17 de junio de 2012
17.06.2012
El Titanic malagueño

Los secretos del naufragio del Miño

Nerea Arqueología Subacuática ha recopilado documentación sobre el hundimiento del vapor Miño en aguas del Estrecho en 1856

17.06.2012 | 02:16
Grabado que recoge el momento en que la fragata británica Minden embiste al vapor Miño.

La empresa malagueña Nerea Arqueología Subacuática ha buceado en el tiempo para rescatar de los archivos malagueños, así como de los de la Biblioteca Nacional y el Museo Naval de Madrid, una profusa documentación, mucha de ella inédita, sobre la tragedia del naufragio del Miño, el vapor en el que en marzo de 1856 perdieron la vida 64 personas, de las 86 que transportaba el barco.

Como destaca Javier Noriega, esta investigación archivística, que tuvo lugar en 2009, sirvió de base para un documental malagueño realizado por Norafilms sobre la tragedia. «Se acercaron a Nerea, le propusimos varias historias y escogieron esta. A partir de ahí le dimos toda la documentación que teníamos y luego la adaptaron, porque se decantaron más por la historia humana que había detrás, suele suceder que tras los naufragios siempre hay toda una historia, una novela, una película...», explica.

Una historia humana que como recuerda Javier Noriega, hizo que el investigador y escritor Fernando J. García Echegoyen llamara a este naufragio el Titanic malagueño, pues a bordo del Miño viajaban ocho miembros de la familia Heredia con sus respectivos sirvientes, además de un canónigo de la Catedral, José Fontana y Boscasa, y un marmolista italiano, José Frapoli, que trabajó con anterioridad en el altar de la Catedral de Málaga.

El miércoles 26 de marzo de 1856 se anuncia en la prensa local que arribará al puerto de Málaga el vapor «de hierro a hélice» Miño, de una línea hispano inglesa. El barco, procedente de Barcelona y Valencia, continuaría viaje para Cádiz, Vigo, La Coruña y Liverpool. Entre los 36 pasajeros que subieron en Málaga, la viuda Trinidad Grund y sus dos hijas pequeñas, María Isabel y Manuela , que acudía con su familia política, los Heredia, a Sevilla a resolver un problema de herencia y a visitar con ellos la Feria. «Hasta esa época, viajar en barco era la forma siempre más segura de transportarse, en el mar encontramos las rutas de intercambio cultural, económica y de ideas durante siglos. En muchos casos esas historias aun quedan intactas debajo de agua, a la espera de salir a la luz del presente. Tal y como ocurre con este episodio tan desconocido para el común de los malagueños», recuerda Javier Noriega.

El barco zarpó de Málaga el viernes 28 de marzo de 1856 y en las primera horas del sábado 29, hacia las 2.30 de la madrugada, mientras el vapor Miño, al mando del capitán Germán Marquillas (algunos periódicos escriben Marquilles), bordeaba la Punta Carneros, entre Gibraltar y Tarifa, vio venir sobre él a la fragata inglesa a vela Minden, que regresaba a Gibraltar, por la fuerza de las corrientes.

El sacerdote. La fragata embistió con la proa causándole una enorme brecha. El Miño tardó unos 10 minutos en hundirse y como recordaba en su necrológica sobre Trinidad Grund quien fuera primer ministro, Francisco Silvela, «sólo hubo espacio para que un sacerdote, sobre el puente, diera la absolución a los aterrados pasajeros». No hubo tiempo de echar las velas y buscar el abrigo de la costa.

Trinidad Grund, como tantos otros pasajeros y tripulantes, se dejó arrastrar por el remolino del casco al hundirse. Aunque tenía a sus hijas agarradas por los brazos, las perdió para siempre.

Al vapor español no le dio tiempo a soltar los botes de salvamento, sí pudo hacerlo el Minden, que con su primer bote recogió a 21 personas (17 de ellos de la tripulación, aunque entre ellos no se encontraba el capitán) cuando el vapor español se iba a pique de popa. El segundo bote no pudo ya recoger a nadie y el resto de botes permaneció 45 minutos con la esperanza de recoger a más náufragos, mientras el Minden lanzaba cañonazos y luces de bengala en busca de más auxilio (respondió de Gibraltar el vapor británico Bustler).

El testimonio que el capitán inglés Marshall dio días después en Gibraltar, achaca el accidente en gran parte al vapor español. Sostuvo el capitán que esa noche había niebla (aunque fuentes españolas dijeron que estaba despejada), y que cuando se encontraron frente a frente, el vapor iba a toda máquina, a unas 9 ó 10 millas por hora, mientras que la velocidad del Minden era de 4 millas. Marshall no creyó necesario variar el rumbo, pensó que los dos barcos pasarían «con todo desahogo», pero en el último momento, el Miño viró a babor «flechado debajo de la proa del Minden».

La prensa española también contó que el capitán del Miño se estrenaba en esta travesía. Días más tarde llegaron al puerto de Málaga los pasajeros y tripulantes supervivientes, que contaron que algunas personas no tuvieron tiempo de salir de sus literas y camarotes. El 14 de abril de 1856 se celebraron en la iglesia de los Mártires las honras fúnebres por las victimas. «Fue una de las tragedias más importantes que pudo tener la historia marítima de Málaga», resume Javier Noriega.

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