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Inauguración

El metro y sus trabajadores

Después de meses de pruebas, ha llegado el momento esperado de poner en práctica todo lo aprendido de cara al público

Susana Díaz, Francisco de la Torre, Elena Cortés y Ana Pastor con Verónica Ganado, la única mujer de la plantilla de conductores.

Susana Díaz, Francisco de la Torre, Elena Cortés y Ana Pastor con Verónica Ganado, la única mujer de la plantilla de conductores. / Arciniega

Matías Stuber

­El primer día en un trabajo siempre es especial. La ilusión por empezar y las ganas de devolver la confianza a los que han creído en uno se mezclan con los nervios que afloran para agarrarse al estómago. Nadie quiere fallar. Menos cuando se trata de una puesta en escena tan esperada como lo ha sido en esta ocasión. No todos los días se estrena un metro. Hasta ahora, tan sólo siete veces en España. Imaginando a toda una ciudad como testigo, muchos de los trabajadores que conforman la plantilla del metro Málaga acabaron dándole vueltas a la almohada por no poder conciliar el sagrado sueño en la noche del martes al miércoles.

Este metro es una de las infraestructuras más modernas y avanzadas tecnológicamente que existen ahora mismo en España. Tanto los trenes como cada estación están equipados con lo último que ha dado de sí la ingeniería ferroviaria. Pero no existe la efectividad sin control. De poco sirve la mejor tecnología, si detrás no hay un equipo humano capaz de darle sentido. En este caso son unos 230 trabajadores, -119 de plantilla fija, y el resto de empresas auxiliares-, los que le ponen cara al metro de Málaga. Detrás de cada uno, una historia distinta. Todas con el denominador común de haber encontrado en el metropolitano la estabilidad deseada en unos tiempos que no se perfilan como los mejores para encontrar un empleo de calidad. Muchos son los que cada vez tienen que trabajar más para acabar ganando menos. En ese sentido, los afortunados de haber podido subirse a este tren, nunca mejor dicho, pueden sentirse afortunados. La financiación pública del metro está garantizada hasta el año 2042. Con ella, también, los empleos ligados a esta infraestructura que ayer vio la luz con un cierto retraso sobre lo previsto.

Las caras del metro

Los encargados de evitar las demoras en el día a día son desde ya los 70 maquinistas que guiarán los trenes. Doce kilómetros de vía les esperan de ahora en adelante todos los días. Mención especial se merece Verónica Ganado, la única mujer de la plantilla de conductores. Ayer se eternizó en el libro de historia de la ciudad. Sobre esta joven, originaria de Vitoria, recayó la responsabilidad de realizar el viaje inaugural. Sin champán, pero con la adrenalina y la emoción de las grandes ocasiones, trasladó a los primeros viajeros. En el olvido quedaron así los meses de formación teórica y práctica por los que tuvieron que pasar cada uno de estos maquinistas. «Desde que firmamos los contratos en enero, empezó un largo proceso de aprendizaje que nos ha llevado hasta aquí», explica Jorge Olgoso. Con 27 años, este malagueño es uno de los conductores más jóvenes. Le cuesta esconder la satisfacción que le produce formar parte de este equipo. Metro Málaga ya ha conseguido una de las grandes estrategias corporativas: fomentar el orgullo de pertenencia. Así lo siente también Juan Antonio Ortega. Malagueño de 40 años, fue hasta hace poco técnico asistente en comunicación. Cumple así, como todos los demás, el requisito de poseer una formación técnica. «Para mí, poder trabajar en el metro supone un nuevo salto de calidad en mi vida», comenta, rodeado de sus compañeros. Ayer, todos cumpliendo con el dress code de las citas importantes. Traje negro impoluto y corbata verde a juego.

Pero el metro es mucho más que sus conductores. En la boca del Perchel se encuentra la oficina central de la Atención al Cliente. Un punto neurálgico en el que confluirán las dudas y las críticas de los usuarios. Al frente se encuentra Antonia Bravo. Lleva diez años de cara al público. Con una sonrisa que lo corrobora, explica que «intenta facilitarle la vida al usuario en todo lo que puede». Ella sí cree que los malagueños tienen ganas de metro: «El interés ha ido subiendo constantemente. Las jornadas de puertas abiertas fueron un éxito». No todo salta a la vista. El metro de Málaga está plagado de trabajos que pasan desapercibidos. Es el caso de los encargados del mantenimiento. Nadie los echaría de menos hasta que dejaran de recoger la basura un día. También sucede con los encargados de la seguridad. Éstos tienen en Ramón Madero a su jefe. «Llevo nueve años en el metro, desde los comienzos. Hoy se hace realidad el proyecto de mi vida», explica. Desde ayer, lo comparte con unos 230 compañeros más.

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