21 de agosto de 2010
21.08.2010
historias de la costa

La literatura de Jean-Claude Van Damme

Las temporadas del actor en una finca de Alhaurín el Grande han dado pie a todo tipo de versiones por parte de los malagueños. Muchos lo sitúan en su juventud como empleado de una gasolinera, otros hablan de una juerga monumental en una conocida sala de fiestas de Málaga

21.08.2010 | 07:00
El tercer gran forzudo de la Costa. La presencia de Jean-Claude Van Damme en la provincia se escribe en paralelo a la de otros dos grandes nombres del cine de acción, el polémico Arnold Schwarzenegger y Dolph Lundgren, el antagonista de Rocky, que fijaron su residencia en Marbella durante más de un verano. El belga, por su parte, optó por un rincón más alejado del bullicio, Alhaurín el Grande, a menos de un kilómetro de la casa de la familia Tejero. Comprar una barra de pan en el municipio pudo ser cuestión de riesgo.

Para el resto del mundo es el último representante de los héroes forzudos y un tanto maniqueos de la industria de Hollywood. En la Costa del Sol, sin embargo, funciona como una razón fabulística. Basta que surja su nombre en una conversación, para que enseguida se le agreguen aventuras a menudo rocambolescas con apariencia de comarca y de sombrilla. Su historia en la provincia no es demasiado conocida, pero se extiende como el terral en circuitos restringidos. Sobre todo, en internet, donde Jean-Claude Van Damme forma parte de la leyenda con su propia antología.
En la Red le han situado en cientos de puntos de Málaga. Nunca falta el que asegura haberse tomado unos vinos con el actor en una venta, el que tiene constancia de atronadoras juergas en lugares poco dados al catecismo. La imaginación se apunta a los rumores, pero también la intrincada carrera del artista, que compagina éxitos con crisis personales y el salto al cine más exigente, sobrevenido de la mano del documental autoparódico Bajo la piel de Jean-Claude Van Damme (2003).

La caída del superhéroe

Mucho antes de su participación en la película, el forzudo se trasladó a la provincia, acaso inspirado en las experiencias de los que le precedieron en guiones atiborrados de músculo como Schwarzenegger y Dolph Lundgren. El controvertido belga siguió sus pasos, aunque de un modo bastante menos pretencioso. En lugar de Marbella, se decantó por Alhaurín El Grande. Se instaló en una casa situada no demasiado lejos de la de Tejero, toda una incitación para las mentes más casposas de nuestra cinematografía. Imagínense el pastel. El general Mola y Superman. Rambo y Girón de Velasco. Como para pensar en el Ramadán o tener acento ruso.
La estancia de Jean-Claude en Alhaurín detiene su versión oficial en este punto. A partir de ahí empiezan los relatos, situados en alguna región intermedia entre el disparate y la certidumbre. Según algunos vecinos, la estrella de Hollywood no se ocultó durante sus largas temporadas en la provincia. Le vieron en las tabernas, solícito, incluso, a las confesiones, que en aquellos días se referían fundamentalmente a la adicción a sustancias prohibidas. Era la época en la que el actor había hecho propósito de enmienda y sorprendía en los medios de comunicación con declaraciones tan solemnes como petrificantes: «¿Las drogas? Sí, pero todo en la vida es droga. El oxígeno, el agua, es una droga».

Estrella y buscavidas

Es evidente que el soldado universal no habría podido ganarse la vida como filósofo zen, pero tampoco se puede negar su capacidad para sobrevivir al margen de las artes marciales. Jean-Claude no es sólo un torso imperial, sino también un buscavidas. Nunca ha dudado en ponerse a la sombra de productores y hombres de negocios. Este verano se pasea con Putin, empeñado en recordar sus tiempos en la KGB con fatigosas sesiones de culturismo. No se sabe si en Málaga se granjeó la amistad de hombres influyentes, pero la leyenda, una vez más, discurre en múltiples recorridos.

¿Empleado de gasolinera?

La responsabilidad no recae en exclusiva en la imaginación de los malagueños. La biografía del actor también contribuye al suspense. De su juventud únicamente han trascendido sus éxitos deportivos en Bélgica, lo que lleva de frente hacia uno de los relatos con mayor aceptación en internet. Jean-Claude fue el mozo de una gasolinera de la Costa del Sol. Puede que sea una invención colectiva, pero las habladurías fijan su atlética figura al lado de los tradicionales seiscientos, chapurreando el castellano y dando el cambio en pesetas.

El jolgorio en la sala de fiestas

Un rumor bastante más inofensivo del que gana la partida en los mentideros. En su etapa en Alhaurín el Grande, Jean-Claude no escatimó en paseos por la Costa del Sol. Se habla fundamentalmente de una fiesta en una sala bastante conocida y con permiso para la concurrencia de mujeres licenciosas. La Policía Local tuvo que llevarse las manos a la cabeza. Quién se atreve a pedirle el carné, quién a no contárselo a los amigos. Aunque se entrevere de exageraciones. El siglo del turismo también tiene sus secretos y sus ficciones ejemplares.

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