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Acto institucional

Tregua política en la puesta de largo

De la Torre, Díaz, Pastor, Cortés y Valderas salen por los tornos de la estación de El Perchel, seguidos por todos los cargos políticos que se dieron cita ayer en la inauguración del metro.

De la Torre, Díaz, Pastor, Cortés y Valderas salen por los tornos de la estación de El Perchel, seguidos por todos los cargos políticos que se dieron cita ayer en la inauguración del metro. / A. Zea / Arciniega

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

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Si necesita corregir actitudes poco edificantes. Si tiene que enterrar el hacha de guerra. Dejar de tirarse trastos a la cabeza con el de enfrente. O que los abrazos hagan olvidar años de exasperante confrontación... No lo dude, organice un acto de inauguración. La crónica del histórico día de ayer, en que el metro de Málaga por fin entró en servicio, puede resumirse con estas claves. Nadie se quiso echar en cara las culpas de los retrasos ni el sobrecosto de una obra que tenía que haber echado a rodar hace cinco años, si bien, en los discursos institucionales, hubo pinceladas de tensión. Pequeñas puyas respecto a la financiación, los cambios del proyecto en superficie y bajo tierra... o el metro interruptus en la Alameda.

La ministra de Fomento, Ana Pastor, aprovechó su intervención para destacar el compromiso de Mariano Rajoy con Andalucía, con la Costa del Sol y con Málaga en particular, una apuesta que, según dijo, se ha plasmado en una inversión en obra pública cercana a los 4.000 millones en lo que va de año, «la primera comunidad» de España.

Estas palabras hicieron saltar como un resorte a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que en su turno, no dudó en replicar saltándose el discurso que tenía preparado y pidiendo a la titular de Fomento que «cuando se pongan los datos de inversión en Andalucía se ponderen por la población».

Por lo demás, muy bien gracias. Muy pocos quisieron faltar a la cita -aunque entre las ausencias, las hubo destacadas- y las intervenciones venían a poner el acento en que el metro, la mayor infraestructura de la historia de Málaga, es fruto del consenso institucional. Sin anestesia. Muchos vecinos de las zonas afectadas durante años por las obras se preguntarán ahora por qué los políticos y los técnicos de la Junta y del Ayuntamiento no demostraron una mayor diligencia y agilidad en alcanzar tal aquiescencia. Porque el metro ha venido precedido durante los últimos años de kilómetros de polémicas que han dilatado su construcción hasta la

desesperación.

Ayer, sin embargo, estas circunstancias parecían quedar en segundo plano. Todos eran buenos. Todos amigos. Qué menos que ayer. El alcalde, Francisco de la Torre, fue de los primeros en llegar. Y lo hizo acompañado por una legión de concejales, que fueron llegando poco a poco a las cocheras del metro, en Los Asperones, donde iba a arrancar el acto a las 10.30 horas. Entre ellos, Mario Cortés, el nuevo portavoz del equipo de Gobierno municipal, Raúl López, concejal de Movilidad, Julio Andrade, Francisco Pomares, María del Mar Martín Rojo, Ana Navarro, Mariví Romero, Teresa Porras, Eva Sánchez, Luis Verde...

Por parte de la Junta, la cohorte de consejeros que siguió a Susana Díaz no le fue a la zaga. Hasta seis se dieron cita ayer en Málaga para participar de esta tan anhelada jornada: además de la lógica presencia de la consejera de Fomento, Elena Cortés (que lucía un pequeño pin con la bandera palestina en su blusa negra), acudieron Diego Valderas, Luciano Alonso, Rafael Rodríguez, José Sánchez Maldonado y Manuel Jiménez, que actuaron de escuderos de Díaz. Entre estos lugartenientes, también estuvo el viceconsejero de Fomento, José Antonio García Cebrián.

