16 de octubre de 2017
16.10.2017
Hospital Psiquiátrico San Francisco de Asís

Psiquiatría para vivir mejor

La familia De Linares, pionera de la Psiquiatría en Andalucía, está al frente del Hospital Psiquiátrico San Francisco de Asís desde 1935

18.10.2017 | 12:35
De izquierda a derecha, la psicóloga Celia de Linares Martín, los psiquiatras Carlos de Linares von Schmiterlöw y Enrique Trujillano Fernández y el periodista Francisco de Linares Castro, delante del edificio principal del hospital.

El presidente de la junta directiva, el psiquiatra Carlos de Linares, habla de la labor social del centro y de las posibilidades de la Psiquiatría - El hospital cuenta con una unidad aparte para los pacientes con mayor autonomía

«Mi padre decía que lo verdaderamente efectivo es lo afectivo. Por eso el ambiente aquí, siendo hospitalario, es agradable, familiar, de respeto, individualizado y cariñoso», resume el psiquiatra Carlos de Linares von Schmiterlöw, que asegura que en más de 40 años de profesión, «jamás me he peleado con un paciente y el día que me pase, me quito la bata, porque no estaría cumpliendo».

Carlos de Linares sucedió hace año y medio a su primo, Antonio de Linares Castro, como presidente de la junta directiva del Hospital Psiquiátrico San Francisco de Asís, en Miraflores del Palo y prosigue el proceso de modernización del veterano centro.

El hospital es el sueño, hecho realidad desde 1935, de una familia de médicos y psiquiatras malagueños que ya va por la quinta generación y que es pionera de la Psiquiatría en Andalucía. De paso, han vivido la transformación de la especialidad y la desaparición del tabú que rodeaba a la esta rama de la Medicina. «Recuerdo que cuando decía que mi padre era psiquiatra, la gente decía: ´ah, el médico de los locos´. Ahora, cuando mis nietos dicen que yo soy psiquiatra, le comentan eso de ´tengo que llamar a tu abuelo para preguntarle´», ríe.

Desde la ventana de su despacho pueden verse los enormes ficus del jardín de esta veterana finca, en la que los pacientes (el número máximo son 185) tienen entre otros servicios terapia ocupacional, gimnasio, piscina, jardinería, karaoke y talleres de cerámica.

«Aquí hay pacientes crónicos, de larga y media estancia, pacientes agudos y hospital de día, pacientes que vienen por la mañana, están con nosotros y por la tarde se marchan», destaca Carlos de Linares. El hospital también cuenta, en una casa aparte, con la comunidad terapéutica San Antonio, con capacidad para 35 pacientes. «Es un chalé muy bonito en el que los pacientes tienen libertad para salir;es una autonomía total porque es una unidad de prealta. El paciente ya se va reincorporando», destaca.

Completar la asistencia pública

El psiquiatra y presidente de la junta directiva del hospital subraya la importante labor social que realiza el centro, en cuanto que completa lo que hace la asistencia pública, «que por desgracia está muy recortada en el tiempo, porque los pacientes salen a los cinco o seis días de tratamiento, así que muchos vienen de la pública para continuar con el tratamiento durante 15, 20 días o un mes, hasta que realmente se encuentran en condiciones de incorporarse a su vida».

Para el psiquiatra, con respecto a la medicina pública, «una provincia con 60 camas para las dos unidades es totalmente insuficiente».

Hijo de Miguel de Linares, el pionero en España de la Psiquiatría infantil, Carlos de Linares señala que «vivimos en una época en la que tanto tienes, tanto vales, nos guste o no, pero para el psiquiatra eso no sirve, porque todo el mundo vale y es válido». Por eso aboga por la atención individualizada de los pacientes, porque «necesitan hablar cuando ellos lo necesitan, no cuando tú puedas».

La atención médica del San Francisco de Asís cubre la mayoría de enfermedades mentales, salvo los trastornos de alimentación. Entre ellas, una adicción creciente: la que provocan las nuevas tecnologías y que va en aumento.

Carlos de Linares subraya la complejidad de la Psiquiatría, porque, a la hora de detectar síntomas, «¿en qué análisis salen las ganas de reír, las ganas de vivir, las ganas de trabajar?», y luego está el tiempo que el paciente tarda en comprender, «que lo que tiene es una enfermedad psíquica». Por eso, a quienes lo asumen suele decirles «que están presentando una crisis de maduración», tengan la edad que tengan, porque comprenden «el terreno que ignoraban».
Eso sí, a todos ellos les pide un requisito ineludible: «Siempre les pregunto si se quieren curar. Es fundamental porque yo les puedo ayudar con una medicación que acorte el plazo, pero tienen que empezar a luchar y a hacer lo contrario de lo que la enfermedad les pida». Si el paciente desea curarse, el gran paso está dado.

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