29 de septiembre de 2013
29.09.2013
Lleno

La fe se impuso a las previsiones

La celebración de la jornada del Mater Dei ha supuesto un buen ramillete de emociones, recuerdos y vivencias que van a perdurar mucho tiempo en la ciudad

29.09.2013 | 01:39

La histórica jornada de los besamanos no hizo más que servir de avanzadilla de cómo Málaga es capaz de rendir tributo a la Madre de Dios. La multitudinaria presencia en los templos para participar en estos cultos extraordinarios sirvió de termómetro de la celebración. Una procesión goza de un tirón que este tipo de actos no tiene. Por eso era de esperar la masiva presencia de malagueños en las calles de Málaga para presenciar el denominado Mater Dei, como de cofrades venidos de todos los puntos de la geografía andaluza y española. La magna significó el triunfo de la fe de los cofrades, que no perdieron nunca el optimismo pese a las previsiones meteorológicas.

Trinidad

Origen de la fe

El origen de la fe. El origen de la hermandad. El origen de la devoción. La Trinidad de impaciente espera, la primera para muchos devotos, la que cierra la jornada en Semana Santa, ayer abría la magna procesión mariana del Año de la Fe malagueño. Y arrastró como ninguna, imponiendo su majestad desde el arrabal trinitario hasta el mismo corazón del Centro Histórico. Trinidad de emoción incontenible. Trinidad que se desborda. Alma de la Trinidad, Virgen excelsa, que predomina y destaca y nada le puede hacer sombra. Ella, Hija del Padre, Esposa del Espíritu, Madre del Hijo, Madre de Dios y Madre de todos los trinitarios limpios de corazón. La fe mueve montañas.

Las calles de la Trinidad adivinaban que algo grande iba a pasar. Ya no sólo por la decoración que presentaba la arteria principal del barrio y el puente de la Aurora, también por el ir y venir de personas que buscaban el mejor sitio para ver la salida de la procesión. El bullicio se apoderó un día más del olvido en unas calles que padecen de abandono. La Trinidad estaba a punto de salir y el barrio respondió a la llamada de su Reina Coronada.

Las puertas de la casa hermandad se abrieron con antelación al horario previsto. Y comenzó a salir la comitiva. La banda de cornetas y tambores del Cautivo venía haciendo pasacalles con una adaptación de Coronación de la Trinidad, después de haber estado afinando en la plaza de San Pablo. Eduardo Pastor, presidente de la Agrupación de Cofradías, fue el encargado de dar los primeros toques de campana para que el trono abandonara la casa hermandad. «Trinidad ¡a tus pies!»

Lo insuperable, lo que no se puede mejorar, no ha de tocarse. Y Gutiérrez Carrasquilla ha aplicado esa máxima a rajatabla, siendo extremadamente pulcro y respetuoso. Anteponiendo la devoción a la ciencia, a la hora de intervenir en la imagen de Francisco Buiza, que ha recuperado transparencia, dulzura, luminosidad en su bendito rostro, que pide a gritos el día en lugar de tanta noche.

La Virgen estrenaba la restauración de una antigua saya del taller de Elena Caro, pasada y enriquecida por su vestidor, Joaquín Salcedo, que puso todo de su parte para incrementar la belleza de la imagen, enmarcando su rostro con un encaje de bruselas del siglo XIX, regalo de Eduardo Ladrón de Guevara. Además, portaba en su mano izquierda una rosa de pasión, de Manuel Valera. También llevaba por primera vez un juego de enaguas de alta costura, obra de Paco Ruiz.

A los sones de Alma de la Trinidad se echaba a las calles de Málaga, a cargo de una imponente banda de la Trinidad Sinfónica, que a su calidad y destreza sumó la motivación que sólo aporta poder ir tocando tras la Señora. Potencia y afinación. El trono avanzaba abriendo el paso, con el cimbreo único de su palio. Nardos, bouvardias, rosas y peonías en las ánforas, combinando el rosa y el blanco.

