28 de septiembre de 2010
28.09.2010
La Opinión de Málaga

Aprender a vivir entre la manía y la depresión

Sociedad. Se estima que en la provincia de Málaga cerca de 55.000 personas sufren un trastorno bipolar. La asociación BAO organiza unas jornadas informativas para enfermos, familiares y profesionales. Con una adecuada atención «los pacientes pueden desarrollar una vida completamente normalizada».

28.09.2010 | 02:37
Aprender a vivir entre la manía y la depresión

De la depresión a la euforia. Se estima que 55.000 personas de toda la provincia padecen el denominado trastorno bipolar. Se trata de una enfermedad química de origen genético, explica la presidenta de la Asociación de Bipolares de Andalucía Oriental (B.A.O.), Myriam García Vera.
El próximo 1o de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental y en este contexto la asociación ha organizado la IV Jornada sobre Trastorno Bipolar en Málaga, que tendrá lugar este jueves día 30 a las 17.00 horas en el Centro Cívico. Bajo el título de Mens sana in corpore sano...y viceversa se abordará la atención integral somática y psíquica, factores metabólicos y riesgo cardiovascular, y la importancia de la regularización de hábitos saludables.
El trastorno bipolar se inicia normalmente en torno a los 20 años y afecta tanto a hombres como a mujeres. Uno de los escollos de esta enfermedad es la tardanza en el diagnóstico, ya que puede prolongarse hasta diez años, indican tanto Myriam García como Beatriz Pacheco, psicóloga que colabora con la asociación BAO.
Existen dos síntomas: la depresión y la manía. A su vez dependiendo del subtipo se puede observar, por ejemplo, una gran capacidad para hablar mucho (verborrea), falta de sueño, autoestima exagerada. Si se tiene además algún tipo de psicosis (donde suele jugar un papel determinante el consumo de estupefacientes) se pueden producir delirios como escuchar voces, órdenes o el denominado mesiánico. «Pero estos últimos son casos extremos», aclara la psicóloga. Otras formas de manía son las compras compulsivas, el juego patológico o, en general, problemas para controlar los impulsos como, por ejemplo, la comida.

Una vida normalizada
La presidenta de la asociación indica que este tipo de enfermos, con un adecuado tratamiento farmacológico y un abordaje psicoterapéutico, pueden desarrollar una vida normalizada y desempeñar su trabajo profesional con las mismas garantías que cualquier persona.
Precisamente, uno de los problemas a los que se enfrentan es la estigmatización social. «Si se deja de medicar es más el peligro que supone para sí mismo que para los demás. De hecho, las estadísticas dicen que no cometen más delitos que el resto de la población», indica la psicóloga.
Otro de los escollos es el sanitario. La presidenta de BAO afirma a este respecto que el colectivo solicitó que se incluyese un protocolo de asistencia en urgencias para estos pacientes. Y es que una de las líneas principales de trabajo es que el enfermo y los familiares detecten las señales de la próxima llegada de una crisis para acudir el médico antes de que esta se desencadene, ya que cuanto mayor es la subida de la euforia la bajada posterior es más desproporcionada también, afectando fuertemente al individuo tanto anímica como físicamente.
Informar a la familia y al afectado de la enfermedad, que sean conscientes de la importancia del tratamiento, de no consumir tóxicos, el control del estrés, un sueño regulado, una buena alimentación y realizar ejercicio, son otras claves para controlar la enfermedad y lograr que las crisis y sus efectos sean menos acentuados. «Bien medicados y atendidos las crisis se espacian, bajan el número de ingresos y además se consigue que no sean tan intensas», subrayan.
La presentación de la jornada contó además con la presencia del diputado de la Diputación provincial Luis Reina, que subrayó la colaboración del organismo provincial. «Aspiramos a que los pacientes se acerquen cada día más a la excelencia y para ello tenemos que contar con asociaciones como BAO que son las que mejor saben dar respuesta a las necesidades de enfermos y familiares».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook