Se ha comido los diez meses que ha durado el juicio de «Ballena Blanca» esposado. Solía mirar de reojo a los periodistas y a sus compañeros de banquillo, ajenos a una situación que para él es habitual desde hace años. Sophiane Hambli es ya un malo de leyenda: ha protagonizado fugas memorables, ha sobrevivido a algunos tiroteos y llegó a dirigir su organización, dedicada supuestamente a introducir hachís marroquí en Francia, desde el presidio. Gobernaba por teléfono. Y sólo tiene 35 años. Ahora, la suerte comienza a sonreírle, dado que la Audiencia ha decidido dejarlo en libertad provisional por «Ballena Blanca» a la espera del dictado de la sentencia, que tardará en torno a tres meses. Eso sí, seguirá entre rejas porque Francia lo reclama. Al menos, ha entreabierto la puerta.

El narcotraficante argelino fue detenido el 4 de marzo de 2009 cuando se disponía a comprar una embarcación de lujo en un establecimiento de Puerto Banús. La policía le seguía la pista desde el verano de 2003, cuando huyó de la cárcel francesa de Metz apuntando con una pistola simulada a sus vigilantes.

En la primavera de 2009, Hambli, buscado por su implicación en «Ballena Blanca», declaró ante el juez Óscar Pérez, titular de Instrucción 5 de Marbella. Ese día, conscientes de la peligrosidad del huésped, «hubo un gran despliegue policial en la zona. Había agentes con chalecos antibalas apostados en varias zonas del edificio, se prohibió el acceso de cualquier persona al juzgado y se cortó el tráfico alrededor del edificio de la avenida del Mayorazgo», relatan fuentes consultadas. Conociendo las habilidades del tunecino para salir indemne de cualquier situación, las precauciones parecían pocas.

Pérez lo envió a prisión, donde ha estado unos 22 meses. Ahora, la Sección Segunda de la Audiencia, encargada de juzgar «Ballena Blanca», ha decidido dejarlo en libertad provisional.

En el auto, fechado el 22 de diciembre, y al que tuvo acceso La Opinión de Málaga, el tribunal explica que la prisión de Hambli «estaba justificada fundamentalmente por la necesidad de impedir la frustración del enjuiciamiento, que en ese momento – noviembre de 2010– estaba tocando a su fin. Debemos convenir que, una vez ha finalizado, no existe ya esa razón».

La Sala estima, por tanto, un recurso se súplica presentado por el penalista gaditano Ricardo Álvarez-Osorio Fernández, contra la decisión del tribunal, una vez que la Fiscalía rebajó su petición de pena para Hambli desde los cuatro a los tres años por blanqueo.

«Carece de justificación mantener la situación de prisión provisional hasta su límite normal –sin prórroga–, cuando es más que previsible que llegado el día de su vencimiento ni siquiera estaría redactada la sentencia», añade el órgano colegiado. Sin embargo, Hambli permanecerá entre rejas, porque Francia reclama su extradición para que cumpla una condena de 18 años por narcotráfico.

El tunecino es considerado «extremadamente peligroso» por la policía; en el momento de su detención, pesaban sobre él dos órdenes de busca y captura por su supuesta implicación en «Hidalgo» y «Ballena Blanca». En 2002 fue extraditado a Francia, donde un año después protagonizó la referida fuga del penal de Metz. Pero la policía no le perdió la pista. En 2004, los agentes de la Udyco actuaron contra la banda criminal del magrebí, quien logró huir tras un intercambio de disparos con los agentes. Uno de ellos resultó herido de bala. En concreto, los investigadores se hicieron con tres toneladas de hachís, vehículos de lujo y documentación falsa, siempre según la Policía Nacional.

La Udyco cree que, tras una estancia preventiva en Marruecos, volvió a la Costa del Sol, donde se mimetizó perfectamente con el ambiente durante varios años: cambiaba frecuentemente de domicilio y de coche.

Se determinó que habitaba en Benahavís y se le dio caza, en marzo de 2009, en Puerto Banús. En su casa se hallaron más de 200.000 euros en efectivo. La Udyco asegura que opuso una fuerte resistencia al arresto y que trató de borrarse las huellas dactilares frotando sus dedos con los barrotes del calabozo.