Una representación del Santo Traslado y de la Real Hermandad del Rocío de Málaga rindieron honores a la Virgen... y se hizo el silencio con María Santísima de la Trinidad Coronada, de Antonio Moreno Pozo, y que era interpretada a la Virgen por primera vez en la calle. Una deliciosa composición que no contaba con el tañido de las campanas de San Pablo y que sobresalían por encima de la marcha.

Casi en un abrir y cerrar de ojos, la Trinidad ya estaba en el puente de la Aurora. Y en otro suspiro, embocaba Cisneros con el Himno de Coronación de la Esperanza. Eran sólo las seis de la tarde, pero la Virgen parecía rememorar los inigualables momentos de su coronación canónica, hace ya 13 años. Emulando recorrido hacia la plaza de la Constitución y con el objetivo de ir a la Catedral. La memoria evoca momentos que se topan con el presente mezclando sensaciones en torno al Mater Dei.

Tras pasar por la plaza del Obispo, la Virgen fue recibida por una interminable petalada dedicada desde el edificio de La Opinión de Málaga, aunque estas muestras de devoción se sucedieron prácticamente a lo largo de todo el recorrido. Sonó Y en Triana la O enlazada con Coronación de la Trinidad. Arrancando con el izquierdo y levantando el aplauso del público que se agolpaba en las aceras. En Carretería y sobre todo en su calle Trinidad, en un regreso triunfal, se repitieron las mismas manifestaciones de cariño y respeto a la Madre de Dios.

Concepción

Principal acto de fe

El reloj marca las cuatro y media y los hombres de trono de la Virgen de la Concepción esperan fuera de la casa hermandad. Dentro, la actividad es febril para organizar el cortejo. Finalmente se abre la puerta y sale la cruz parroquial para abrir el cortejo. Alguna mirada al cielo que no se puede disimular muestra la inquietud de la tarde de ayer. Pero sólo es eso. Inquietud y nada más. El trono de la Virgen de la Concepción se preparaba para salir y el hermano mayor del Huerto, Agustín Gutiérrez, tomó la palabra: «No se entiende salir a la calle sin un momento de oración para pedir por la salida procesional, por todos nosotros y las personas con necesidad». Tras el rezó, el tintineo de las morilleras del trono y el Himno Nacional acompañaron el comienzo de la salida procesional, a la que siguieron las marchas eucarísticas Triunfal y Corpus Christi, interpretadas por la Banda de Música de la Vera+Cruz de Almogía.

La bajada por la rampa a la plaza frente a la entrada de Santo Domingo, con una doble curva incluida, se hizo enlazando dos marchas como Macarena y Coronación de la Macarena, con una maniobra compleja de ejecutar con elegancia, cosa que sí hizo el trono de la Concepción.

El paso por la calle Cisneros, siguiendo la estela de la Virgen de la Trinidad, no fue menos espectacular, con cuatro marchas clásicas enlazadas y bien interpretadas: Virgen del Valle, Margot, Soléa, dame la mano y Virgen del Amor Doloroso. El porte elegante de esta imagen, que ha sabido conservar una estética coherente con su historia y su abolengo, se creció en este momento. La fuerza y solemnidad de estas marchas resaltaron aún más la belleza de este conjunto, del que quizás sólo desmerece el estado de su maravilloso manto bordado, que está pidiendo ya una restauración.

Ya en el recorrido de vuelta, la Virgen de la Concepción recibió una gran petalada en la calle Carretería, un momento que animó a los cansados hombres de trono y realzó el tramo final de este cortejo.

Encarnación

Felicidad de la Fe

La buena nueva la lleva María en su vientre. Es la llena de Gracia y desde entonces todas las generaciones la llaman bienaventurada. La Virgen de la Encarnación representa el momento en el que Cristo la elige para que se convierta en su primer sagrario. Y Dolores del Puente se ha entusiasmado con el Mater Dei y la participación de su imagen mariana que dejó el pie de la cruz del Cristo del Perdón para reinar en el triunfo del trono de la Dolorosa Coronada.

