30 de septiembre de 2017
30.09.2017
Inclusión

La reinserción, el verdadero fin de la cárcel

Un total de dieciséis personas han participado en el Programa InOut, que busca dar una segunda oportunidad a los reclusos para que puedan encontrar un trabajo y reinsertarse en la sociedad

30.09.2017 | 05:00
El participante del programa InOut Adrián Víbora y el dueño de Strachan, Vicente Martínez.

Uno de ellos es Adrián Víbora, cuyo paso por el centro penitenciario le ha hecho darse cuenta de la vida que quiere llevar.

«Tengo tres hijas y no me quiero perder su niñez», reflexiona Adrián Víbora apoyado en la barra del restaurante donde ha conseguido trabajo. Cumple una condena de tres años y diez días por un delito contra la salud pública, pero gracias al programa de reinserción InOut ha podido formarse en hostelería. «Estar en la cárcel me ha hecho ver lo valioso que tengo fuera, no quiero llevar la vida que llevaba antes», dice arrepentido.

Ahora está en el Centro de Inserción Evaristo Martín Nieto, con un régimen de semilibertad que le permite salir a trabajar de lunes a sábado. Trabaja ocho horas al día en una tapería del centro histórico de Málaga, pero aprovecha las horas libres que tiene hasta las 11.00 horas, cuando empieza el servicio. «Salgo del CIS a las 8.30 horas y voy a mi casa, desayuno con mis hijas y las llevo al colegio». Ese es su momento de verdadera libertad.

«Tan solo quiero pagar por lo que he hecho y seguir por el buen camino», explica el malagueño. Con él comenzaron el curso en Operaciones Básicas de Restaurante y Bar diecinueve compañeros más, pero solo dieciséis lo han terminado. Muchos han logrado un empleo gracias a empresarios como Vicente Martínez, dueño del restaurante Strachan. «Todo el mundo merece una segunda, tercera y cuarta oportunidad», explicatras intentar mandar un mensaje al mundo empresarial: «Es gente completamente normal, el riesgo que tienes de contratarlos es el mismo que el de contratar a cualquier otro».

No es la primera vez que Vicente Martínez participa en el programa y contrata reclusos: «He contratado a unas cinco o seis personas y la experiencia siempre ha sido buena», afirma. Adrián Víbora hizo las prácticas en Strachan y Martínez lo fichó. «Me dijo que le gustaba cómo trabajaba y dos días antes de terminar las prácticas me ofreció quedarme en una tapería que tiene al lado de El Pimpi».

Un año atrás su vida era muy diferente. «Cuando entré en Alhaurín me impactó mucho». Estuvo allí cuatro meses de prisión preventiva a la espera de que saliera el juicio. Aquellos meses fueron los peores «la más pequeña de mis hijas, que tiene dos años, está operada de espina bífida y yo no podía parar de pensar en todo».

Hacía cualquier cosa para distraerse, «pedía el turno de limpieza, echaba instancias para apuntarme a cursos...Cualquier cosa menos estar tirado en el patio», dice muy seguro el joven que, a sus 25 años, ha «sobrellevado» su circunstancia lo mejor que ha podido. Al igual que su pareja, con la que lleva ocho años y está «aguantando» la situación. «Tiene que encargarse de las niñas sola, eso es duro», reconoce.

Una nueva oportunidad

Antes de entrar en el centro penitenciario, Adrián Víbora trabajaba como seguridad en discotecas. Ahora, tras ver de cerca el mundo de la hostelería «me gustaría seguir en esto, te comunicas con la gente y eso me gusta». Nunca se lo había planteado, pero cuando le propusieron hacer el curso no se lo pensó dos veces.

El programa, en el que colaboran la Obra Social La Caixa y la Asociación Arrabal-AID, suma su cuarta edición y está conformado por dos partes. La primera, llamada fase In, se realiza en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre y, durante 290 horas, los reclusos aprenden distintas formas de asistir en el servicio, preparar bebidas y platos sencillos, así como normas básicas de manipulación preparación y conservación de alimentos. La fase Out se completa cuando son trasladados al CIS. Allí realizan el módulo de Servicio de Restaurante con 90 horas lectivas y 90 horas de prácticas no laborables en restaurantes, hoteles y chiringuitos.

«Tuvisteis un fallo con la sociedad y el sistema os hizo pagar. Ahora la misma sociedad y sistema os da una oportunidad que se le da a mucha gente pero que no todo el mundo sabe aprovechar», les decía a los reclusos el director del CIS, Francisco Javier Ortiz. «Habéis cometido un error y vuestra pena es la privación de libertad. Pero el fin del centro no es que estéis en el patio paseando o jugando al parchís», explicaba el director del centro penitenciario de Alhaurín, Andrés Enríquez, sino que «en el artículo 25 de la Constitución se habla de la reeeducación y la reinserción social». El verdadero objetivo de la cárcel.

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