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Jardín Botánico

El cenador de la Concepción: mucho más que una enredadera

El cenador del Jardín Botánico muestra desde hace un par de días el esplendor de sus glicinias

El cenador de las glicinias del Jardín Botánico-Histórico de La Concepción.

El cenador de las glicinias del Jardín Botánico-Histórico de La Concepción. / GREGORIO TORRES

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Las glicinias de La Concepción, como auténticas estrellas del firmamento botánico de Málaga, se hacen esperar. Casi dos semanas de diferencia separan los racimos florecidos del Limonar o Pedregalejo con respecto a los del jardín botánico de Málaga, que comenzaron a abrir su incomparable contenido el pasado viernes.

«Este domingo el cenador estará precioso y también la semana que viene», explica la botánica del jardín Amelia Denis. En total, las glicinias darán lo mejor de sí durante tres semanas y como resalta la especialista, para este domingo se espera una enorme afluencia de público, no en vano el cenador de las glicinias o Wisteria sinensis, planta originaria de China, es lo más popular del jardín.

Ayer caía una lenta lluvia de pétalos en el viejo cenador, sobrevolado por un festival de abejas y abejorros que unían su aleteo nervioso al murmullo de un estanque escoltado por costillas de Adán.

Doce pies plantó la familia Loring para cubrir el cenador, fabricado en hierro forjado de la ferrería de Heredia, muchos años después de la muerte de Manuel Agustín Heredia y estando los negocios en manos de su hijo Tomás, hermano de la dueña de La Concepción, Amalia Heredia y propietario de la vecina finca de San José.

En el extremo más pegado al estanque, uno de los 12 pies de los que consta la enorme enredadera ha ido retorciendo con brío el hierro decimonónico, hasta reemplazarlo y casi convertirse en un sustento más de la estructura.

Quien mejor conoce los secretos de este precioso rincón del jardín es la botánica Blanca Lasso de la Vega, que está preparando una tesis sobre la finca.

Vista superior del cenador de las glicinias, en el Jardín Botánico-Histórico de La Concepción.

Vista superior del cenador de las glicinias, en el Jardín Botánico-Histórico de La Concepción. / GREGORIO TORRES

La compra de la finca

Según los datos de que dispone, la finca la compra Jorge Loring Oyarzábal, el marido de Amalia Heredia Livermore, en 1855 «y no en 1857 como pensábamos», destaca. Sin embargo, la pareja construirá primero la casa palacio y el jardín y dejará para una fecha posterior el cenador, que la botánica data entre 1865 y 1870, «porque la primera foto que tenemos del cenador es de 1872 y se ve la enredadera muy pequeña».

La minuciosa consulta de periódicos de la época demuestra, señala, el importante papel que el cenador jugó en la vida social de la hacienda. «Utilizan el cenador para coser, tomar el té, almorzar, cenar, también para celebrar muchas fiestas e incluso hacían bailes regionales», comenta.

Foto de los Loring Heredia en el cenador de las glicinias del hoy Jardín Botánico-Histórico de La Concepción.

Foto de los Loring Heredia en el cenador de las glicinias del hoy Jardín Botánico-Histórico de La Concepción. / La Opinión

El cenador, por cierto, era antes conocido como 'la serre' (el invernadero) y entre los adornos que acogió para estas celebraciones había biombos chinos, velas y, cómo no, flores.

A pesar de sus 140 años la planta se encuentra en perfecto estado de salud, destaca Blanca Lasso de la Vega. El jardín botánico la poda cada dos años para que florezca con más fuerza y cuida de que sus paseos trepadores por ficus y cipreses vecinos no se pasen de la raya.

Esquejes de las glicinias de La Concepción se mandaron al palacio del Marqués de Salamanca en el Paseo de Recoletos (hoy sede de un banco) así como a jardines botánicos de toda España. Quizás sigan floreciendo a la vez.

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