A las seis de la tarde se ponía en marcha la comitiva desde el interior de la iglesia de Santo Domingo. Los aledaños y el puente de los Alemanes, lucían banderolas de color blanco y negro. También celeste y rosa. La imagen ofrecía una estampa inédita sobre la gran peana dorada. En sus manos, un libro de plata, como el arte siempre ha representado iconográficamente el momento en que la Virgen recibió la visita del Arcángel y le dijo sí sin dudar. Abrigaba su espalda con el manto de capilla de la Virgen de la Esperanza, bordado en oro sobre tisú blanco. Nimbaba su cabeza con la corona de la Esperanza de Benalmádena y era iluminada por los cuatro arbotantes del trono de la Virgen del Amparo. Un ocho de estilo dieciochesco la enmarcaba, cedido por la hermandad de los Remedios, y que habitualmente luce la Virgen del Carmen de los Mártires.

La banda de música de la Esperanza ponía la música. Esperanza Perchelera para los primeros pasos, en honor de la archicofradía madrina.

Lo mejor iba a venir en la plaza Jesús Castellanos, alma máter de los Dolores. Desde el balcón engalanado de lo que era su casa, en la calle Granada, se recibió a la Virgen con una petalada. Los hermanos rezaron y sonó La Estrella Sublime, la marcha preferida del difunto ideólogo, del incansable cofrade. Y también el ambiente se revistió de especial solemnidad al paso de la Virgen por la calle Nueva, en una estampa inédita. O cuando, a punto del encierro, el cortejo se encaminó a la capillita del Puente, para visitar, como todos hacen a diario, a la enlutada Virgen de nácar y ponerla, cara a cara, con la Encarnación.

Gracia y esperanza

Por tu Fe, llena eres de Gracia

Empecemos por el final. Quizás porque hay finales que son el principio de algo más. La cofradía de Estudiantes quiso cerrar su participación en el Mater Dei con un acto de hermanamiento con la Universidad de Málaga. Para ello acudió el cortejo y el trono de la Virgen de Gracia y Esperanza al Rectorado, donde fue recibida por la plana mayor de la Universidad. Un acto sencillo, con la intervención del Coro de la Universidad de Málaga, sirvió para estrechar los lazos entre ambas instituciones, reverdeciendo 40 años de historia común y con la promesa de ampliar esa relación.

Tras ese final, volvemos al principio. Al momento en que, de forma puntual, a las seis y media de la tarde se escucha tañir la campana del trono de la Virgen de Gracia y Esperanza. Las puertas de la casa hermandad permanecen cerradas, pero desde fuera ya se aprecian las notas del Gaudeamus Igitur que se interpreta en el interior. Las puertas se abrieron y se vio la estampa del trono con su candelería encendida y mecida suavemente por sus portadores. Mientras, el cortejo de la Virgen de la Caridad se situaba ya en la calle Alcazabilla para continuar el recorrido tras la Virgen de Gracia y Esperanza.

Los sones de Virgen de los Estudiantes, interpretados por la Banda de Música Julián Cerdán, acompañaron los primeros pasos del trono por la calle Alcazabilla, sobre la que llovieron «Aleluyas» con una foto de la titular de Estudiantes y una oración. No fue el único punto donde recibió esta lluvia de oraciones, ya que también cayeron sobre Gracia y Esperanza en la subida de la Travesía Pintor Nogales, tras el acto en el Rectorado.

Esta imagen no sólo recibió «Aleluyas» en su recorrido, ya que varias petaladas alfombraron la calle a su paso en distintos puntos de su recorrido. Así ocurrió en la esquina entre la calle Strachan y Molina Lario, poco antes de entrar en la plaza del Obispo para participar del acto litúrgico que estructuró el Mater Dei.

Este trono ha ganado mucho desde que empezó a ampliar su repertorio de marchas procesionales y en eso, la Banda de Música Julián Cerdán ha tenido mucho que ver. La Virgen de Gracia y Esperanza ya tiene sus propias marchas, con una alta calidad musical, pero también se luce con otras como María Santísima de las Penas, que le interpretaron en la calle Cister, cuando iniciaba su recorrido por el Centro para dirigirse a la plaza del Obispo.

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