04 de febrero de 2013
04.02.2013

Crónica militar de la gran huida

Un adelanto de la nueva investigación de Andrés Fernández y Maribel Brenes sobre La Desbandá

04.02.2013 | 01:07
Los movimientos bélicos de los primeros días de febrero preludiaron la catástrofe humanitaria de La Desbandá.

El trabajo, en el que colabora Fernando Arcas, aporta material inédito de los movimientos bélicos y civiles

De forma premeditada, desde finales de diciembre de 1936, el general Queipo de Llano, Jefe del Ejército del Sur, venía organizando con todo detalle la operación para la toma de Málaga. Requirió algunos elementos materiales y organizó nuevas unidades nutridas de voluntarios, de tropas de África y de los primeros reclutas meridionales. Desde mediados de diciembre estaban llegando a Cádiz voluntarios italianos, legionarios de Italia que venían para incorporarse al Tercio español. Se formaron unidades completas mandadas por oficiales también italianos, pero sometidas al mando y a las consignas de los cuarteles generales del ejército de Franco. A este primer contingente se sumaron a los pocos días otros 3.000 hombres. Eran, pues, dos regimientos completos de tres batallones, con la proporción necesaria de ametralladoras, morteros y piezas de campaña.

Mientras tanto, las confidencias que llegaban al jefe del Aeródromo de Granada comunicaban que los republicanos habilitaban campos de aterrizaje entre la carretera y el mar, como por ejemplo en Torre del Mar, donde, el 28 de diciembre de 1936, habían montado un campo con tres aviones nuevos que estaban enmascarados, cubiertos de cañas de azúcar. Igualmente ocurría en Vélez Málaga, cuyo campo de aterrizaje se había habilitado a 800 metros de la estación de ferrocarril.

Enero de 1937 comenzaba con un clima soleado, tiempo apacible interrumpido únicamente por bombardeos que no cesan y que serán continuos hasta febrero, mes en el que la población y milicias marcharían hacia Almería por la N-340. Los republicanos se defendían desesperadamente con la escasa munición que les quedaba para sus baterías antiaéreas, siendo la más pesada la que estaba ubicada en la Alcazaba. El jefe republicano del Sector de Málaga, desalentado por la situación, solicitaba urgentemente municiones de 7 y 8 milímetros para fusil, así como también el envío de aviación.

Hacia el derribo del Frente

El día 9 de enero, mientras en el Sector de Málaga continuaba la presión enemiga del Frente de Estepona, el capitán sublevado Carlos Haya organizaba lo que él mismo definió como el «corte aeronáutico más eficaz». El genocidio llevado a cabo semanas después en la N-340 quedaba configurado en un documento firmado de puño y letra por el citado capitán. Toda Málaga temblaba, indescriptible el pánico de la población por el impacto de las bombas y las ráfagas de ametralladoras.

El general Queipo de Llano, contando ya con la ayuda de los voluntarios italianos, cuadró la operación flanqueante a lo largo de la costa meridional, tras la cual las brigadas legionarias llevarían a cabo una maniobra de sorpresa en las montañas que se elevan delante de Antequera y de Loja. Una vez roto el Frente, columnas motorizadas italianas profundizarían inmediatamente en el lugar de la acción y caerían sobre Málaga, al norte de la ciudad.

El ejército republicano había fortificado los pasos con obras de fábrica y alambre espinoso. El Frente de Málaga describía un inmenso arco de cerca de 200 kilómetros de recorrido, apoyado en las formidables defensas naturales de Sierra Bermeja, Ronda, Tolox, Valle de Abdalajís, El Torcal, Alhama y Almijara.

El 10 de enero dio comienzo la maniobra del ejército sublevado del sur por la costa. Se trataba de ir ocupando todos los pueblos marítimos existentes entre Manilva y Málaga. «La resistencia roja, no fue enconada, pero sí lo suficiente para que el avance exigiera cautelas constantes». Durante esa mañana, Málaga y Almería fueron bombardeadas por hidros rebeldes siendo su objetivo la población: «Su táctica ha sido por mar, a ras de agua y aparecer de improviso bombardeando y ametrallando la población, por lo que tienen muchos impactos las fachadas, señalan los archivos.

El apoyo de los cruceros Canarias y Cervera fue muy valioso para el ejército sublevado, porque los cañones de mayor alcance de estos buques permitían batir las líneas republicanas de la montaña y dificultaban el montaje de posibles contraataques. Así pues, cumpliendo la orden verbal del almirante de la escuadra, se dirigieron el día 11 a la costa de Málaga para bombardear el puerto, al que llegaron antes del amanecer.

Ese mismo día 11, el subsecretario de Marina cursó al jefe de Flota republicana un telegrama en el que comunicaba desde Almería que el Canarias había tomado a las 11.20 horas rumbo Levante. «Se encuentra frente a Nerja a 15 o 18 millas de la costa». A las 8.00 horas, el Cervera rompió fuego sobre el puerto, concentrando el ataque únicamente sobre submarinos y el Xauen. «Durante el bombardeo, ni antes ni después de él, fueron molestados los cruceros por el enemigo».

Avance por la Costa del Sol

El primer éxito del ataque de las columnas rebeldes fue la toma de Estepona el 14 de enero, donde el Canarias se encontraba barajando la costa, vigilando la carretera de Estepona a Málaga para evitar la llegada de refuerzos enemigos. Mientras tanto, a las 8.40 horas, el Cánovas y dos guardacostas abrieron fuego contra las líneas de trincheras situadas en una loma al Este de la citada población.

