09 de septiembre de 2018
09.09.2018
Memorias de Málaga

Las crónicas de sucesos hace medio siglo

En los años 40, 50 y quizás algunos más, los redactores de sucesos recurríamos –yo hice sucesos como cualquier principiante-, a unas plantillas un tanto rígidas que todos aceptábamos porque se consideraban necesarias

09.09.2018 | 05:00
Un agente de la Policía Nacional en una imagen de archivo.

Cuando yo ejercía el periodismo –ahora estoy jubilado y solo escribo los domingos para La Opinión– regían unas normas que han sido relegadas y sustituidas por otras. A las que yo me acogía, hoy, recurriendo a una palabra muy utilizada por los políticos, se consideran obsoletas. Me detengo en la literatura utilizada en una sección que figura en todas las redacciones de los medios de comunicación: la de Sucesos.

En los años 40, 50 y quizás algunos más, los redactores de sucesos recurríamos –yo hice sucesos como cualquier principiante-, a unas plantillas un tanto rígidas que todos aceptábamos porque se consideraban necesarias. Iniciábamos algunas crónicas de sucesos más o menos así: «Cuando merodeaba en actitud sospechosa, el conocido por El Melenas fue detenido y trasladado a la comisaría, donde después de un hábil interrogatorio cantó€» y aquí el delito por el que se le detenía. Jocosamente, los informadores de la época, terminábamos la frase «cantó hasta La Traviata».

Hoy, respetando las normas al uso, esa información caso de tenerla que redactar el autor de estas líneas. tendría que escribir más o menos lo siguiente: «Fue detenido, dentro de la Operación Cinco Lobitos, el presunto integrante de la organización Los Machacantes A.P.S., que presuntamente sustrajo a doña Remedios Ortega, que presuntamente habita en la calle Mosquitos, 8, 2º B, el bolso en el portaba la paga de jubilada que acababa de cobrar en la entidad bancaria en la que tiene domiciliada dicha paga. Los Machacantes, presuntamente, es una organización criminal especializada en el robo por sistema de tironazo. A.P.S. tiene un largo historial colectivo con setenta detenciones por delitos similares en lo que va de año. Se encontraba en libertad en espera de juicio.

Durante al traslado a comisaría, A.P.S. hizo valer sus derechos, exigiendo la presencia de un abogado del turno de oficio. Advirtió que la presunción de inocencia le amparaba, según el VIII artículo de la Constitución Española. Todo ciudadano, recalcó cuando era detenido, es inocente hasta que no lo condene un juez. Recordó que el hábeas corpus es un derecho de todo detenido o preso, a comparecer inmediata y públicamente ante un juez o tribunal para que, oyéndole, resuelva si su arresto fue o no legal, y si debe alzarse o mantenerse. Como ciudadano libre, manifestó a la pareja que le detuvo, que de acuerdo con la Ley vigente, antes de llegar a la comisaría, se acogía al derecho de no declarar.

Pidió que se le sirviera un café descafeinado con leche sin lactosa, edulcorante Termesetas y una magdalena de harina integral porque era alérgico a la lactosa y al gluten.

Fachada de la Ciudad de la Justicia de Málaga. L. O.

El presunto delincuente exigió la presencia del Defensor del Pueblo para denunciar del trato recibido. Según A.S.P., al ser detenido por un supuesto delito, fue introducido en el furgón policial obligándole de malas maneras a agachar la cabeza para no romperse la crisma y descubrió dos colillas de tabaco rubio que apestaban el espacio. Los efluvios del tabaco, según la OMS, son perjudiciales para la salud».

El mejor cronista

En todos los medios de comunicación hay redactores especializados en sucesos; en la Málaga que ahora recuerdo había dos especialistas. Uno de ellos, Miguel Rosado Figueroa, que había cursado la carrera de Magisterio, alternaba la información sucesos con el deporte. Era una bellísima persona y perteneció a la redacción de Sur hasta su fallecimiento. Cariñosamente le tratábamos como Miguelito Rosado.

El otro especialista en sucesos era Domingo Álvarez Aristu. Pertenecía a la redacción del desaparecido Sol de España.
Aristu era un verdadero maestro en la captación de sucesos y en narrarlos tanto las páginas de Sol de España como en el popular semanario El Caso, publicación dedicada única y exclusivamente a sucesos. Tuvo una gran acogida en toda España porque lo sucesos, cuanto más sangrientos y espeluznantes, más lectores congrega. Se decía que era el periódico de las criadas y porteras. Como ya no hay criadas, convertidas de empleadas de hogar y las porteras se han transformado en porteros automáticos, El Caso, como periódico ha desaparecido, aunque su técnica más o menos evolucionada se han impuesto en los informativos de las televisiones.

Llegada al lugar del crimen

Volviendo a Álvarez Aristu, al que por su olfato apodamos los amigos como El Buitre, llegó a ser «el amo» del cotarro. Era el primero en llegar al lugar del crimen; incluso comentábamos que se presentaba minutos antes de producirse el asalto, el crimen, el suicidio o cualquier suceso con muerto incluido. Más de un informador malagueño aprendió el oficio a su lado. Era un buen compañero porque a los colegas de profesión facilitaba todos los datos de los sucesos que conocía. Y no es broma lo que apunto porque en dos ocasiones me adelantó sucesos ¡que iban a ocurrir! Olía la sangre como los buitres.

De su paso por Sol de España, antiguos supervivientes del desaparecido diario, podrán recordar anécdotas de su buen hacer, y en las páginas de El Caso, que seguro estará en las hemerotecas, repasar sus crónicas.

Una de esas anécdotas me la contó Enrique Rincón, el redactor gráfico del citado Sol de España que le acompañaba en sus visitas al «lugar de los hechos». En una ocasión, un hombre de un pueblo de Málaga, se colgó de un olivo. Antes de que llegaran la policía y el juez para el levantamiento del cadáver, se presentaron Aristu y Rincón, y para que la foto del ahorcado fuera más dramática, movió el cuerpo de la víctima de manera que diera mejor en el documento gráfico.

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