26 de diciembre de 2014
26.12.2014
Tribuna

La estatua de Manuel Agustín Heredia

Oriundo de la Rioja, empezó como dependiente en una casa de comercio, pero pronto fundó su propia compañía mercantil

26.12.2014 | 05:00
La estatua de Manuel Agustín Heredia

La reciente restauración de la estatua de Manuel Agustín Heredia, situada en la avenida que lleva su nombre, pone de actualidad a un personaje cuyo perfil biográfico y trayectoria empresarial son bien conocidos. Oriundo de la Rioja (nació en Rabanera de Cameros en 1786), llegó a Málaga en los primeros años del siglo XIX, seguramente ayudado por parientes afincados en la costa meridional. Empezó como dependiente en una casa de comercio, pero pronto fundó su propia compañía mercantil. Su buena estrella comenzó en los años de la guerra contra Napoleón y la independencia de Hispanoamérica, durante los cuales consiguió grandes beneficios en el comercio internacional. En 1825 era ya un rico comerciante, capaz de iniciar una aventura más arriesgada, la actividad industrial. Heredia promovió en Málaga empresas en el sector siderúrgico (ferrería La Constancia), textil (Industria Malagueña) y químico, además de participar en sociedades de seguros, transportes y banca. Al morir en 1846 era dueño de una de las mayores fortunas de España. Cánovas del Castillo lo caracterizó de la siguiente forma: «Persona muy notoria, así por sus singulares servicios a la industria y a la navegación españolas como por su cuantiosa y bien adquirida fortuna, no sólo en Málaga sino en toda España y fuera de ella».

Años después de su muerte, sus descendientes decidieron dedicar un monumento al personaje para perpetuar su memoria en la ciudad donde llevó a cabo sus empresas más importantes.

El modelo fue encargado al escultor José de Vílchez y fundido en hierro en la ferrería La Constancia. La estatua fue colocada en un pequeño jardín situado junto a la entrada de la fábrica, de forma que visitantes y trabajadores pudieran contemplar la efigie del fundador.

La escultura nos presenta al personaje a semejanza de un patricio romano, con rasgos de firmeza, energía y seguridad, como corresponde a un hombre que se hizo a sí mismo y que llevó a cabo grandes realizaciones empresariales gracias al tesón, la perseverancia, el esfuerzo y el trabajo; cualidades resumidas en la inscripción «constantia et labore» que aparece en el pergamino sostenido por la mano izquierda de la estatua. Se trataba, en efecto, como ha escrito J.A. Sánchez, de hacer un monumento para glorificar al industrial, al empresario y hacer duradera su memoria.

Vílchez modeló, además, unos relieves con alegorías de los negocios del Heredia –la industria, el comercio y la navegación–, que fueron colocados en los laterales del basamento de la estatua, y unos plafones para las partes anterior y posterior con una alegoría de las artes y una representación de tánatos, el dios de la muerte, respectivamente.

El monumento se mantuvo en el lugar inicial hasta principios del siglo XX, en que los descendientes de Heredia lo ofrecieron al Ayuntamiento de la ciudad. Hubo entonces distintas propuestas. Para algunos la estatua debía permanecer en el lugar donde estaba emplazada; otros eran partidarios de su traslado a un lugar menos apartado. Cuando en 1912 esta cuestión se debatió en el Ayuntamiento, Pedro Armasa argumentaba así: «En los paseos de Málaga se observa por todos la carencia de estatuas y si la familia del señor Heredia nos da la figura, nosotros, que estamos obligados a contribuir al embellecimiento de estos paseos, debemos emplazarla en lugar preferente». En defensa del traslado se aducía además otra razón; la fábrica de Heredia había sido vendida a un grupo extranjero y no parecía apropiado mantener la efigie del fundador junto al establecimiento fundado por él. Finalmente, en 1923, la estatua fue colocada en el parque de la ciudad, pero cinco años más tarde fue trasladada a la avenida que lleva el nombre del personaje, donde aún permanece.

La estatua inspiró un poema a la escritora Julia B. Golquena, poetisa poco conocida, cuya vinculación con Málaga está por precisar. Sabemos que publicó poesías en la revista Lope de Vega, dirigida por el malagueño Antonio Luis Carrión, y en La Moda Elegante, editada en Cádiz entre 1842 y 1868 y a partir de entonces en Madrid hasta su desaparición en 1927.

Fue en esta revista, La Moda Elegante, en el número del 30 de abril de 1872, donde se publicó el poema titulado Delante de la estatua de don Manuel Agustín Heredia.

Se trata de una extensa composición en la que la autora, coincidiendo con el sentido que se pretendió dar a la estatua, hace un canto al trabajo y a la constancia. Tras pasar revista al legado de las antiguas civilizaciones –Egipto, Grecia, Roma– y del cristianismo, la poetisa condena las guerras, incluidas las de su siglo –contiendas napoleónicas y las generadas por unificación de Alemania e Italia– y reivindica como valores superiores la ilustración, el trabajo fecundo y la constancia, es decir los valores que presidieron la vida y la obra de Manuel Agustín Heredia.

"Con trabajo y con constancia

¿qué se resiste al hombre?

Ambos unidos son la gran palanca

que los montes remueve en sus cimientos

que rocas seculares pulveriza

que, infatigable, arranca al saber sus misterios".

La realidad industrial de Málaga en las décadas centrales del siglo XIX, resultado en buena medida de las iniciativas empresariales de Manuel Agustín Heredia, es para la autora un ejemplo de la aplicación de dichas virtudes. Con constancia y con trabajo Heredia ascendió desde la base a la cúspide de la pirámide social. Su fortuna produjo beneficios y atenuó adversidades. La estatua es un reconocimiento al «héroe del trabajo».

"Aquí al confín de mi querida España

existe una ciudad que, placentera,

del viejo Gibralfaro en la colina

su sien reposa, alegre, y sus pies baña

del mar Mediterráneo en la ribera.

En medio de las flores con que borda

eterna primavera

la alfombra pintoresca de sus campos,

cual templos de la industria, se levantan

cien fábricas que, pródigas, esparcen

del humo la extendida penachera.

Sus altivas agujas

que prestan el respiro

al cansado vapor que las sostiene,

forman la corte espléndida y lucida

de una estatua entre ellas erigida.

No allí de un héroe el triunfo se pregona,

no lucha allí el poder con el olvido;

esa estatua es el ara que levanta

el genio de la industria agradecido

de un héroe del trabajo a la memoria

noble figura de su limpia historia.

"Con trabajo y constancia todo es fácil":

éste fue el lema de su honrada vida.

Con trabajo y constancia

desde su humilde cuna oscurecida

a la cumbre se alzó de la abundancia

y pudo a manos llenas

ya bienes prodigar, ya aliviar males,

a sus hijos legando

de gratitud recuerdo venerando

de Málaga industrial en los anales".

Escultura y poesía contribuyeron a ensalzar la figura de Manuel Agustín Heredia. En 1872, un cuarto de siglo después de su muerte, cuando se publicó este poema, el recuerdo del personaje y de sus realizaciones en el mundo de los negocios permanecía vivo. Ya en aquel momento Heredia era considerado como uno de los grandes empresarios españoles de la primera etapa de la industrialización.

*Cristóbal García Montero es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga

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