10 de junio de 2018
10.06.2018
Memorias de Málaga

Málaga y los buenos profesores

Severo Ochoa y Jesús López Cobos reconocieron a sus profesores Eduardo García Rodajas y Manuel Gámez, cuando estudiaron en Málaga

10.06.2018 | 05:00
Jesús López Cobos, director de orquesta, falleció el pasado mes de marzo a los 78 años.

Pocos conocen la vinculación de estos dos ilustres personajes con la ciudad

El pasado 2 de marzo falleció en Berlín el famoso director orquesta español Jesús López Cobos, que tras graduarse en Filosofía en la Complutense de Madrid, así como en composición en el Conservatorio de la misma ciudad, realizó estudios de dirección coral y orquestal en la Academia de Música de Viena. Tanto en la prensa, como en la radio y televisión, se publicaron biografías del más destacado director de orquesta español contemporáneo. No voy a repetir los hitos de su carrera, las orquestas que ha dirigido, los premios que justificadamente le fueron concedidos, de su prestigio internacional... porque todo, repito, se ha recordado estos días.

Sin embargo he observado una omisión de sus comienzos en el mundo de la música. Si lo traigo a colación es porque su formación humanística y musical está ligada a Málaga. El nombre de nuestra ciudad no lo visto reflejado en parte alguna.

Aunque López Cobos nació en Toro, provincia de Zamora, por razones que desconozco o no recuerdo, su familia se estableció en Málaga, y el joven Jesús ingresó en el Seminario Diocesano. Uno de los profesores que contribuyó a su formación fue el sacerdote don Manuel Gámez, el fundador de la Coral Santa María de la Victoria y hoy canónigo de la Santa Catedral malacitana. Su afición y predisposición hacía la música fue captada por el padre Gámez, que atendía la asignatura de la música en los años que López Cobos estuvo en el Seminario.

Cuando años después, convertido en un brillante director de orquesta, regresó a Málaga para dirigir un concierto en el Teatro Cervantes, fui testigo de excepción de su reencuentro con el padre Gámez, que fuera alumno suyo en su niñez-adolescencia. Estaba entrevistándole para Radio Nacional cuando apareció en el camerino el padre Gámez: profesor y el ya maestro de fama internacional se fundieron en un largo abrazo en mi presencia. Recuerdo que López Cobos me dijo en la entrevista que debía a don Manuel Gámez su afición a la música y sus primeros comienzos.

Don Manuel Gámez, nacido en Fuengirola en 1927, ingresó en el Seminario de Málaga en 1939, y hoy, se conserva muy bien pese a su edad. Puede ratificar lo que acabo de contar.

Otro reencuentro

En el mes de mayo de 1973, Severo Ochoa, distinguido con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959, regresó a España después de una larga estancia en Estados Unidos donde se estableció en 1941 y desarrolló gran parte de su carrera profesional. El profesor Ochoa ha sido uno de los científicos más brillantes del mundo. Falleció en Madrid a los 88 años de edad. En cualquier enciclopedia, historia de la Medicina y doy por descontado en Internet, cualquiera puede leer la obra de este asturiano universal. Lo que no sé es si en esas biografías aparece o no su vinculación con Málaga.

El reciente caso de López Cobos, que en líneas anteriores he recordado cuando en una visita a Málaga se reencontró con su primer profesor de música don Manuel Gámez, me ha venido a la memoria un caso análogo.

Cuando Ochoa vino a Málaga para dar una conferencia y ser distinguido por nuestra Universidad con el titulo lo primero que hizo el ilustre visitante fue ponerse en contacto con el catedrático de Química del Instituto de Enseñanza Media de la calle Gaona don Eduardo García Rodejas, a la sazón jubilado por razones de edad. El profesor Ochoa fue alumno de García Rodajes en los años que cursó el bachillerato en Málaga, otro caso no muy conocido, porque, recordémoslo, el futuro premio Nobel residió en Málaga.

Fue a visitar en su domicilio de la calle Cister a su profesor al que debía, según sus propias palabras, su interés por la química. Es más, en una entrevista que hizo al profesor Ochoa dos o tres días después, cuando saqué el tema de su consagración a las ciencias químicas, me lo dijo sin ambages: lo que sé de química me lo enseñó García Rodejas.

A don Eduardo García Rodejas no lo conocí personalmente, pero dos de mis hermanos fueron alumnos suyos, y los dos, en su día, me alabaron sus conocimientos y lo difícil que era aprobar porque era «muy duro», vamos, que había que estudiar a fondo para salir airoso en los exámenes de junio... o septiembre. En aquellos años, el profesorado del Gaona era de primera fila, y además García Rodejas había otro tan exigente con el de química: don Alfonso Pogoniski, caredrático de Literatura y Lengua Española.

Don José Gálvez Ginachero

Está muy avanzado el proceso de beatificación de don José Gálvez Ginachero, ginecólogo malagueño hijo de familia procedente de Sierra Cameros (Logroño). Su trayectoria profesional es internacionalmente conocida y reconocida. La causa para su beatificación se abrió en 2016, y su apertura obtuvo el preceptivo Nihil Obstat de Roma. Su extraordinario saber, su aportación a la especialidad elegida iba unida a su ejemplar manera de actuar con los más necesitados. Ahora que el proceso de beatificación está punto de culminar, y su obra se difunde para conocimiento de las nuevas generaciones, traigo a estas páginas un curioso hecho poco conocido.

Un matrimonio malagueño adinerado, al quedar embarazada ella, optó, porque sus medios económicos se lo permitían, desplazarse a París para que la tratara un famoso obstetra francés. Entre los españoles hay muchos ciudadanos que recurren al extranjero cuando tienen un problema sanitario olvidando que en España hay verdaderas eminencias en cualquier rama de la medicina.

El matrimonio de nuestra historia era uno de los casos de recurrir al exterior pensando que iba ser mejor atendido, y no digamos, en París, que en los años veintitantos del siglo pasado era el no va más en todo.

El ginecólogo parisino recibió al matrimonio malagueño, y al rellenar los datos de la señora embarazada, anotó su nacionalidad y lugar de residencia. Cuando anotó Málaga en la ficha, alzó la vista a la pareja, y sorprendido les comentó: ¿Y vienen ustedes desde Málaga a verme cuando en esa ciudad está el doctor Gálvez Ginachero? Y se deshizo sobre la personalidad del ginecólogo malagueño cuya fama se había extendido por media Europa.

Al recordar esta curiosa historia he releído el libro que Gustavo García-Herrera, médico malagueño, escribió en 1965 sobre Gálvez Ginachero. El que quiera conocer quién fue y qué hizo durante su larga vida, le recomiendo su lectura. A modo de apunte recojo algunos retazos de su ejemplar vida; por cierto, que la anécdota del matrimonio malagueño que acudió a París, no viene en el documentado libro. La conocí por otros caminos. Gálvez Ginachero terminó el Bachillerato a los quince años, y a ésta edad, se matriculó en la Facultad de Medicina de Granada, obteniendo la licenciatura a la edad de veintiún años. Amplió estudios en Francia y Alemania y fue alcalde de Málaga.

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