Sin duda son las instituciones principalmente responsables del metro de Málaga, para lo bueno y para lo malo, aunque su construcción ha contado con financiación del Gobierno central y del Banco Europeo de Inversiones. Los comentarios más escuchados ayer en cada corrillo, en cada saludo, eran redundantes y fluctuaban entre «hoy es un día histórico» y el «ya era hora».

Alguien que se mostraba especialmente efusivo y feliz era Enrique Urkijo, director del metro de Málaga entre 2004 y 2009, y que no quiso faltar y comprobar in situ cómo buena parte de su obra se ponía en marcha. Entre los históricos del metro, también estuvieron Juan Ramón Casero, edil que entendió que era necesario llegar a acuerdos con la Junta, y quienes durante años formaron parte del equipo técnico del área de Tráfico del Ayuntamiento: José Gordo, Javier Bootello o Miguel Ruiz, actual gerente de la EMT.

Estuvo Urkijo, pero no Enrique Salvo, director del metro entre noviembre de 2009 hasta junio de 2012, cuya labor fue determinante para avanzar en unas obras enquistadas y que dejó al 85 por ciento de su ejecución. La experiencia le ha hecho querer apartarse de un proyecto que es casi más suyo que de nadie. O Concepción Gutiérrez, la consejera de Obras Públicas de la Junta que apostó en su día por desarrollar el metro. La actual diputada nacional tampoco asistió a la histórica jornada de ayer y hubo quien la echó en falta.

Pasarela política

La pasarela política de ayer no solo incluyó a representantes públicos. También de los partidos. Y de los sindicatos. Y del mundo empresarial y de los colegios profesionales. Enumerar uno por uno a las distintas autoridades y personalidades que asistieron ayer a las cocheras y se subieron a los primeros trenes es prolijo. Pero el lector ya se puede hacer una idea. Por partes, asistieron el presidente de la Diputación y del PP malagueño, Elías Bendodo; la delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, y el subdelegado del Gobierno en Málaga, Jorge Hernández Mollar. Los portavoces de los grupos de la oposición del Ayuntamiento: María Gámez y Eduardo Zorrilla. El presidente del PP en Andalucía, el malagueño Juan Manuel Bonilla Moreno; el secretario general del PSOE de Málaga, Miguel Ángel Heredia, y el coordinador provincial de IU, José Antonio Castro. Estefanía Martín Palop, coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer y flamante secretaria de Formación en la nueva Ejecutiva Federal del PSOE de Pedro Sánchez, tampoco quiso faltar. Ni Francisco Conejo, portavoz del PSOE en la Diputación y miembro de la ejecutiva regional socialista.

También acudieron parlamentarios andaluces, como Remedios Martel, Enrique Benítez o los populares Ana Rico y Antonio Garrido Moraga, con sombrero y gafas de sol. Y Trinidad Jiménez, diputada en el Congreso por el PSOE. Y delegados provinciales, entre ellos el del Gobierno andaluz, José Luis Ruiz Espejo, así como Daniel Pérez, Marta Rueda, Javier Carnero o Patricia Alba. Por supuesto también Manuel García Peláez, que ha llevado el peso de las últimas negociaciones como delegado territorial de Obras Públicas, junto al gerente de la Agencias de la Obra Pública de Andalucía (Aopan), Antonio Tallón.

Javier González de Lara, presidente de la CEA, ocupó un lugar destacado en el protocolo. Fue el máximo representante del mundo empresarial, junto con la secretaria general de la CEM, Natalia Sánchez, y el presidente de la Cámara de Comercio, Jerónimo Pérez Casero. De los sindicatos asistieron Antonio Herrera (CCOO), Auxiliadora Jiménez (UGT) y Joaquín Pérez (CSIF).

Los primeros en tomar la palabra fueron Javier Pérez Fortea, el presidente del Metro de Málaga, y Carlos Guille, director general del Banco Europeo de Inversiones, quien reconoció que el metro le había dado muchos dolores de cabeza, aunque ayer se sentía verdaderamente orgulloso.

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