13 de marzo de 2012
13.03.2012
Medio ambiente

La nueva historia negra del cauce del Guadalmedina

El agua de la presa y la buena temperatura han agudizado el problema ambiental; los técnicos no ven soluciones

13.03.2012 | 06:00
Perspectiva que presentaba ayer el cauce del río.

En la hondonada seca del río, justo al lado del Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga. Una capa negra y grumosa, irregular, se apila como si fuera un vertido. No es la primera vez que ocurre, pero con la subida de las temperaturas, la estampa se ha hecho más visible. El cauce del Guadalmedina sigue desharrapado por la ausencia de lluvia, aunque ése ha dejado de ser su primer problema estético; el cieno, mezclado con materia orgánica, se acumula en sus bocanas y los técnicos del Ayuntamiento no encuentran una solución. La culpa, señalan, es del puerto, que ha taponado la limpieza natural del río.

La película de barro ha adquirido nuevas dimensiones en las últimas días. La pleamar, junto a la limpieza del pantano de El Limonero, han hecho aflorar con más fuerza el torrente de sedimentos, que ayer descansaba sobre el lecho del Guadalmedina. Según José Luis Rodríguez, gerente de Emasa, la retirada del material resulta algo más que compleja; el terreno está gobernado por las rocas, lo que dificulta la introducción de maquinaria pesada. «Es imposible usar cualquier tipo de sistema, debajo hay una gran escollera», resalta.

La edil de Medio Ambiente, Ana Navarro, alude a una molestia crónica, surgida de la transformación de los diques del puerto, que ha alterado la fluencia habitual de las corrientes. Con la escasez de lluvia, la suciedad se enrosca, se astilla y carece de fuerzas que la precipiten y disuelvan por la grieta del Guadalmedina. El lodo se apodera de una imagen a la vista de los turistas sin que, de momento, se atisbe una solución a corto plazo. «Emasa ha invertido en los últimos años más de 150.000 euros en limpiar el encauzamiento y las corrientes ahoras están obstruidas», recuerda Rodríguez.

El crecimiento del puerto, según Emasa, impide la carrera de las aguas freáticas y de los restos orgánicos que normalmente arrastra en su curso la corriente. La diferencia, es que con la marea alta, mucha de esta suciedad se oculta bajo el agua. Ahora, ocurre justamente lo contrario, y los malos olores se vuelven protagonistas. La semana pasada, el cauce, sin ir más lejos, se irrigó con la liberación de recursos de la presa. El problema hidráulico podría, no obstante, agravarse en los próximos meses, especialmente si se dan las circunstancias y prosigue el buen tiempo. «En cuanto sube la temperatura la suciedad se hace más molesta», reseña.

En la mañana de ayer, fueron muchos los paseantes que mostraron su perplejidad por el aspecto que presentaba el cauce del Guadalmedina, ya de por sí afeado por el desacuerdo de las administraciones y la falta de un proyecto arquitectónico que vigorice su itinerario. De momento, los técnicos no entrevén un mecanismo de limpieza proporcional al nivel de suciedad y ponen la mira en las instalaciones del puerto, especialmente en lo que respecta a la prolongación de los muelles. Fuentes municipales critican que el puerto no haya previsto los efectos en la fluidez del agua. En la actualidad, según el Ayuntamiento, las escolleras del lecho del río no permiten la adopción de métodos de limpieza expeditivos, lo que amenaza con repetir la estampa de negrura de ayer durante los próximos meses.

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