24 de marzo de 2014
24.03.2014
Botánica

Las maravillas del Parque, un cuarto de siglo después

Los autores critican la falta de expertos en la gestión del Parque y otros jardines históricos como Puerta Oscura

24.03.2014 | 05:00
Blanca Díez muestra el plano incluido en la guía, con las plantas más notables del Parque.

Los doctores en Botánica y profesores de la Universidad de Málaga Alfredo Asensi y Blanca Díez publican El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad (Esirtu Group), una guía de la zona verde más famosa de la ciudad, en la línea de la que escribieron a finales de los 80, pero con el doble de plantas de entonces

En cierta manera, este matrimonio de doctores en Botánica, profesores de la UMA y miembros de la Academia Malagueña de Ciencias recogen el testigo del apasionado farmacéutico don Modesto Laza, primer gran defensor del Parque y que cuenta con una glorieta con su nombre en esta zona verde ganada al mar a finales del XIX. De hecho, Alfredo Asensi cuenta que conserva los apuntes de don Modesto sobre el Parque, que empleó para la primera guía del Parque de Málaga, que realizaron a finales de los 80.

25 años después de ese primer libro, Blanca Díez y Alfredo Asensi han escrito El Parque de Málaga. Un ejemplo de biodiversidad, publicado por Esirtu Group, que cuenta la realidad de un Parque que ha cambiado mucho y sobre todo crecido tras la remodelación de 2007, hasta el punto de que las especies son ahora el doble que hace un cuarto de siglo: unas 300.

Si algo llama la atención precisamente es su diversidad botánica. «Desde el punto de vista botánico es muy valioso porque tiene una representación bastante amplia de todas las partes del mundo, plantas que en otros lugares no las ves más que en invernaderos», resume Blanca Díez, que destaca que la mayoría de las plantas del Parque son tropicales y subtropicales y aunque cuenta con ejemplares de los cinco continente, las que más abundan «son las de Centroamérica y Sudamérica».

Y abundan las plantas exóticas como el malagueto o pimienta de Jamaica que, advierten, no guarda relación con el nombre del barrio de La Malagueta. «Los esclavos que mandaron desde la Costa de Guinea al Caribe, cuando llegaron encontraron esta planta con el fruto con un sabor parecido a lo que ellos utilizaban en la Costa de Guinea, una planta que también se apellida malagueto o algo parecido». Para Alfredo Asensi, por cierto, este ejemplar tenía que tener «más protagonismo» en el Parque. A su juicio, está plantado en un sitio que pasa desapercibido.

El libro realiza un amplio recorrido por el nacimiento del Parque y se detiene en cada especie, con información detallada que incluye el punto del globo del que procede.

Alfredo Asensi recuerda que todavía quedan ejemplares que nacieron con el Parque, como una enorme araucaria ante la que los profesores pasan y destaca que esta zona verde ha sobrevivido a muchos sinsabores, como el fuerte vendaval de 1963, «que causó bastantes destrozos» o la celebración de la Feria de Málaga en estos terrenos también en los años sesenta.

Y un dato que refuerza su valor botánico: tras el jardín botánico de Valencia y el de la La Concepción es el lugar de España con más especies de palmeras al aire libre, por eso a los autores les gustaría que los turistas y visitantes pudieran, algún día, recibir un folleto explicativo del Parque de Málaga. Este completo libro, al menos, vuelve a dignificarlo 25 años después.

El valioso Parque de Málaga, sin supervisión botánica

Aunque pueda sorprender, una zona verde tan valiosa como el Parque de Málaga no tiene botánicos que lo supervisen. Es más, la famosa renovación del Parque de 2007 se dejó en manos de un organismo tan alejado de la ciencia de las plantas como la Gerencia de Urbanismo. Esta carencia es algo que lamentan los autores del libro. «En teoría la Academia Malagueña de Ciencias estaba implicada pero sólo nos llamaron cuando quitaron los plátanos para dar explicaciones. A la hora de plantar nos obviaron totalmente», comenta Blanca Díez. Los autores ponen varios ejemplos de plantas situadas en rincones poco adecuados del Parque o que sencillamente no se adaptan al clima de Málaga, lo que ha provocado que se pierdan muchas de ellas. Un ejemplo notorio de mala elección es un gigantesco –y caro– helecho de Tasmania, «que vive en zonas donde la precipitación anual es tres veces la de aquí», señala Blanca Díez. Pese a que cuenta con riego por goteo, el estado del helecho no hace pensar en que gozará de una larga vida. Y Alfredo Asensi señala el hueco donde se encontraba, hasta hace unos días, una palmera ya desaparecida, la latania roja. «Es una palmera que tiene que estar a pleno sol y que aquí la habían puesto en la sombra», comenta. Asensi, presidente de la Academia Malagueña de Ciencias, cree que tanto el Parque como los Jardines de Pedro Luis Alonso, Puerta Oscura y los de la Catedral debían contar con la supervisión de botánicos para evitar estos errores.

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