04 de noviembre de 2017
04.11.2017
Entrevista

"Vamos a seguir luchando hasta el final, hasta que se conozca la verdad de lo que ocurrió"

Lola y Paqui García Caparrós, dos de las tres hermanas del joven asesinado el 4 de diciembre de 1977 atienden a este periódico en el negocio que regentan en Fuengirola

04.11.2017 | 21:05
Paqui y Lola García Caparrós en su bar de Fuengirola.

Piden tener acceso a la documentación restringida de la comisión parlamentaria y a los informes judiciales y están esperanzadas en poder reabrir el caso. Quieren saber quién dio la orden de disparar.

Lola y Paqui García Caparrós, hermanas del joven asesinado, siguen luchando incansablemente por saber qué pasó. «Vamos a seguir luchando hasta el final, hasta que se conozca la verdad», dicen al unísono. Las dos tienen un bar en Fuengirola, pero aún recuerdan con mucho cariño a su hermano, afiliado entonces a CCOO, un chico normal, «muy campechano, amigo de sus amigos y muy trabajador». Era un gran seguidor del extinto Club Deportivo Málaga. «Con mi padre viajó a muchos sitios a ver al Málaga», dice Lola. El padre era pescador y la madre, ama de casa. También echaba horas limpiando. La vida estaba difícil, «aunque éramos felices» en aquella Málaga que dejaba atrás cuarenta años de dictadura y se abría con timidez a los nuevos aires de libertad.

«Si tenía ideas políticas, en casa no lo comentaba. Era el año 77, tampoco podías estar diciendo las ideas que tenías. Aunque lo que pensara se lo llevó a la tumba. Era muy joven, no le dio tiempo a nada, a vivir la vida, se la quitaron, pero si fue a la manifestación fue por algo, algo le llamó interiormente para ir a pedir que prosperara Andalucía», explica Lola.

A García Caparrós le gustaban el flamenco y el nuevo pop andaluz de Triana y de Medina Azahara, también disfrutaba de discotecas junto a sus amigos. «Hubo dos millones de personas, mucha gente». Lo que también cuentan Lola y Paqui es la tragedia que siguió a la muerte de su hermano. La madre murió en 1980 y el padre, en 1985. «Si no hubiera habido un 4 de diciembre no hubiéramos tenido un 28 de febrero; con la sangre de mi hermano se consiguieron muchas cosas, pero nosotras nos quedamos desamparadas y años después seguimos igual, desamparadas», dice Paqui, a lo que Lola añade: «Nadie se preocupó de esa madre ni de sus tres hijas, ni un psicólogo nos pusieron. Ella murió con 45 años, y en el 85 lo hizo muy padre. Tenemos mucho coraje porque nos quedamos muy solos, nadie se preocupó por nosotros, si teníamos para comer o no». Las dos niñas, adolescentes entonces, tuvieron que dejar el colegio para cuidar a sus padres y, finalmente, buscar trabajo. «Yo he vivido una vida para afuera y otra para adentro, la que se quedó la familia».

Así, piden saber qué pasó. Hace poco IU pudo acceder a los documentos de la comisión que poco después de la muerte de su hermano estudió los sucesos, pero se encontró con que muchos nombres estaban tachados y a otros documentos no se puede acceder. Además, estas hermanas tampoco han podido analizar los informes judiciales.
«Tenemos mucho coraje. Queremos saber qué pasó, con nombres y apellidos, no con todo tachado. Alguien dio la orden para que ellos (los policías) dispararan, una persona de atrás dio la orden; después de 40 años merecemos conocer la verdad, no tenemos 15 o 16 años para no saber qué pasó», dice Paqui. Su hermana Lola afirma que quieren acceder a toda la documentación y también a los informes judiciales con el fin de «reabrir el caso de Manolo». «Queremos reabrir el caso judicialmente, nos da igual que esté prescrito, prescrito lleva desde 1977, porque no había ánimo de sacar a la luz la verdad, ese caso está muerto desde el 77. Todo el mundo miró para otro lado, Málaga estaba muy precaria y, a consecuencia de lo de mi hermano, Málaga se benefició», dice Lola, quien añade que ahora el Ayuntamiento va a trasladar las cenizas de su familiar al Jardín de la Memoria de Parcemasa. «Quiero dar las gracias a todas las personas; va a tener un atril y le van a poner allí un poema. Eso nos da una tranquilidad muy grande, porque los restos van a estar ahí para siempre», agrega.

Ambas señalan como presuntos responsables de lo sucedido al gobernador civil y al presidente de la Diputación de la época. «Al gobernador después lo ascendieron, a él y al presidente de la Diputación. Tuvieron la culpa, se ha dicho que los manifestantes tenían ganas de follones pero ellos lo habían planeado la noche antes, todo organizado, los dos señores, salieron muy bien parados los dos. Todavía están los dos disfrutando de la paguita que les dieron», explica Lola, que critica también que otras personas hayan accedido a los documentos judiciales, no sólo los de la comisión, y ellas no hayan podido. «Quién dio la orden, los dos tuvieron culpa», añade Paqui. «Le hemos pedido a la presidenta de la Junta que nos ayude para ver los documentos», asegura.

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