27 de abril de 2012
27.04.2012
Día de Málaga

Málaga se da un gran homenaje

La Cueva de Nerja acoge la entrega de las Medallas de Oro de la provincia

27.04.2012 | 07:00
Imagen de los cuatro premiados durante el homenaje: Fernando Hierro, Mari Paz Temboury Villarejo, José Antonio Sánchez Herrera y Juan Márquez (derecha).

En tiempos de crisis, las fiestas familiares se valoran más. Por eso, la celebración del Día de Málaga, el primero con el PP al frente de la Diputación tras ocho años, tuvo ayer un sabor distinto al de otros ejercicios: en el discurso del presidente de la entidad supramunicipal, Elías Bendodo, hubo constantes alusiones al potencial de la provincia para salir de la sima económica en la que se halla y recordó a quienes lo pasan mal reivindicando, de paso, una política austera, como la que hacen las familias. La institución y las tres personalidades premiadas, indicó, son el espejo en el que la sociedad malagueña ha de mirarse y, en cierto modo, la punta del iceberg de una provincia llena de talento y riqueza natural.

Pero el protagonismo absoluto fue para los cuatro galardonados y, cómo no, para el marco elegido: la Cueva de Nerja. El auditorio estaba repleto de alcaldes y diputados provinciales de PSOE, PP e IU; aunque el seleccionador nacional, Vicente del Bosque, y su amigo Fernando Hierro, fueron, sin duda, los que más revuelo levantaron.

El primero en recoger la Medalla de Oro de la provincia fue Juan Márquez, exsecretario de la Diputación Provincial durante 37 años y que ha dedicado 42 a la función pública. Su figura fue loada por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, quien en un minucioso discurso hizo un milimétrico repaso de los méritos de Márquez: maestro, licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas, «conoció a fondo la problemática de los ayuntamientos», y «ni siquiera utilizó el tiempo del café ni apuró jamás las vacaciones, un ejemplo de honradez». Márquez, de hecho, jamás presentó una baja médica y siempre dio las licencias en el tiempo mínimo.

«Renovó y modernizó los métodos de trabajo y llevó a los ayuntamientos un aire fresco», dijo De la Torre. Márquez, a su vez, indicó que su camino ha estado marcado por «el servicio público, la verdad y el trabajo, con el ánimo de encontrar la verdad jurídica y real».

Otro momento cumbre llegó con la entrega de la Medalla de Oro de Málaga a la Fundación de Enseñanza Diocesana Santa María de la Victoria, heredera del Patronato de Escuelas Rurales que tanto hizo en los años de la postguerra por elevar el nivel cultural de los malagueños y acabar con la lacra del analfabetismo (del 77% en los cuarenta).

El gerente de la fundación, Francisco González Díaz, recordó la «labor heroica de los maestros» hasta llegar a los treinta centros y 500 profesores que hoy en día marcan el camino a más de 6.000 alumnos. Una fundación de carácter religioso «ejemplo de mentalidad emprendedora».

Fue José Antonio Sánchez Herrera, vicepresidente de la fundación, el encargado de recoger la medalla. En su discurso, recordó el impulso que el cardenal Ángel Herrera Oria dio a la construcción de las escuelas rurales, y la apuesta decidida de la fundación «por elevar el nivel cultural de los malagueños». «Hemos intentado hacer un mundo más humano, fraterno y sostenible», aclaró.

Entrañable fue también cuando llegó el momento de homenajear a María Victoria Villarejo, viuda de Juan Temboury, que supo conservar un importante patrimonio documental y bibliográfico de la provincia que después donó a diversas instituciones: la Diputación Provincial, la Universidad de Málaga, la Casa Natal de Picasso o la pinacoteca dedicada al pintor.

El director del Museo Revello de Toro, Elías de Mateo, glosó la figura de María Victoria Villarejo, «mujer comprometida con su tierra que hizo una gran labor en pro del estudio y la salvaguarda del patrimonio artístico de Málaga».

Pocos días antes de morir, ya con 106 años, conoció la noticia de la concesión de la Medalla de Oro, según explicó su hija, Mari Paz Temboury: «La recibió en vida, un mes antes de morir, sonrió y le apretó la mano a sus hijos».

«Ella cumplió el deseo de Juan (muerto en el 57) de que el legado fuera para los malagueños, nunca consintió en que se dispersara». Entre otros, se cedió al Picasso la correspondencia de su marido con el secretario del pintor, y un importantísimo fondo bibliográfico y documental al Centro Cultural Provincial.

La última glosa corrió a cargo de Vicente del Bosque, quien además de recordar el currículo impresionante de Hierro (14 años en el Real Madrid, tres copas de Europa y participación en cuatro mundiales), alabó su «polivalencia como jugador» y el liderazgo que ejerció en su equipo. Él fue, reconoció, quien lo propuso para dirigir la selección tras la marcha de Luis Aragonés. Hierro fue breve, y se declaró «un orgulloso veleño de la Axarquía que siempre paseará el nombre de Málaga por todos los rincones del mundo».

Bendodo cerró el acto, que estuvo amenizado por una orquesta de cámara, con un discurso en el que reivindicó la imaginación y la creatividad como herramientas para salir de la crisis, y apostó por una Diputación «sensible con quienes peor lo pasan». Eso sí, defendió la política de austeridad: «Las administraciones deben ser como las familias malagueñas, gastando menos y mejor». También comparó a los premiados con el espejo en el que la provincia ha de mirarse.

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