Mirando atrás
El Cenachero de Málaga cumple 50 años
La escultura más famosa de Málaga cumple 50 años - Fue la primera obra de Jaime F. Pimentel en su ciudad natal

Jaime F. Pimentel esta semana, junto al Cenachero que esculpió hace 50 años. / G. TORRES
Alfonso Vázquez
Todo empezó con un artículo del director de La Tarde sobre el joven escultor malagueño Jaime Fernández Pimentel, entonces trabajando en la lejana Oslo. El artículo interesó al alcalde de Málaga, Francisco García Grana, quien le envió una carta pidiéndole que cuando fuera por Málaga se pasara por el Ayuntamiento.
«A finales de los 50 nadie sabía dónde estaba Noruega, mi madre se lamentaba porque me iba con los vikingos», cuenta con una sonrisa el escultor, que esta semana, aprovechando la reunión mensual de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de la que es miembro desde 1977, dejó su casa de Almayate para pasarse por su ciudad natal y posar junto a su obra más famosa, a la que considera «un icono de Málaga». Y no le falta razón.
Pero todo comenzó a pequeña escala, porque García Grana le encargó como regalo protocolario de apenas 30 centímetros de altura la escultura de un motivo típico de Málaga. «Hice diferentes bocetos y el Cenachero le gustó mucho, pero yo había hecho un vejete y me dijo que lo hiciera más joven y con el sombrero un poco para atrás», cuenta.
Para esta primera figura más cargada de años se inspiró en Diego, un cenachero de la capital al que Jaime Pimentel nunca vio, pero sí escuchaba cuando pregonaba por la calle Carretería. «Cuando pasaba las mujeres del servicio bajaban con sus platos y se escuchaban las risotadas y bromas de Diego, un malagueño carismático».
El Cenachero a pequeña escala gustó tanto que los encargos siguieron: primero, las gaviotas del recinto musical Eduardo Ocón y a continuación, la escultura de un Cenachero para la inminente nueva plaza de la Marina. Aunque Jaime Pimentel cuenta un secreto: para esa plaza le encargaron una fuente, que gustó mucho al alcalde, pero no a algunos concejales, que pusieron reparos.
«Fue el primer encargo, hice una fuente a escala, de un metro el plato principal, luego venía otro plato con una gran concha sosteniendo el nacimiento de Málaga, saliendo con una perla en la mano. Era una chica desnuda y me dijeron que pensara en el trono de la Esperanza pasando delante de una mujer desnuda».
La fuente no prosperó pero sí el Cenachero. Como modelo escogió a un marengo de Almayate, Manolo el Petaca. Y eso que primero fue en busca de su hermano Pepe, que había posado para la versión pequeña del Cenachero. «Pero su mujer me dijo que su marido estaba en la pesquera por África y que si iba a buscar a su cuñado».
Jaime Pimentel empleó a Manolo el Petaca como modelo, pagándole por su trabajo, como hace con todos sus modelos, pero el artista precisa que cuando comenzó a posar, «yo ya tenía el Cenachero enjaretado, porque no quiero que los modelos me influyan, me sirven de referencia para las arrugas de la ropa o la anatomía».
Hizo la obra primero en barro y el artista cuenta que cuando los concejales se acercaban a verla a su taller de Almayate comentaban eso de «ojú, que tío más alto», en referencia a los 2,10 que mide la escultura. «Cuando se hace un monumento para el exterior hay que pensar que el exterior lo reduce», aclara. Luego modeló la obra en escayola, que todavía guarda y que sirvió para que la ciudad de Málaga regalara idéntico Cenachero a la ciudad norteamericana de Mobile, con la que está hermanada. A continuación, la obra en cera y la fundición en bronce en Madrid.
El día de la inauguración, el Día de Reyes del 64, fue tanta la expectación que Jaime prefirió escapar un rato de la ceremonia para pasear y asimilar lo que fue «un éxito instantáneo». El Cenachero se convirtió en un hito de Málaga. «Y yo me prometí no cobrar nunca una peseta por réplicas del Cenachero, sólo con las postales podía haber sido millonario», recuerda el escultor, a quien Francisco García Grana le encargó a continuación para la misma plaza la escultura del Biznaguero.
En 1989, coincidiendo con la casual campaña de prensa de un periodista, de quien Pimentel no quiere dar el nombre, se produce el traslado del Cenachero al Paseo de la Farola. ¿Los artículos sobre la supuesta mala suerte de la obra querían predisponer a los malagueños para que no protestaran por el traslado, con el beneplácito municipal? Siempre quedará la duda. Y en 2004, regreso temporal a la parte baja de la plaza de la Marina, a la espera de un sitio mas digno para la escultura más famosa de Málaga. En cuento a Manolo el Petaca, se tomó tan en serio lo de ser el Cenachero que decía a los jardineros municipales: «Oye, échame la manguera que me están cagando las palomas y las gaviotas».
Jaime Pimentel, un hombre vitalista y que nunca ahorra una frase de ánimo para sus amigos artistas, dice estar abrumado por el cariño que está recibiendo estos días con motivo del 50 aniversario. Habrá que recordarle que por sembrar tanto afecto ahora recoge el doble.
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