05 de agosto de 2018
05.08.2018
Desafío Ártico

Un viaje al cambio climático

Cinco jóvenes se han convertido en exploradores en Groenlandia de la mano del aventurero malagueño Manuel Calvo

05.08.2018 | 05:00
Cada palmo es un microcosmos. Los 22 días de expedición se funden con el talento de Manuel Calvo para fijar cada instante a través de la cámara.

Los datos sobre la expedición

  • Manuel Calvo, el explorador
    Un experimentado aventurero malagueño. Cinco jóvenes, 18 años el de mayor edad. Un destino, Groenlandia, ubicado en los confines del Ártico. Y una misión educativa: concienciar a las futuras generaciones en la necesidad de velar por el medioambiente. Esta fueron, a grandes rasgos, los ingredientes de esta expedición.
  • Concurso
    En la anterior, en 2017, Calvo viajó acompañado de su hijo, también Manuel, que se convirtió en el español más joven en recorrer a trineo estas tierras heladas. En esta ocasión, se han introducido varios elementos novedad. Repitió el hijo de Manuel, junto a cuatro jóvenes.
  • Lanzar un mensaje
    «El cambio climático está afectando a nuestro planeta y estos chavales lo podrán ver en primera persona. Por desgracia, los glaciares se están derritiendo y tenemos que tomar conciencia. Nuestro compromiso es fomentar esa conciencia entre los más jóvenes, y creo que este viaje puede ser muy útil para ello», sintetiza Calvo.
  • 17 días de aventura
    En los 17 días que dura esta aventura, los cinco se embarcan cada jornada en una nueva actividad. Una travesía por mitad de los glaciares. Una excursión en el hielo con aproximación en zodiac. Una viaje hacia el fiordo de Tasermiunt son algunos de los muchos desafíos que han vivido. La expedición cierra con un último día en el que los jóvenes podrán degustar la tradicional cocina de los inuits, y que poco tiene que ver con las costumbres occidentales.

­Escribe Fátima Siles a su vuelta para contar cómo ha sido el viaje de su vida. Calcula que durante tres semanas ha experimentado todos los días sensaciones inolvidables. Estampas que ya no podrá borrar más de su cabeza. Una caja llena de recuerdos y muchos folios imaginarios en los que ha escrito su primera gran novela. Luego cae en la cuenta de que de lo que se acaba de enamorar, es algo que en realidad está en peligro. Groenlandia significa tierra verde (Greenland) y lo que parece un oxímoron porque uno siempre procura relacionar el lugar más remoto del planeta con una enorme placa de hielo, una especie de Sahara en blanco, luce un verde tan purificador como un bosque de Fraga. El nuevo amor de Fátima es el ártico y lo comparte con cuatro jóvenes de Andalucía, ninguno de ellos por encima de los 18 años: Pedro Álvarez, Eva García, Cristóbal Siles y Manuel Calvo (hijo). Todos acaban de volver de una expedición a Groenlandia, liderada por el aventurero malagueño Manuel Calvo, y que partió hace tres semanas desde Málaga con la misión de concienciar sobre el cambio climático en base a un grito de alarma tan real como doloroso: «¡El ártico se derrite!». Groenlandia es una tierra que no se parece en nada a lo que conocemos. Quizá, uno de los pocos rincones que quedan todavía en el planeta, donde sigue siendo la estación del año la que marca el tacto de la vida.

Para hacernos una idea: hablamos de una tierra en la que, durante los meses de verano, el sol no se pone nunca y, por el contrario, en invierno, cuando éste desaparece por el horizonte, las temperaturas caen hasta los 50 grados bajo cero y todo queda enterrado por un enorme caparazón de hielo. Precisamente, en estas condiciones tan extremas, la última edición del Desafío Ártico encontró el escenario perfecto para canalizar el afán que persigue Manuel Calvo con su fundación Maratón Dog sensibilizar y acercar a la ciudadanía la importancia del perro para el perro y la simbiosis que viven ambos con el entorno que les rodea.

