28 de septiembre de 2014
28.09.2014
Acoso escolar

Bullying, el enemigo en clase

Mas de 10.400 escolares malagueños de entre 6 y 16 años son o han sido víctimas de acoso escolar

28.09.2014 | 05:00
La clave para terminar con el acoso es comunicarlo a los adultos.

­Menores que destacan con su expediente académico, jóvenes con un aspecto físico determinado o una personalidad que deja entrever cierta vulnerabilidad, cualquier característica hace que un escolar se convierta en el blanco perfecto de humillaciones.

La vuelta a las aulas se convierte para muchos en una auténtica tortura y los expertos cuantifican en un seis por ciento la cifra de alumnos entre 6 y 16 años que son víctimas del conocido acoso escolar, es decir, más de 10.400 alumnos de Primaria y Secundaria son o han sido perseguidos por el bullying en los centros educativos de la provincia. El problema se agrava porque la mayoría no se atreve a hacerlo público. El portentaje de denuncias es mínimo.

La asociación Prodeni trabaja desde hace 25 años para defender los derechos de los menores y uno de los aspectos que abordan es el acoso escolar, un término del que se tiene conciencia social desde hace apenas diez años. El entonces adolescente de 14 años Jokin Ceberio, de Guipúzcoa, se quitó la vida en 2004 para poner fin a las vejaciones que vivía a diario en el colegio. Fue el primer caso en España en el que se reconoce el acoso escolar.

Aun así, el portavoz de Prodeni, José Luis Calvo, explica que se trata de un mal que existe en las aulas desde hace muchos años y recuerda cómo en los años 90 un joven se suicidó en la provincia a causa de la presión en las aulas y fuera de ella, un caso que no saltó a los medios de comunicación pero que la asociación conoció al acudir la familia a solicitar ayuda.

Menores tímidos, que muestran gran vulnerabilidad e indefensión y con poca habilidades para comunicarse son los que suelen convertirse en víctimas. «Cualquier circunstancia que los diferencia es contemplada como un motivo en vez de plantearse que la única causa de ese acoso es el mal comportamiento y la actitud insolidaria del resto», narra el portavoz. Y es que en las aulas, el acoso escolar cuenta con tres posibles papeles a tomar: agresor o agresores, víctima y espectadores. «Si alguno de los espectadores en clase diera la voz de alarma es posible que el conflicto terminase», incide José Luis Calvo, que estuvo dedicado a la docencia más de 30 años y dirigió a lo largo de su carrera un centro ubicado en Palma Palmilla.

Ha visto todo tipo de casos. Conoce algunos en los que la víctima ha sabido resolverlo solo en clase al imponerse o no hacer caso a la situación, y otro en los que el agresor ha destruido por completo la autoestima de la víctima, hasta llegar a la Fiscalía por traspasar los insultos y culminar con una agresión física.

La repulsa social y los esfuerzos institucionales han hecho que el número de casos disminuyan pero aún no han desaparecido y el mal uso de las redes sociales se ha convertido en una nueva herramienta para extorsionar.

«Si alguna familia llega aquí es porque el sistema está fracasando». Así de contundente se posiciona José Luis Calvo al preguntarle sobre el procedimiento de Prodeni al llamar a su puerta alguna familia.

Les informan sobre los elementos legales y sus propios derechos, les orientan sobre qué pasos deben seguir y si fuera necesario hacen escritos a la delegación pertinente e inspector para que tome cartas en el asunto y tengan en cuenta que la familia tiene un respaldo.

No sabe a cuántas familias han orientado a lo largo de su trayectoria en Prodeni pero son «bastantes». Normalmente, cuando acuden a nosotros, ellos ya han tratado el asunto con el centro pero no han recibido solución alguna. «Tenemos que entender que la mayoría se resuelven y los que llegan indican dónde están los errores y uno de ellos es no asumir lo que sucede por poner en juicio la honorabilidad de la institución», expresa.

El procedimiento más usual por parte de las administraciones es facilitar el cambio de centro, detalla. «No es una solución, los acosadores esperan para encontrar a una nueva víctima y volver a hacerlo».

Conoce los dos puntos de vista al haber estado en las aulas y para José Luis el principal problema radica en que los profesores han perdido su función como educadores y tienen un rol más académico. «El profesor tiene que ser el primer factor que dirija la operación de desactivación de cualquier conflicto. Es la solución más eficaz e inmediata», sentencia. Y es que en muchos casos se niegan los hechos que manifiesta el menor –en caso de contar lo que sucede– y se responsabiliza a la víctima de ser la provocadora, según detalla el portavoz de la asociación.

«El fracaso del sistema se manifiesta cuando el problema sale del centro», sentencia.

Una red para frenar este mal en las aulas

Andalucía cuenta con un gabinete de asesoramiento para la convivencia y la cultura de paz que interviene, junto con la inspección educativa, cuando la dirección del centro en cuestión no ha podido resolverlo. Los casos más habituales a los que se enfrentan son conductas con violencia física y/o verbal entre alumnado, desobediencia o violencia del alumnado hacia el profesorado, violencia física y/o verbal de la familia hacia el profesorado, conductas con violencia física y/o verbal de la familia hacia otros miembros, mala integración escolar en el aula o en el centro, indicios de acoso escolar o constancia de ciberbullying (uso de NNTT como herramienta para el acoso). Cada caso se estudia con detenimiento y hay veces que existen casos que no se pueden clasificar en la relación anterior, según indicaron desde la delegación de Educación.

Málaga es la provincia con más centros reconocidos por la Consejería como de convivencia positiva.

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