06 de julio de 2014
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Actualizado: 02-04-20 08:43h
Tribuna

La última arboleda de Málaga

Son ya demasiados los arboricidios que registran las crónicas como para bajar la guardia

06.07.2014 | 05:00
El Paseo de los Curas en una fotografía de 2010 con los frondosos plátanos.

Pero ¿quién no se asombrará, con razón, de que se haya hecho venir desde tierras extranjeras un árbol solamente por su sombra? Me refiero al plátano (...)

Plinio el Viejo (23-79 d. C), Historia Natural, libro XVI

Pasear bajo la bóveda formada por las copas de unos viejos árboles puede ser una experiencia tan intensa como recorrer la nave de una catedral. El ámbito creado por la secuencia de sus troncos y la luz tamizada por diversas tonalidades de verde a través de su dosel es sumamente gratificante desde el punto de vista sensorial.

Existe en algunos representantes de mi profesión un cierto deslumbramiento por los catálogos de materiales, que en lo tocante a la jardinería pública se traduce en farolas fastuosas, deslumbrantes chapas metálicas, sofisticados bancos de diseño... sí, hay diversas citas de arquitectos célebres que dicen que dios está en los detalles.

Pero muchas veces los árboles no nos dejan ver el bosque. ¿Habrá que recordarlo? salvo que uno sea un monje zen, la vegetación es el principal ingrediente para diseñar espacios ajardinados. Los árboles proporcionan frescor disminuyendo la temperatura ambiental, fijan la contaminación y tienen efectos beneficiosos sobre nuestro ánimo, especialmente si se combinan adecuadamente con otros estratos vegetales. ¡Ah! y con ellos se pueden definir espacios soberbios. No son un elemento decorativo más que se salpica aquí y allá por la superficie disponible: son el elemento principal con el que caracterizar un recinto, estableciendo un orden tridimensional donde antes solamente había vacío informe.

Espacios que, por cierto, pueden ser de una modernidad incuestionable, como nos enseñaron hace ya muchas décadas tipos como Roberto Burle-Marx. Para ser moderno no hay que ser antipático.

Pero pasear en mi ciudad bajo una vieja arboleda equivale a temer por su futuro. Son ya demasiados los arboricidios que registran las crónicas como para bajar la guardia. Porque parece existir un pacto para que los árboles de las aceras malagueñas no crezcan mucho más allá de un par de décadas; y hay que admitir que en esto la administración no está sola. En nuestra cultura está arraigado el sentimiento de que lo público no es de nadie –a diferencia de otros lugares, en los que lo público es de todos– y en nuestra calle todos queremos árboles, excepto frente a nuestra ventana–. Y que éstos no sean sometidos regularmente a podas extremas es interpretado como dejadez por parte del Ayuntamiento.

Además, hay que añadir que el plátano de sombra, sin duda la mejor elección para sombrear el asfalto, ha sido sentenciado: aquí, cada vez que un ejemplar es arrancado, se le sustituye por un almez. No faltarán informes que cuestionen su salud o idoneidad (lo que no es de sorprender tras ser cuidados a base de serruchazos extemporáneos y desproporcionados) pero hagan ustedes mismos el experimento: paseen bajo una arboleda consolidada de plátanos. Háganlo después bajo una alineación de ficus, otra de jacarandas y otra de naranjitos.

Y, en este sentido, varios milenios de experiencia avalan la elección: no hay otro árbol mejor que el plátano de sombra para crear un paseo arbolado. La especie humana ha ido rodeándose desde la antigüedad remota de acompañantes de otras especies, animales y vegetales, para diversos propósitos: alimentarse, cuidar el ganado, cazar... y proporcionarse sombra. Persas, griegos, romanos, monarcas absolutos o reyes ilustrados no pueden estar todos equivocados.

Desde la antigüedad, el plátano de sombra es nuestro mejor amigo: frescor en verano, poesía en otoño, calidez en invierno, promesas en primavera. Troncos esculturales de bellas tonalidades y copas airosas. Si se las deja crecer en razonable libertad, claro.

Paseos arbolados como el que encabeza estas líneas. Nuestra mejor arboleda, nuestra última arboleda. Amenazada por soterramientos, proyectos de infraestructuras varios e informes especializados de tráfico o de Parques y Jardines; y casi convertida en autopista urbana. Un verdadero oasis un domingo temprano, cuando no haya tráfico rodado.

Concluyamos, pues, entonando el cántico junto a Jerjes I, Gran Rey de Persia, que a la sombra de un gran plátano exclama «no hay sombra de vegetal alguno tan querida, amable y suave»; pensamiento recogido por Heródoto y que posteriormente narraría musicalmente Haendel en su ópera Serse:

Frondi tenere e belle / del mio platano amato / per voi risplenda il fato.

Tuoni, lampi, e procelle / non v'oltraggino mai la cara pace, / né giunga a profanarvi austro rapace.

Ombra mai fu / di vegetabile,

cara ed amabile, / soave piú.

*Luis Ruiz Padrón es arquitecto

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