08 de agosto de 2010
08.08.2010

El lenguaje de las togas

Las diferencias. Dentro del mundo de la Justicia existen diversos elementos que explican quién es quién en ese pequeño universo plagado de sentencias, autos, exhortos y otro sinfín de pequeñas cosas que las personas de la calle se confiesan incapaces de comprender. Las puñetas, los escudos o las diferentes condecoraciones son ejemplos de ello.

08.08.2010 | 07:00
Las puñetas de encaje de bolillos son las típicas, pero existen de más clases

La Justicia tiene un lenguaje propio que se puede leer a través de diferentes elementos ajenos a los habituales. No sólo las sentencias, los autos o las calificaciones fiscales explican quién es quién en los tribunales. Cuando uno entra en una sala de juicio puede observar las diferentes piezas que conforman el tablero. Saber quién es cada pieza es más complicado. Las estrellas y la puñetas ayudan a conocer el papel que interpreta cada actor.
Si fuera un película de cine americano, los protagonistas serían jueces y fiscales. Los primeros pueden pertenecer a tres categorías diferentes: juez, magistrado y magistrado del Tribunal Supremo. Para ascender en el escalafón, lo importante es la antigüedad. Los jueces son los que menos tiempo llevan en la carrera judicial y su toga no lleva puñetas, las puntillas que coronan la manga, y en su escudo se puede leer: «juez».
A partir de esta categoría, todos llevan las puñetas y en sus estrellas o escudos se puede leer «magistrado». A la pregunta de qué hay más si jueces o magistrados, la respuesta es magistrados. En Valencia, por ejemplo, todas las plazas son de esta categoría, y en la mayoría de partidos judiciales grandes también.
En cuanto al Ministerio Público, los otros protagonistas de la película, también existen tres categorías: fiscal de tercera, fiscal y fiscal de sala. A diferencia de los jueces, en Valencia sí que hay de las dos primeras categorías, pero al igual que ellos, también se asciende por antigüedad y hay más fiscales que fiscales de tercera.
Tras ellos, se encuentran los actores secundarios, aunque teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que realizan podrían perfectamente compartir cartel con los dos primeros. Los secretarios judiciales también coronan sus togas con las puñetas y llevan un escudo en el que se puede leer: «Fe pública judicial».

Las puñetas
Los neófitos se preguntan si existe un lenguaje propio de las puñetas o si cada uno elige la puntilla que quiere y la cose a su toga. Las puñetas pueden ser de bolillos hechos a mano que es lo tradicional, o de otros tipos más populares como son las puntillas o encajes de cualquier tipo.
Pero la realidad sobre la elección de un tipo u otro es más emocional que tradicional. En algunos casos, o en la mayoría, son los abuelos o padrinos quienes regalan las puñetas. En la Fiscalía de Valencia hay una toga en la que la puñeta que la corona es encaje de bolillos del ajuar de la abuela del fiscal. La racionalidad de los miembros de la magistratura a la hora de trabajar desaparece cuando se trata de la familia. Todos quieren llevar en sus togas encajes familiares.
Las puñetas dan estatus laboral y por ello, el tratamiento que reciben los que las llevan es diferente a los que no las llevan. Los fiscales de tercera, los jueces y los secretarios judiciales son «Ilustre», los fiscales y los magistrados tiene el tratamiento de «Ilustrísimo», y los magistrados del Tribunal Supremo y los fiscales de Sala son «Excelentísimo».
Otro de los tratamientos que poseen cuando visten la toga tanto el juez como el fiscal es el de «señoría», y si llevan puñetas sería el de «señoría ilustrísima». Dentro de la judicatura, al contrario de lo que pueda parecer, la figura del juez y del fiscal es la misma, es decir, tienen el mismo rango y cobran lo mismo, de hecho la oposición es la misma y, una vez aprobada es cuando los opositores se decantan por la Magistratura o el Ministerio Público.

Las condecoraciones
Otro rasgo de distinción son las condecoraciones a los jueces y fiscales (en todos sus rangos). La condecoración asociada al mundo judicial es la Cruz del Mérito de San Raimundo de Peñafort, más familiarmente conocida como «la Raimunda». Como todo en la Judicatura existen diferentes clases de «Raimunda». El fiscal jefe de la Comunitat Valenciana, Ricard Cabedo, recibió este año la máxima que se puede otorgar.
Por ello, manda el protocolo que cuando alguien recibe una aquellos que ya la poseen «ostentarán placa y medalla de acuerdo con su cargo», siempre que no sea superior a la que recibe el agasajado, porque sería una falta de respeto ir a su condecoración con una superior a la que él o ella reciben.
Todos los número uno de promoción de las oposiciones a la Magistratura reciben la cruz de San Raimundo de Peñafort, en este caso, también estarían incluidos los forenses, ya que es una oposición de Justicia. De hecho, una de las forenses de Valencia fue número uno y posee esta distinción.

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