La necesidad de este grito de alerta lo sintetiza el propio explorador malagueño, basado en la experiencia que ha ido acumulando en muchos viajes. Viajar al ártico para él es como el que va al apartamento de playa en agosto: «La primavera y el deshielo se han adelantado en, al menos, 15 días. La banquisa también avanza y ha disminuido en su espesor. Una subida de dos grados aquí puede que pase desapercibida en un primer momento. Pero los efectos que puede tener la misma subida en Groenlandia se multiplican. Una subida de dos grados puede significar el abandono de un pueblo». ¿Cómo llegan cinco jóvenes a formar parte de una expedición liderada por el Manuel Calvo? En este caso, quitando a su propio hijo, que ya se bautizó el año pasado como el explorador español más joven en conquistar el Ártico, los demás fueron elegidos entre los participantes en el concurso literario de Tiendanimal Educa, y que se desarrolló por todos los institutos andaluces.

Con este trasfondo, la expedición se dio cita en una hora casi intempestiva en el aeropuerto de Málaga. El viaje hasta Groenlandia ya es una aventura en sí. De equipaje hasta arriba, primero escala en Copenhague y luego otro avión hacia Narsarsuaq. Al contrario que en ediciones anteriores del Desafío Ártico, este viaje no fue un viaje al tiempo del hielo porque se aproximó la parte sur del país y, en verano, las capas de nieve también dan paso al deshielo y al baile de los icebergs. Es en el movimiento de estos gigantes, precisamente, donde mejor se aprecia la belleza de un entorno único. Para Manuel Calvo no dejan de tener un encanto especial. Como se puede apreciar en algunas de las imágenes que acompañan estas páginas, cada iceberg es como un libro propio: «A mí me pasa como con las nubes. Los chavales me decían que a ellos todos les parecía igual, pero yo le encuentro una singularidad a cada uno. Me quedaría horas sacándole formas y buscando parecidos en la vida real». A largas jornadas de trekking, se le sumaron apasionantes viajes en kayak o escaladas a montañas de hielo con la única ayuda de crampones. Un fuego para preparar los salmones que se habían pescado horas antes. Al sexto día, un viaje en zodiac hasta la ciudad de Narsaq. «Llegamos después de cuatro días a un cuarto de baño y, gracias a este viaje, empezamos a valorar mucho más lo que antes nos parecía insignificante», recuerda Fátima. Las imágenes de los más pequeños que siempre se acercaron a la expedición malagueña resumen el poder de atracción del hombre blanco entre los inuits.

«El objetivo fundamental que persigue este viaje, y que no es otro que introducir y fomentar la responsabilidad medioambiental. El hecho de que el cambio climático sea un problema de gran magnitud, que repercute en todo el planeta, no significa que nosotros no podamos hacer nada. En Maraton Dog y en Tiendanimal creemos que ha llegado el momento de dar un paso adelante y liderar iniciativas que hagan ver a nuestros jóvenes la importancia de mirar por nuestro medioambiente», resume Manuel Calvo. Para el desafío del año que viene, promete su vuelta al norte y al hielo.

Un encuentro con el explorador Ramón Larramendi

Una imagen de Groenlandia sin nieve. L. O.

Detrás de esta expedición al Ártico que ha supuesto este desafío hay una misión educativa para fomentar en los más jóvenes el respeto hacia el medioambiente. Los cinco viajeros tuvieron la oportunidad de conocer en primera persona a Ramón Larramendi, uno de los exploradores y aventureros polares más conocidos en Europa. Uno de sus primeros hitos fue la Expedición Circumpolar en el Ártico. El explorador conoce cada piedra que se mueve en Groenlandia debido a su experiencia acumulada. La misma que le permite trazar una comparativa y sentenciar que el cambio climático es una realidad. Así se lo trasladó a los jóvenes que gozaron de la oportunidad de intercambiar impresiones directamente con él. Así, Larramendi confirmó que si se sigue por este camino, pronto el Ártico se territorio dejará de ser la «nevera» del planeta, con lo que aumentan todavía más las temperaturas. Así que lo que parece claro es que, al ritmo actual, el deshielo ártico vendría a acentuar un problema ya iniciado: el calentamiento global. Proteger el medio ambiente va a ser el mensaje que van a divulgar estos jóvenes ahora en Málaga. El año que viene Manuel Calvo, seguramente, volverá a Groenlandia. 

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