21 de febrero de 2015
21.02.2015
Sucesos

Un muerto, pista clave hacia la droga caníbal

El fallecimiento de un finlandés en un hotel malagueño en julio de 2013 marcó a la policía el camino para llegar al mayor alijo de droga sintética de Europa

21.02.2015 | 05:00
Imagen de parte de la sustancia intervenida en la operación.

Hay cinco detenidos y pirovalerona suficiente para preparar más de 200.000 dosis

El hallazgo hace unos días del mayor alijo de droga caníbal de Europa en Fuengirola fue posible después de que se localizara, el 14 de julio de 2013, el cadáver de un finlandés de 48 años en un hotel malagueño, una muerte debida a una parada cardiorrespiratoria. Ésa fue la pista clave, el hilo del que tirar para desmadejar una organización que traficaba tal vez con una de las sustancias más letales para la salud y que provoca un desaforado nerviosismo y arrebatos de violencia extrema en quienes la consumen.

Un día después de que La Opinión de Málaga informara en exclusiva de la existencia del alijo, la policía asegura que ese cadáver hizo encajar las piezas del puzle, ya que en la solitaria habitación del hotel en el que murió se encontraron además 450 gramos de pirovalerona. A partir de ahí, sólo había que andar el sendero al que apuntaban los indicios y los investigadores pudieron atar los cabos sueltos.

En total, el alijo hallado un año y ocho meses después de la localización de aquel cadáver es de 1.024 gramos de MDPV, una cantidad de la que pueden llegar a salir casi 205.000 dosis de esta sustancia que lleva al borde de la locura a quien la consume, causando estragos similares a los de la cocaína o las anfetaminas pero multiplicados exponencialmente. Otros nombres que la designan son sales de baño, ola de marfil, bendición o cielo de vainilla. Sólo en Noruega o Turquía se han localizado mayores sumas de este estupefaciente.

La operación ha sido desarrollada conjuntamente por la Policía Nacional y la Policía Central Criminal de Finlandia a lo largo de un año y medio largo y hasta la fecha han sido detenidas cinco personas que pertenecían a la red, que, por cierto, adquiría la droga en Asia.

Una vez encontrado el cadáver que abrió la investigación, las policías de ambos países, en el marco de Eurojust y con la participación de Europol, detuvieron a un finlandés de 39 años que había usado documentación de otra persona para recoger un paquete postal que contenía 1.024 gramos de la mencionada droga.

Luego, los agentes dieron un golpe operativo en Fuengirola que hizo tambalearse a la organización criminal, de forma que fue detenido el cabecilla, un individuo de 48 años; su lugarteniente, de 43 años, y otras dos personas que servían de enlace o correos para los anteriores. En total, se hicieron cuatro registros domiciliarios, tres de ellos en la Villa Blanca, y uno más en Benalmádena, en los que se intervino material informático, bolígrafos de gas pimienta y diversa documentación.

La organización captaba compradores mediante el envío, desde Málaga a Finlandia, de muestras de pirovalerona y derivados, y cuando el cliente mostraba su disposición a adquirir esta sustancia estupefaciente, ingresaba la mitad del precio en una cuenta bancaria a nombre de algunos de los integrantes de la red.

Una vez que la organización recibía la mitad del dinero, que llegaba como maná del cielo, el comprador se trasladaba hasta la Costa del Sol desde Finlandia, entregaba el resto de la suma y recibía su mercancía, tras lo que se volvía al país nórdico con la droga lista para consumir.

La pirovalerona era comprada en mercados asiáticos y desde allí se enviaba tanto a la capital como a Fuengirola, sustancia que luego era colocada a un precio muy superior a clientes finlandeses y de otros países nórdicos. Ello reportaba altísimos beneficios económicos a los criminales, «incluso mayores que con el tráfico de otro tipo de estupefacientes», informan las fuentes policiales.

Los efectos psicológicos y conductuales de esta sustancia son tan importantes y devastadores que el Ministerio de Sanidad habla de psicosis paranoide, taquicardia, hipertensión, diaforesis, problemas respiratorios, nerviosismo, alucinaciones, ansiedad profunda, arrebatos violentos, etcétera...

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