04 de junio de 2012
04.06.2012
Curso de Soporte Vital Avanzado al Politraumatizado

El 60% de los heridos por traumatismos en accidentes fallece en la primera hora

La cifra de politraumatismos ha caído por el menor número de siniestros de tráfico. En 2011, Carlos Haya sólo contabilizó 395

04.06.2012 | 07:00
Los dos cirujanos y responsables del curso de ATLS, delante de un quirófano.

Las primeras horas tras un accidente –de tráfico o no– son vitales para la víctima. Aunque a priori es obvio, para un médico lo es más. La primera hora u hora de oro es la siguiente al siniestro. De hecho, es en este espacio de tiempo en el que más muertes por politraumatismo – varias fracturas, lesiones o traumatismos– se concentran, aglutinando el 60% de las que tienen lugar tras un accidente.

La semana pasada, el Hospital Carlos Haya acogió el Curso de Soporte Vital Avanzado al Politraumatizado (ATLS) del Colegio Americano de Cirujanos, dirigido a especialistas implicados en la atención al paciente politraumatizado grave. Éste trató la atención avanzada del trauma, e hizo hincapié en el esquema de atención integral al paciente.

Este centro sanitario contó en 2011 con un total de 395 ingresos hospitalarios por politraumatismo, un 1,16% sobre el total de ingresos hospitalarios. De estos, 26 –el 6,58%– presentaron traumatismo de uno o varios órganos abdominales, 64 –el 16,20%– presentaron traumatismo de algún órgano torácico, 11 casos –el 2,7%– combinaron lesiones en tórax y abdomen y 6 pacientes – el 1,51%– tuvieron fractura vertebral con lesión medular junto a otros traumatismos.

El cirujano de la Unidad de Gestión Clínica de Cirugía General, Digestiva y Trasplantes del centro sanitario, José Aranda, uno de los responsables de las jornadas, explicó a este periódico que dichos primeros minutos no tratan más que solventar lesiones «potencialmente mortales».


La mayoría de accidentes con politraumatizados son los de tráfico. El descenso en los últimos años de estos siniestros ha causado, por ende, un descenso de estas donaciones en el campo de los trasplantes. «Antes había muchos traumatismos que acababan siendo donantes, ahora son pacientes añosos o con problemas de muerte encefálica», explica. Aunque reconoce que, pese a ello, la asistencia debe ser excelente; «hay que atenderlos igual o mejor para seguir disminuyendo la mortalidad y las secuelas», añade. Sobre las secuelas, precisamente explica que éstas también disminuyen si la atención de la primera hora es la adecuada.

En cuanto a la actuación en el lugar del siniestro, Aranda tiene claro que los testigos no deben actuar a no ser que tengan conocimientos básicos de resucitación cardiovascular o a no ser que pueda fallecer en el acto por motivos externos. Si no, lo mejor es no mover al paciente.

«Hay una máxima que es no hacer daño, hay que mantener al paciente inmovilizado y tranquilizarlo, y avisar de inmediato al 061 antes que emprender una maniobra de auxilio», señala, mientras alerta de que las heroicidades muchas veces sólo pueden empeorar la situación. «Si uno se encuentra un coche volcado con un paciente atrapado que pide que le saque, si lo hace, puede agravarle una lesión o crearle una», asegura.
La coordinadora del curso, Custodia Montiel, apunta que el conocido como «ABCDE» –vía aérea, respiración, circulación, déficit neurológico y prevención– es fundamental para la recuperación del paciente. «Se asegura que la vía aérea esté permeable, el cuello inmovilizado, y luego por orden, una vez que se ha asegurado, se vigila que la respiración sea la adecuada y se detectan posibles problemas como un neumotórax. A medida que se van descartando problemas en esos niveles, se mira el nivel circulatorio, si hay shock hemodinámico y luego se hace un estudio neurológico para ver posibles problemas a nivel de cráneo o lesiones», relata.

Así, los dos médicos aseguran que el reconocimiento se hace muy rápido, en 15 minutos o menos, aunque los más importantes son los iniciales. Se hace una revisión primaria en los primeros cinco minutos, y después se revisa la historia clínica y se realiza una exploración de cabeza a pies, que es la conocida como revisión secundaria. «La máxima prioridad es la primaria, donde están las lesiones mortales para la vida del paciente», asegura Aranda.


Sobre el tipo de lesión, Montiel explica que la más común es el traumatismo craneoencefálico, muy frecuente en los accidentes de moto, aunque el uso del casco y los límites de velocidad han reducido este tipo de lesiones. Otras frecuentes son el traumatismo torácico y abdominal y las fracturas de brazos y piernas. «Por suerte, los de columna son menos frecuentes, aunque luego dejan muchas secuelas». Sobre su gravedad, si el politraumatismo es severo, el paciente puede quedar en estado vegetativo o en muerte cerebral y ser así candidato a donar órganos. Y es que la implicación de las instituciones para concienciar a la sociedad, y la sensibilización de la propia ciudadanía han hecho que el uso de cinturones de seguridad de sujeción doble en los vehículos haya reducido las lesiones de manera evidente. A pesar de ello, el cinturón también provoca lesiones, como abrasiones en la piel, o internas, en la zona del duodeno y el páncreas. «Pero siempre es preferible tener un latigazo cervical que un traumatismo craneoencefálico», afirma José Aranda.

Asimismo, y dependiendo del tipo de lesión, hay que prever una serie de connotaciones fisiológicas que se derivan de la condición del accidentado. «En un niño el traumatismo craneoencefálico es mayor porque tiene más superficie encefálica, en las embarazadas la gran mayoría del abdomen lo ocupa el útero y el feto y en las personas mayores proliferan las fracturas», por lo que informa de que el «ABCDE» se hace de igual manera, aunque lo más importante es la tipología de la lesión y su gravedad.

En cuanto a la atención inicial a las embarazadas, afirma que la madre es lo primero, «puesto que el mejor tratamiento al feto es estabilizarla a ella». Así, reconoce que si ésta no se recupera, difícilmente lo hará el niño. Si la madre está muy mal, el niño sobrevivirá, como máximo, a los siguientes cinco minutos al deceso de la progenitora –que es cuando hay que sacarlo– aunque la probabilidad de que éste perezca es de casi el 100%.

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