A las 16.00 horas fue izada la bandera del ejército franquista en la torre de la iglesia de Estepona habiéndose ocupado todo el pueblo; las tropas continuaron su avance para tomar las alturas próximas a la población por el Este.
El día 15 los sublevados ocupaban el pueblo de San Pedro de Alcántara. La posesión de esta localidad permitía ocupar lomas bastante alejadas del mar y cubrir así el ala izquierda de la marcha, dejando libre la carretera a los elementos italianos motorizados.

El día 17 las fuerzas tomaron el pueblo de Marbella. En una semana las tropas meridionales de Franco habían profundizado 50 kilómetros. El tiempo se mostraba adverso y dificultó los transportes de tropas y materiales. En los últimos días de enero, las brigadas legionarias se establecieron a derecha e izquierda del valle del Río Genil, sobre el cuadrilátero Osuna, Montilla-Cabra-Antequera.

Resistencia

Ya entrado el mes de febrero, se fija el día 3 como fecha en que se reanuda la ofensiva. La primera fase quedó encomendada al sector de Ronda. El tiempo era pésimo. «La aviación comunica que, a causa de la poca visibilidad, el apoyo aéreo está muy restringido, porque los pilotos tienen orden de no aventurarse en las sierras mientras no se aclare el horizonte». Poco después de las 8.00 horas «cuatro batallones comienzan a trepar por las vertiginosas pendientes de Sierra Bermeja y Sierra de Ronda. Inmediatamente se aprecia un fuerte fuego de ametralladoras y fusil que hace la marcha extremadamente dificultosa». Otro tanto sucede entre Sierra Bermeja y Mijar, donde el enemigo opone una gran resistencia bien apoyada por las armas automáticas.

El día 4 termina la concentración de las Brigadas Legionarias en sus bases de partida. A las 11.00 horas salió el Canarias de Ceuta seguido del Baleares con rumbo a la costa de Málaga.

A las 01.00 horas del día 5, el Canarias cruzó las aguas de Málaga con las luces apagadas y velocidad moderada. A las 07.50 horas se incorporaron el Baleares y Cervera. A las 02.12 horas del día 6, tras recibir la confidencia de que había salido la Escuadra republicana de Cartagena, el Canarias salió de Melilla rumbo a Torre del Mar.

Al amanecer del día 7 la aviación reconoció las costas de Málaga, retirándose sin bombardear. A las 11.00 horas se hizo fuego con los cañones de 120 milímetros sobre un coche que se vio en la carretera con la bandera de la F.A.I.
Durante la mañana del día 8, las tropas sublevadas ocupaban la capital malagueña. A las 10.00 horas se tocó zafarrancho de combate para proteger la entrada de los cañoneros sublevados Cánovas del Castillo y Canalejas en el puerto de Málaga. A continuación se dirigieron hacia Levante barajando la costa, efectuando algunos disparos sueltos con artillería de 120 al objeto de impedir la huida a los fugitivos de Málaga.

La planificación redactada el 9 de enero por el capitán Carlos Haya para cortar las comunicaciones, ahora era llevada a la práctica, pese a tener conocimiento de la presencia de personal civil en la N-340.

Entre las 8 y las 12 horas del día 8 de febrero se dispararon 208 proyectiles de 10 kilos sobre camiones, coches ligeros, concentraciones de milicianos y cañadas de la carretera, rompiendo la línea telefónica en varios lugares. Se pudo comprobar el efecto de los disparos durante la huida hacia el Este paralizando por completo el tráfico, no solamente de vehículos sino también de peatones.

A las 00.00 horas del día 9 de febrero los buques de guerra rebeldes fueron barajando la costa a poca velocidad, disolviendo algunos grupos que había en la carretera, y comprobándose que debido al bombardeo de los días anteriores, se hallaban paralizados en la carretera más de treinta camiones y coches rápidos.

Estrategia bélica en la provincia de Málaga

El día 4 termina la concentración de las Brigadas Legionarias en sus bases de partida. La operación que deben llevar a efecto fue concebida del modo siguiente:
1º.- Los efectivos se dividirán en tres columnas, llamadas «de la derecha, del centro y de la izquierda». Cada una de ellas estará formada por uno o dos regimientos. Los efectivos de la Columna Central son los más fuertes.
2º.- Las unidades de la derecha tomarán como eje de marcha el camino Antequera- Almogía- Málaga; las del Centro, la carretera Loja- Colmenar- Málaga; las de la izquierda, la carretera Alhama- Vélez- Málaga.
3º.- Se encomienda a la Columna Central la ruptura del frente republicano en dirección de la Venta de los Alazores para lanzarse inmediatamente hacia Málaga por Colmenar; la de la derecha colaborará a esta acción haciendo presión contra el flanco izquierdo y deberá coronar la cumbre del Torcal; la de la izquierda tendrá como finalidad principal amenazar la línea de posible retirada enemiga, y para ello, deberá romper hacia las Ventas de Zafarraya, siguiendo con la máxima velocidad hasta Vélez Málaga para dominar la zona Oeste de Motril. La zona republicana queda debilitada y pierden varios puntos estratégicos.

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