Medalla de la Ciudad
Colegio San Manuel: más de siglo y medio de entrega
El Colegio San Manuel recibe la Medalla de la Ciudad por una labor basada en llevar la educación a las capas de la sociedad menos favorecidas

Carmen Estrella, directora del colegio, recogió ayer el reconocimiento que le fue entregado por el alcalde, Francisco de la Torre. / Gregorio Torres
Matías Stuber
Con unanimidad se le concedió ayer en pleno extraordinario la Medalla de la Ciudad al colegio San Manuel. La máxima distinción que puede otorgar la ciudad es un reconocimiento sincero a la labor de una comunidad que llevó la educación a los sectores más desfavorecidas de la sociedad malagueña.
El alcalde, Francisco de la Torre, resaltó la importancia que tienen las Hermanas de la Caridad en la materia educativa para la ciudad de Málaga. «Yo quiero agradecerle a las hijas de la Caridad su enorme labor al frente de las tareas educativas, una hermosa labor que ustedes, además, impregnan de solidaridad», se dirigió a Carmen Estrella Torres, directora del centro. Ella fue la encargada de recibir de manos del alcalde la medalla de máxima distinción. «Desde mi más profundo ser brota un sentimiento de alegría, al poder recibir en nombre de todo el colegio este reconocimiento», manifestó la directora actual del centro. Es el ejemplo personificado de una vida dedicada a la enseñanza de los que menos posibilidades tienen. Ayer fue un día de emociones fuertes.
Carmen Estrella Torres se levantó temprano, como suele hacer todas las mañanas desde hace más de treinta años. No eran ni las seis, pero ayer fue un día especial y la mezcla entre nervios y sentimientos de nostalgia la atenazaron un poco y le robaron algunas horas de sueño. Iba a ser la cabeza visible de un reconocimiento a 155 años de historia viva de la ciudad. Eso la tenía incomodada. En su fuero interno ya sabía que el acumular el protagonismo no calzaba con los votos de humildad que caracterizan a las hermanas. «Me ha tocado a mí recibir este premio, pero por aquí han pasado muchas personas», quitó importancia a su puesta en escena. Son 155 años en los que hermanas, profesores y padres no han querido agachar la cabeza ante avatares económicos históricamente penosos. Son éstos los que caracterizan la zona en la que está ubicado el Colegio San Manuel. El Bulto ha sido tradicionalmente un barrio obrero en el que se ganaba el pan con el sudor de la frente. En la actualidad, cuenta con más de 600 alumnos, 46 profesores y una decena de nacionalidades conviviendo bajo un mismo techo. Abarca la enseñanza desde Infantil hasta la Educación Secundaria.
La obra de doña Trinidad Grund
Castigada duramente por los caprichos del destino, Trinidad Grund pierde en pocos años a su marido Manuel Agustín Heredia Livermore, y poco más tarde a su hijo Manuel. Por si no fuera suficiente, la fatalidad le acabaría arrebatando siete años más tarde a sus dos hijas. Decidiría poner fin a su existencia de duermevela volcándose con el sueño deseado por su esposo fallecido. A los pocos meses de inaugurarse en 1852, el colegio ya lo llevaban las Hijas de Caridad de San Vicente de Paul. El asilo cambia de dueño a principios del siglo XX y se convierte en propiedad de los Larios. Fue en ese época cuando formalmente se ceden los terrenos a las Hijas de la Caridad. «El colegio no es nuestro, lo tenemos en usufructo», explica la directora Carmen Estrella. La única condición era tan simple como bondadosa. Seguir educando a huérfanos pobres. No fue hasta 1970 cuando desaparece definitivamente el orfanato y San Manuel se convierte en centro educativo.

El Colegio San Manuel, en la calle Fernán Núñez, con la iglesia diseñada por Fernando Guerrero Strachan en los años 20 del siglo pasado. / JAVIER ALBIÑANA
Pero la tónica sigue siendo la de ayudar al más necesitado. Entre los alumnos hay muchos niños de familias castigadas por la crisis. La prioridad siguen siendo los más pobres. En El Bulto reina la modestia. La zona ha cambiado, pero muchas alumnos dependen del colegio para desquitarse las puñaladas que pega el hambre. Esa sigue siendo la triste realidad. «De los 200 niños que tenemos actualmente en el comedor, unos 50 están comiendo de manera gratuita», afirma la directora de este centro. Entre los 46 profesores, la mayoría llevan toda su vida ligada al Colegio San Manuel y se sienten plenamente identificados con la labor realizada. Esquivar continuamente contratiempos económicos ha creado fuertes vínculos entre el personal, que disfruta de un verdadero clima familiar.
El adjetivo encaja bien y esto empieza a manifestarse siempre en otoño, cuando la caída de las ojas caducas da inicio a las numerosas fiestas que se organizan en este centro. Una curiosidad que sobrevuela este colegio es el hecho de que en el santoral no haya realmente ningún San Manuel. El recuerdo a los dos hombres más importantes de su vida son seguramente la razón que hizo que Trinidad Grund eligiera este denominación. Siguen en la memoria de Málaga.
Un colegio en honor a su hijo y a su marido
En 1852, Trinidad Grund pierde a su marido, Manuel Agustín Heredia Livermore, y poco después a su hijo Manuel. No sería la última desgracia, pues también perdería a sus dos hijas. Siete años más tarde, funda el Asilo de San Manuel, muy cerca de la fundición de los Heredia. Un homenaje a los fallecidos.
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