06 de agosto de 2018
06.08.2018
Solidaridad

Los guardianes de los que nada tienen

La ONG Apainf nació hace tres años con el objetivo de ayudar a recuperarse a los niños enfermos que no tienen recursos; una labor que ha salvado 22 vidas hasta el momento

06.08.2018 | 05:00
La pequeña Alma, hospitalizada en el Materno Infantil, junto a su madre Rolam y los creadores de Apainf.

En este momento ayudan a Alma, una niña de cuatro años con leucemia, cáncer de útero y hepatitis C; y Alyzar, con talasemia

Alma tiene cuatro años y ya pelea para superar los obstáculos que se han interpuesto en su corta vida. Desde hace un mes está ingresada en el Materno Infantil para hacer frente a una leucemia, un cáncer de útero y una hepatitis C. Hace unos días los médicos le dieron la mejor de las noticias que podía recibir: en este momento no hay células cancerígenas en su sangre, un auténtico revulsivo en este difícil camino.

La historia de Alma y su madre Rolam no acaba ahí. Esta familia cristiana vive en Siria, en pleno conflicto y sin recursos, una situación que hacía presagiar el peor de los finales. Sin embargo, la asociación Apainf las ha rescatado con un objetivo: ayudar a la recuperación de la pequeña y sufragar todos los gastos que ello conlleve. «Esta cría va a salir adelante, ya verás», explica el fundador de Apainf, Rafael Aldehuela.

Con el objetivo de promover la solidaridad, Apainf nació hace tres años. Una ONG centrada en ayudar a la recuperación de niños de cualquier punto del mundo con alguna enfermedad y sin recursos económicos. «Los traemos a España para que se traten y corremos con todos los gastos. Ropa, alimentación, vivienda... Todo lo que haga falta», expresa. En estos tres años han salvado 22 vidas; 22 menores con problemas oncológicos o parálisis cerebral, entre otras dolencias.

«Alma y su madre pueden estar dos años aquí pero esperamos que en 15 días le den el alta hospitalaria y le alquilaremos una casa para que siga con su tratamiento en régimen ambulatorio como cualquier niño», sentencia Rafael. Mientras tanto, en el hospital una voluntaria le enseña algunas palabras del nuevo idioma.

Las familias de Alma y Alyzar junto con Rafael y Vanesa, recién llegadas a España, en el aeropuerto.

La pequeña Alma no es la única a la que ayudan en este momento. Con ella vino Alyzar, de 11 años, con su tía Amal –también sirias–, que vivían en un campo de refugiados palestino al sur de Líbano. Tiene un grave problema de talasemia que se ha complicado por las transfusiones sin control que recibió en su país y que han empeorado el estado de su sangre. Su problema está siendo tratado en Quirónsalud y solo el tratamiento para abordar el mal estado de su sangre tiene un coste de 800 euros cada dos semanas que recae sobre la asociación Apainf. La pequeña Alyzar y su tía conviven con las hermanas hospitalarias, que le han hecho una concesión a Apainf y, además, les ayudan para que se integren durante su estancia. «Los casos que traemos son muy complicados y necesitan todos nuestros esfuerzos», explica Aldehuela, quien fundó esta ONG junto a Vanesa Celestino; maestra y amiga de toda la vida.

Aún recuerda los primeros niños que vinieron para esta difícil pero satisfactoria tarea en la que se han involucrado. «Los primeros fueron Iyab, de 9 años, con parálisis cerebral; y Amir, de 11 años, que tenía epilepsia recurrente. Los dos eran de un campo de refugiados palestino», explica Rafael. Y es que desde el inicio de este periplo se marcaron la condición de que los menores deben venir de dos en dos para que se tengan entre ellos, que hablen el mismo idioma y no dejen de ser niños.

En este momento están pendientes de otros dos menores de la República Dominicana, un español de origen marroquí que requiere de diálisis diaria y un menor venezolano con espina bífida para ayudarlos a mejorar su calidad de vida. Sin embargo, los problemas de tipo burocráticos y las relaciones institucionales dificultan este proceso. «El inicio fue muy difícil. Vimos dónde podían necesitar nuestra ayuda y lo primero que hicimos es contactar con la embajada de Palestina para saber sobre el campo de refugiados», detalla. Así, pudieron dar con un médico que les ayudó para ver qué niños requerían de asistencia médica inmediata. «Un requisito indispensable es que las familias no tengan recursos económicos, por eso en 2015 no nos planteábamos traer a menores de Venezuela y ahora sí», resume Aldehuela, un hombre que pertenece a una familia con una estrecha relación con Málaga. Su tatarabuelo fue un reconocido arquitecto del siglo XVIII y diseñó inmuebles tan emblemáticos como el Palacio del Obispo, el puente sobre el tajo de Ronda o el acueducto de San Telmo. «El valor de la solidaridad siempre ha estado presente en mi familia», puntualiza.

La financiación de Apainf corre en gran parte del bolsillo de sus dos fundadores y de lo que recaudan en algunos actos y mercadillos solidarios que hacen donde les dejan. Tras la negativa de Málaga y diversas localidades de la costa, el próximo programado es en Lugo, una cita en la que cuentan también con un espacio destinado a revisiones para prevenir la ceguera de manera gratuita. Mientras tanto, siguen ayudando a todos los pequeños que pueden, una tarea difícil que merece la pena cada vez que un menor se recupera.

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