31 de julio de 2010
31.07.2010
Tragedia en Turquía

Muere la dueña de la clínica Gálvez en Turquía

La víctima, de 66 años, era una de las nietas del doctor José Gálvez Ginachero Navegaba con otros 17 familiares

30.07.2010 | 02:16

Se escuchó una explosión y la goleta de recreo turco Kayhan-9, en la que navegaban por el Mediterráneo los 18 miembros de la conocida familia malagueña de los Gálvez, se convirtió en pocos momentos en una bola de fuego, perdiendo la vida la malagueña Paloma Gálvez Petersen, una mujer muy conocida y querida en esta ciudad que además era una de las propietarias de la clínica Gálvez, fundada por su abuelo, José Gálvez Ginachero, a comienzos del siglo XX.

La tragedia tuvo lugar el pasado miércoles 28, el cuarto día de travesía entre las localidades de Marmaris y Fethiye, en el sur de Turquía, en una costa de aguas transparentes y paisaje de ensueño que en esta época del año suele estar repleto de travesías turísticas.

En el caso de la familia Gálvez, Paloma acompañaba en solitario a su hermana Alicia en una singladura en la que iba a celebrar a bordo su 70 cumpleaños, acompañada de sus cinco hijas, más un yerno y diez nietos (en total, 18 personas), señalan fuentes cercanas a la familia. Alicia Gálvez está viuda y reside en Lisboa junto con cuatro de sus cinco hijas. Además, se daba la casualidad de que José Canales, uno de los hijos de la fallecida Paloma Gálvez, se encontraba en Turquía diseñando un campo de golf.

La cena de cumpleaños

El destino quiso que la tragedia se desencadenara todavía a plena luz del día, en el momento en que la familia, que ocupaba todo el barco, se encontraba reunida a bordo para celebrar la cena de cumpleaños de Alicia Gálvez. Se escuchó entonces una explosión, las llamas invadieron el barco de madera con rapidez y 17 de los viajeros, junto con 5 miembros de la tripulación, consiguieron saltar al mar. La reunión de toda la familia en cubierta fue providencial, porque permitió abandonar la goleta al instante a la mayoría de los ocupantes.

Sin embargo, permaneció en cubierta Paloma Gálvez, sin atreverse a saltar e inmovilizada por la impresión. Al final falleció mientras su familia no conseguía, pese a los ruegos, que dejara el barco.

Por fortuna, justo en esos instantes pasaba un carguero, que lanzó de inmediato roscos salvavidas a los náufragos y se encargó de alertar a las autoridades.

Los supervivientes fueron trasladados a Fethiye, y sólo dos de ellos tenían alguna lesión. En concreto María presentaba una rotura de tobillo y fue dada de alta mientras que Inés tenía quemaduras leves en la espalda.

Fuentes próximas a la familia confirmaban ayer que todos los supervivientes, incluida la hija de Alicia Gálvez que reside en Málaga, volaban ayer noche rumbo a Lisboa con el fin de acompañar a la madre en estos duros momentos y tratar de dejar atrás además la presión de medios de comunicación y conocidos que podrían tener en Málaga capital.

Las mismas fuentes próximas a la familia cuentan que el capitán del barco había sido detenido nada más bajar a tierra.
La goleta turca, construida en el año 2000, había tenido un accidente que las autoridades turcas todavía examinan. Desde aguas tan lejanas la desgracia ha acabado viajando hasta Málaga capital y Lisboa.


«A mí los barcos no me gustan»

Una amiga íntima de la fallecida explicó ayer a este diario que Alicia Gálvez le comentó a su hermana Paloma el propósito de alquilar un barco e invitar a todas sus hijas y nietos para celebrar el 70 aniversario. Alicia consiguió animar a Paloma a sumarse al viaje.

La idea era un pequeño crucero de diez días por aguas turcas. Precisamente una hija de Alicia señaló que no le gustaba la idea de montarse en un barco. «A mí los barcos no me gustan», explicó a su madre. Sin embargo, al final el viaje tuvo lugar, y eso que una de las ideas que se barajaron fue marcharse a Cancún, en México.

En la última llamada de Paloma Gálvez a esta amiga íntima, le comentó que estaban pasando unos días deliciosos, con un tiempo magnífico, la comida estupenda y a bordo de un barco que era una maravilla. Esta mujer, siempre tan optimista y alegre –cuenta su amiga– no sabía que la vida le iba a colocar en una situación extrema, de la que no podría salir. Descanse en paz.

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