11 de junio de 2015
11.06.2015
Predimed

Exportar la dieta mediterránea

Investigadores han demostrado que el consumo de aceite, frutos secos, fruta, verduras, legumbres, pescado y carnes magras forma la ecuación perfecta para una dieta rica en proteínas y vitaminas y escasa en grasas saturadas

11.06.2015 | 05:00
Los expertos recomiendan consumir aceite de oliva y frutos secos.

Hace años que la dieta mediterránea acapara los cuadrantes de los nutricionistas y dietistas que velan por la salud de sus pacientes y por que estos reduzcan su peso. En España, oír hablar de las bondades de esta alimentación es como hacerlo de la importancia de tomar fruta, algo inherente y conocido por todos.

Por este motivo, hace unos años un equipo de profesionales del ámbito de la medicina española decidió dar validez científica a lo beneficioso de llevar a cabo esta dieta desde el punto de vista preventivo para problemas cardiovasculares. Los resultados son tan buenos que sus recomendaciones se han incluido en la Guía Americana de Nutrición.

Precisamente ayer por la tarde, el Ateneo de Málaga acogió la ponencia «El estudio Predimed confirma el valor preventivo de la dieta mediterránea», pronunciada por la directora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UMA, Julia Wärnberg.

Esta explicó que el estudio Predimed (PREvención con DIeta MEDiterránea) pretendía averiguar si la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos evita la aparición de enfermedades cardiovasculares en comparación con una dieta baja en grasa. Participaron 7.447 personas mayores con alto riesgo cardiovascular de toda España. Tras 5 años mejorando sus hábitos, se logró un 30% menos de complicaciones cardiovasculares mayores –infarto de miocardio, ictus o muerte cardiovascular– que en aquellos que siguieron una dieta baja en grasas.

«La principal conclusión es que, por un lado, reduce la enefermedad cardiovascular y que, por otro, se puede cambiar el hábito y adaptarse a ella, nunca es tarde», señala la docente. Además, explica que en términos preventivos no hay un solo fármaco o tratamiento preventivo que tenga el mismo efecto. «No estamos corrigiendo una enfermedad que existe, sino previniendo que aparezca».

Por este motivo, los investigadores han elaborado un cuestionario con catorce puntos dentro de la dieta mediterránea que refleja la preferencia del consumo de aceite de oliva, de la ingesta de legumbres tres veces por semana, del consumo de frutas y verduras, de pescados y mariscos otras tantas o de primar las carnes magras por encima de las rojas. También recomienda consumir de manera regular frutos secos, beber vino de manera moderada y tomar sofritos, pues llevan aceite y verduras. «Trabajamos con puntos con los pacientes y, una vez al mes, el dietista los revisa con él y señala los factores en los que hay más carencias, porque el objetivo es que puntúe lo más posible», apuntó.

Y precisamente estas recomendaciones son las que los americanos han incorporado como saludables a sus recomendaciones. «Es difícil adoptar una dieta mediterránea en un país que no lo es por el tipo de alimentos, el aceite no se acepta como única grasa en muchos sitios, porque le ven un sabor fuerte», señala Wärnberg, que advierte que, aún así, es importante que se tenga en cuenta pues, cualquier cambio que incluya alguna de las recomendaciones, les producirá un efecto positivo en su salud.

Además, ante la epidemia de obesidad de este siglo, los investigadores han puesto en marcha un nuevo ensayo titulado Predimed Plus que espera afrontar de manera más específica el problema del riesgo cardiovascular asociado al sobrepeso o a la obesidad.

«Se trata de una intervención multifactorial con dieta, actividad física y terapia conductual sobre el estilo de vida, centrada en la pérdida de peso y en el mantenimiento de la pérdida de peso a largo plazo», explica la investigadora, que señala que en Benalmádena ya han incluido más de 100 pacientes, cifra que en toda la provincia esperan multiplicar por tres a final de año. El próximo reto es trasladar el conocimiento de estos dos estudios científicos a la consulta pública de atención primaria.

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