01 de octubre de 2017
01.10.2017
Salud

La dulce espera, truncada

El Instituto de Desarrollo para la Mujer (Amía) ha intervenido en sesenta casos en tres tras diagnosticar alguna malformación incompatible con la vida del bebé o fallecer de manera inesperada previo al parto o por cuestiones relacionadas con el embarazo

01.10.2017 | 05:00
La presidenta Adriana Escalona en La Noria, donde la Diputación le ha cedido un espacio para trabajar.

Momentos difíciles en los que hay tomar decisiones

­­El nacimiento de un hijo es una de las vivencias más importantes que marca la trayectoria de cualquier persona. Una dulce espera que en ocasiones se ve truncada y da paso a una situación inesperada que afrontar y para la que nadie nos prepara.

El Instituto de Desarrollo para la Mujer Amía es una organización a la que ninguna madre o familia quisiera visitar. Con una unidad de servicio de atención a mujeres embarazadas diagnosticadas de un defecto congénito en el feto o alto riesgo de padecerlo, la asociación ayuda a aquellos padres que tienen noticias o sospechas de un diagnóstico de malformación o que pierden al bebé durante el embarazo o al nacer, por causas relacionadas con el embarazo (malformaciones, prematuros...).

Al frente de Amía está la trabajadora social, Adriana Escalona, que mantiene un convenio con el Materno Infantil que facilita información sobre la asociación cuando se da algún caso. En sus tres años de vida han atendido unas 60 familias, según detalla. «No es tan raro que ocurra. Es una realidad que se esconde pero también sucede y la mayoría de los casos que a nosotros nos llegan son por muerte espontánea», explica Escalona.

Los datos contabilizan las mujeres que interrumpen su embarazo de manera voluntaria, pero las cifras no hablan sobre aquellas que deciden hacerlo por malformaciones incompatibles con la vida o lo pierden de manera natural. Una primera pista sobre lo que trabajan desde Amía cuando las familias acuden a ellas: la importancia de poner en valor al hijo a pesar de haber permanecido solo en el interior de la madre. «La sociedad no contempla las pérdidas intrauterinas. Se considera que como no ha vivido se sustituye fácilmente», explica. Eso lleva a muchos padres a ocultarlo, no nombrarlo e intentar olvidarlo, cuanto antes, mejor. Que suceda esto en el primer trimestre está socialmente aceptado pero para las familias la situación cambia cuando el menor fallece en el momento del parto. Una situación que a efectos legales es igual. «Si no tiene 24 horas, no se considera persona ni figura en el registro», expone. Ahí y en los casos de fallecimientos a raíz del embarazo en días o semanas posteriores se centra la función de Amía. Un trabajo enfocado a la aceptación del dolor, poner en valor a su hijo, tener un duelo sano que no conlleve traumas posteriores y la despedida. Sesiones gratuitas, cada dos semanas sin un tiempo de actuación determinado ya que depende de múltiples factores.

En el momento de traer al mundo un niño muerto conlleva decisiones que marcan de manera decisiva la futura superación. «No se pregunta cómo se quiere dar a luz, no saben si es mejor verlo o no...Lo importante es tener un recuerdo que haga bien», expresa.

Escalona asegura que dar a luz de la forma más natural posible es lo mejor mental y físicamente. Al igual que ver al pequeño, despedirse de el, pasar unos minutos acompañado de el o hacerle alguna fotografía. «No hay nada de macabro en ello. Estás despidiendo a tu hijo», asegura. Una cuestión que no valora como «mejor opción» pero sí ve necesario el conocer todas las opciones y poder decidir. «Nosotras buscamos empoderar a la familia, nada más», recalca.

Una asociación que nació a raíz de la vivencia personal de su presidenta y la falta de información y apoyo sobre qué hacer cuando, tras varios abortos naturales, se quedó embarazada de una niña y le diagnosticaron listeria y citomegalovirus. «Nadie me apoyaba pero yo quise tenerlo. Por suerte, mi hija tiene cuatro años y está sana ya que me traté».

Y es que la opción de traer al mundo un bebé incompatible con la vida y acompañarlo hasta su muerte, sea en el parto o días después aún no se concibe en nuestra sociedad. «Se conoce como hospicio perinatal y es la oportunidad de estar con él hasta que fallezca, siempre y cuando no se ponga en riesgo la vida de la madre», reitera Adriana. Todo está encauzado para abortar en la actualidad y no se contempla la opción de elegir. Una cuestión que para muchos puede chocar como idea el aguardar en el vientre un bebé que no sobrevivirá pero que Adriana lo plantea al revés: «¿Por qué lo vas a matar? Lo importante es elegir».

En cuanto a las malformaciones que son compatibles con la vida, los padres suelen acudir a aquellas asociaciones que abordan esa patología en busca de respuestas.

La labor de Amía es desinteresada. Se mantienen con actos propios y su grueso está financiado por parte de la Diputación provincial que apoya una línea de género que también abordan en su labor diaria. «Ahora tengo que ir a ver a una madre al Materno. Me ha avisado una matrona de que se ha roto la bolsa antes de tiempo y está inquieta», expone. La figura de una persona para abordar esta delicada situación en los centros hospitalarios es necesaria, según Adriana. Sensibilizar a la sociedad sobre visibilizar esta realidad y poner en valor la vida en el periodo intrauterino, también.

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