23 de febrero de 2015
23.02.2015
Acueducto

La cuarta generación de San Telmo

Javier Aguilar, presidente de la Asociación de Amigos del Acueducto de San Telmo y guarda honorífico se muestra "esperanzado" con la última moción que reactiva el olvidado plan especial para recuperar este Bien de Interés Cultural

23.02.2015 | 05:00
Javier Aguilar pasea hace unos días por los jardines delanteros del puente de los Once Ojos con su hijo Javier, de 16 meses.

Por segunda vez en dos años, todos los grupos políticos del Ayuntamiento han aprobado la recuperación del Acueducto de San Telmo, la obra personal del obispo José Molina Lario que encargó a su paisano turolense José Martín de Aldehuela en la década de 1780. Cierto es que en 2003, el pleno de la Diputación, por unanimidad, también aprobó restaurar la alcubilla del acueducto de calle Refino y ahí sigue, intocable, pero esta vez Javier Aguilar tiene buenas vibraciones: «Me siento esperanzado», confiesa.

Aguilar, presidente de la Asociación de Amigos del Acueducto de San Telmo, es desde 2001 guarda honorífico de la obra pues no cobra por ello. De hecho, en su familia hay guardas del acueducto desde 1919 y su padre Enrique, de 79 años, pese a estar más que jubilado, sigue vigilando esta obra de 11 kilómetros de longitud (5 de ellos en funcionamiento y que sirve a siete regantes) y 20 puentes todavía en pie, de ellos, cuatro enterrados.

La cita tiene lugar junto a uno de los más espectaculares, el puente de los Once Ojos, en Ciudad Jardín cuyo entorno el Ayuntamiento está ajardinando estos días. El presidente de la asociación de amigos viene acompañado por su hijo Javier, que todavía no ha cumplido dos años. «Esta es la cuarta generación de guardas, dice señalándole con orgullo». Y no es retórica. La familia Aguilar ha sido durante muchos años la auténtica garante de este monumento, declarado Bien de Interés Cultural en 2009. Desde que comenzó a vigilar el acueducto, este bombero de profesión no ha parado de alertar de todas las agresiones que ha sufrido la obra y de reunirse con políticos de todos los partidos para intentar salvarla, siguiendo el camino que iniciaron su padre y su abuelo. Las esperanzas de Javier están ahora puestas en la última moción aprobada, la presentada en enero por IU y que pide «reactivar el plan de rehabilitación del Acueducto de San Telmo» para ejecutarlo por fases. La moción también reclama que se inscriban en el registro de la propiedad todos sus bienes muebles e inmuebles a nombre de la Fundación Benéfica Caudal y Acueducto de San Telmo, de la que forma parte la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento, entre otras instituciones.

La reactivación no parece un nuevo brindis al sol. El pasado jueves técnicos municipales visitaron la casa del guarda, donde Javier vive con sus padres, propiedad de la Fundación del Acueducto, salvada en más de una ocasión por los Aguilar de una demolición segura: «La casa sigue existiendo por nosotros, ahí han querido abrir calles y han llegado a estar con máquinas para entrar», destaca.

Además, el próximo miércoles, volverá a reunirse con los técnicos. La idea, cuenta, es que pueda asesorarles sobre el plan especial para salvar el acueducto. «Ahora mismo, de los 15 puentes aproximadamente que hay visibles, sólo se han restaurado dos, el de los Once Ojos y el de los Cinco Ojos o del Nogal, en Huerta Nueva».

El plan especial partirá de la casa del guarda, donde todavía se conserva un conducto de cerámica con una enorme llave para regular el agua, y llegará hasta el comienzo del Acueducto de San Telmo: la presa que toma agua del Guadalmedina (kilómetro 138,5 de la A-5).

Javier Aguilar subraya la importancia de que toda la obra sea registrada como propiedad de la fundación, pues ahora mismo, como recuerda la moción de IU, hay casos surrealistas como que el arca número 2 del acueducto, en la plaza de la Merced, es propiedad de Endesa, que instaló un transformador «por la vía de los hechos» y se apropió de esta obra del XVIII.

También considera vital que el registro lleve aparejado cuatro metros de servidumbre a cada lado para evitar problemas con los propietarios y poder contar con una espléndida ruta de paseo. Javier echa en falta la figura de guarda, que cree imprescindible para preservar esta obra de ingeniería de 225 años y confía en que su hijo Javier, la cuarta generación de guardas, disfrute un día del restaurado acueducto como el resto de malagueños.

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