta. Vecinos e inquilinos denuncian la práctica habitual de la patada en la puerta y la presencia de drogas y armas y piden más control para acabar con una situación que ha terminado por enrarecer la convivencia.

26.07.2010 | 07:00
Vista de las 180 viviendas sociales, construidas a comienzos de los años 90 en Las Castañetas, un barrio de Campanillas que ahora tiene unos 4.000 vecinos.

No es normal que para tomar unas fotos de unas viviendas sociales haya que hacerlo desde un coche. Pero es que «aquí los tiestos vuelan», justifica un vecino de Las Castañetas, que como casi todos los que aparecen en este reportaje, no da su nombre por motivos de seguridad.
En 1992, la Junta de Andalucía puso en marcha una de las operaciones más fallidas que se recuerdan, al construir 180 viviendas sociales de alquiler en Las Castañetas, un pequeño barrio de Campanillas bastante alejado de otros núcleos urbanos. Se daban todas las condiciones para levantar un gueto y de paso, para acabar con la placidez de este rincón. Las dos cosas se cumplieron.
«Esta zona había sido siempre muy tranquila hasta que se metió todo esto aquí, aunque ahora parece que la cosa está más apaciguada, dependiendo de qué gente esté en la cárcel», explican.
Una vecina de las viviendas sociales explica que «las personas medio normales se van marchando y la gente va entrando a patadas». Ella subraya que en las viviendas sociales «también hay muchas personas normales pero por narices nos quieren echar a la calle y nos han llegado a decir que, o te largas, o te mato».
Entre las particularidades de estos bloques, propiedad de la Junta, se encuentra el que uno de ellos pertenezca casi en exclusiva a miembros de una misma familia. «Aquí vienen de Huelva, de Sevilla, de todas partes de España», ironiza esta vecina, que añade que «mientras más grande sea la familia, más posibilidades hay de hacer lo que sea».
De hecho, en uno de los laterales de las viviendas, un descampado, «que iba a ser un parque», explica un vecino, se encuentra una sucesión de coches y caravanas, todos habitados. «Son gente esperando ocupar las viviendas, ahora hay más que antes», señalan. En esa calle, por cierto, algunos inquilinos han levantado una sucesión de «guardias tumbados» hechos de cemento. Según detalla una vecina, este súbito interés por las normas de Tráfico tiene un motivo: «Así los coches de policía no pueden llegar tan rápidos, a bomba llena».
Pero a pesar de estos rudos obstáculos, la policía trata de controlar unas viviendas en las que la droga, y también las armas, siguen siendo un problema.
«Aquí han hecho muchas redadas, la última cinco furgones cogiendo material electrónico y un montón de personas, pero al día siguiente ya estaban todas aquí», cuenta una vecina, que lamenta que sin embargo, «ahora un desgraciado que trapichea y le dan 50 euros se pasa 7 u 8 meses preso y sin juicio».
La convivencia con los vecinos de toda la vida, los que no sabían lo que se les caía encima cuando llegaron unas viviendas sociales anunciadas «para la gente del barrio», sigue siendo difícil. Un portavoz vecinal cree que, «cuando llega un momento en que hay vecinos enfrentados, cualquier día saltará la chispa, tarde más o tarde menos».
La vecina que vive en estos bloques cree que «un tiroteo se lía antes de nada, a pesar de la policía» y lamenta que la Junta de Andalucía no investigue «a fondo» qué ocurre con las viviendas. «Hace un par de años la Junta mandó a un par de chavales a tomar datos de las casas y no los ha utilizado», considera.
Además, destaca el mal estado de los bloques, con bajantes que calan las casas enteras, grietas y muchos desperfectos. Por otro lado, el portavoz vecinal pide «que se implique más Asuntos Sociales».
Pero la barriada, con 4.000 vecinos, no son sólo las viviendas sociales. Hay otros problemas más comunes en Las Castañetas y que esperan una solución.
María Isabel es una vecina de la calle Romerito que ha tenido el dudoso privilegio de tropezar dos veces a la puerta de su casa. La culpa: los coches aparcan en la esquina de la acera y han terminado por «abducir» el bordillo. «Con que pongan el bordillo y tres pivotes ya no se suben los coches», apunta un portavoz vecinal. Los eucaliptos de la plaza vecina, por cierto, están levantando la solería de la casa de esta señora.
El portavoz vecinal pide también que el Ayuntamiento desbroce con más frecuencia ya que no faltan las peticiones en el barrio. «Sólo vienen cuando los chicos ya pueden coger garrapatas», se lamenta. Otra de las peticiones en Las Castañetas es que el camino que lleva hasta Los Manceras se arregle. «No le pedimos que se gasten mucho con las aceras, sólo queremos un poco de hormigón para que no salgan hierbas y se pueda pasear, y eso se lo llevamos pidiendo al concejal desde hace años», precisa.
En Las Castañetas hay un antes y un después de 1992. Y no estamos hablando de ninguna Olimpiada.

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