25 de junio de 2017
25.06.2017
La máquina del tiempo

Los orígenes de la plaza de la Merced

Historia de la plaza en dos entregas, en esta primera, desde los orígenes como arrabal de la Málaga musulmana hasta la conversión de la plaza en el XIX en lugar de reunión con ambiente romántico

27.06.2017 | 00:06
Plaza e iglesia de la Merced.

A continuación, vamos a relatar la historia de esta plaza en dos entregas. En esta primera llegaremos hasta el siglo XIX. Veamos sus orígenes:En tiempos de los árabes, esta zona que los cristianos denominaban el Arrabal, quedaba fuera del recinto amurallado en el cual estaba situada la Puerta de Granada, una de los principales accesos a la ciudad. Por ella entraron los Reyes Católicos el 19 de agosto de 1487.

Entre las donaciones que recibió el primer corregidor de Málaga, Garci Fernández Manrique, obtuvo el solar de la manzana donde, siglos después, estuvieron emplazados los cines Victoria y Astoria, en el que construyó un mesón para alojar a los moros que llegaban a nuestra ciudad, puesto que éstos no podían permanecer de noche dentro del mencionado recinto. Terminada la guerra de Granada, el mesón fue convertido en Hospital, en 1493, bajo la advocación de Santa Ana.

En estos años la plaza era conocida como la del Mercado, puesto que había uno instalado en su recinto, el cual, mediante una Real Cédula de los Reyes Católicos de 28 de septiembre de 1489, fue declarado franco y feriado durante un día a la semana; privilegio que se amplió posteriormente.

Los Mercedarios consiguieron un amplio solar en dicha plaza, en 1507, y en ese mismo año ya estaba terminada la iglesia. Unos años más tarde se construyó el convento denominado de la Merced. Dos siglos después, en 1792, hubo que erigir un nuevo templo. Pero, con la Desamortización de Mendizábal, en 1836, el convento sería ocupado por un cuartel -donde hoy se encuentra el Mercado de la Merced-. Sólo persistió la iglesia convertida en parroquia. Ésta fue incendiada en mayo de 1931 y, sus cuatro paredes, sin techo,.0 resultantes del fuego, permanecieron hasta 1964, año de su demolición.

Este convento quedará en el recuerdo, pues fue el que dio el definitivo y popular nombre a la plaza. En este extenso solar del cuartel, demolido hacia 1860, se construyeron viviendas y, en uno de estos solares, se edificó el Teatro Cervantes, inaugurado en 1870, obra de Jerónimo Cuervo González.

Del año 1565 data el emplazamiento en la plaza del Convento de Nuestra Señora de la Paz; reconstruido en 1745. Desamortizado en 1836 y más tarde demolido, en su amplio solar; José Campos Garín, marqués de Iznate, edificó en dos manzanas, las llamadas Casas de Campos con cinco plantas.

El autor del proyecto era el maestro de obras, Rafael Moreno, aunque a partir de 1870 dirigiría la construcción el arquitecto, Jerónimo Cuervo González.

El edificio es muy conocido, además, porque en el actual número 15 nacería Pablo Picasso en 1881, en la casa situada en la esquina occidental del inmueble, donde se encuentra actualmente la Fundación Picasso.

Siglo XIX

La plaza, cuando adquiere su definitiva apariencia romántica y liberal es a mediados del siglo XIX, en cuya época se llevó a cabo una reforma total, consiguiendo su configuración actual.

El general Riego llegó a nuestra ciudad el 19 de febrero de 1820, siendo hospedado en el número 15 de esta plaza. En el llamado Trienio Liberal -1820-1823-, la plaza recibió el nombre de Plaza de Riego; título que le fue retirado durante la Década Ominosa -1823-1833-. Sin embargo, terminada ésta, siendo gobernador civil de Málaga, Ignacio López Pinto, ordenó reponer dicho nombre de Riego. Esta denominación perduraría hasta mediados del siglo XX recuperando, después de la Guerra Civil, su anterior nombre de Plaza de la Merced.

Por orden del gobernador se inició un primer proyecto de restauración de la plaza. Aunque, éste no llegó a realizarse, pese a publicarse el 17 de agosto de 1833 en el Boletín Oficial de la Provincia.

En el año 1836 ocurrió otro suceso en dicha plaza: el gobernador civil, Juan Gualberto López-Valdemoro y de Quesada, conde de Donadío, huyendo de amotinados, se refugió en el cuartel de la Merced, pero las tropas lo entregaron a aquéllos y fue asesinado por sus perseguidores.

El obelisco a Torrijos

En el año 1838 la plaza presentaba un aspecto desolador. El deseo de honrar al general José María de Torrijos y a sus compañeros, fusilados en las playas de San Andrés el 12 de diciembre de 1831, fue determinante para realizar un obelisco conmemorativo, cuyo proyecto y dirección de obras corrió a cargo del arquitecto Rafael Mitjana, cuya primera piedra se puso el 17 de abril de 1842.

El 11 de diciembre de dicho año fueron trasladados los restos de Torrijos y los 48 fusilados con él; desde el Cementerio de San Miguel, donde, después de bendecida la bóveda subterránea del monumento, fueron inhumados los restos de todos ellos en cinco cajas. Las tres primeras contenían, respectivamente, los cuerpos de Torrijos, López Pinto y Flores Calderón, mientras que, en las dos restantes se repartieron los demás cadáveres. Robert Boyd está sepultado en el Cementerio Inglés.

El monumento consta de un zócalo de piedra rodeado de una balaustrada de hierro con farolas en las esquinas. Sobre el zócalo está situado un basamento con inscripciones en sus dos frentes. Un tercer cuerpo con cuatro grandes relieves, en los cuales están grabados los nombres de los fusilados por la libertad. Encima de este pedestal se erigió un obelisco con una corona de laurel.

Asimismo se instaló, en las playas de San Andrés, una cruz de piedra en el lugar en que fueron fusilados.

Después de la construcción del monumento, al que posteriormente se rodeó con una verja, se iniciaron las obras de embellecimiento de esta plaza. En primer lugar, en 1852, se colocó una puerta de hierro en dicho obelisco. Aunque las obras más importantes y completas se realizaron en 1857, por el entonces arquitecto municipal, José Trigueros. Y en 1858, la plaza se cerca con un pretil de piedra, con una verja de hierro para circunvalar el paseo -realizada en la ferrería La Constancia de Agustín Heredia-, quedando la plaza convertida en un lugar de reunión y ambiente romántico.

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