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Mirando atrás

José María Ruiz Povedano: los repobladores que cambiaron Málaga

La Universidad de Granada y la Fundación Pública Andaluza El legado andalusí reeditan 'Málaga, de musulmana a cristiana', una investigación única sobre la transformación social de la ciudad

José María Ruiz Povedano, con su libro esta semana en la terraza de la Aduana, con la Alcazaba al fondo.

José María Ruiz Povedano, con su libro esta semana en la terraza de la Aduana, con la Alcazaba al fondo. / Gregorio Torres

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Después de 103 días de asedio, los Reyes Católicos entran en Málaga el 19 de agosto de 1487 y aplican un castigo ejemplar a la ciudad rebelde: la mayoría de sus habitantes fueron deportados y muchos terminaron siendo vendidos como esclavos.

Málaga quedó prácticamente vacía, salvo unas 50 personas ligadas a Alí Dordux, el mediador de la rendición, más tarde reunidos en la morería.

A partir de ahí, los Reyes Católicos se plantearon la transformación radical de la ciudad hasta convertirla en una urbe cristiana y castellana.

Ese cambio radical es el que estudia 'Málaga, de musulmana a cristiana. La transformación de la ciudad a finales de la Edad Media', del doctor en Historia, expresidente de la Diputación y presidente de la Sociedad Ecónomica de Amigos del País, José María Ruiz Povedano.

Publicada originalmente en 2000 en una editorial ya desaparecida, acaba de reeditarla la Universidad de Granada, con el apoyo de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusí. El pasado 11 de enero la nueva edición, revisada y con un apéndice gráfico con fotos, planos, dibujos y grabados, fue presentada en el salón de actos del Museo de Málaga.

La obra, que tiene detrás «tres años largos de trabajo», explica el historiador, desarrolla con creces una pequeña parte de su tesis doctoral de 1991 sobre el Concejo de Málaga en tiempos de los Reyes Católicos. Además, es una investigación única porque por primera vez estudia «la transformación social» de la ciudad, gracias a una repoblación que fue un auténtico éxito, hasta el punto de desbordar todas las previsiones. «El cambio social explica el cambio material de la ciudad, el humano y el urbanístico», resume.

Y para abordar la cuestión, el medievalista José María Ruiz Povedano ha buceado en los archivos locales y otros como el de Simancas y ha investigado pequeñas joyas como el libro del avecindamiento: «En ese libro se apuntan día por día todos los vecinos que vienen a poblar Málaga. Aparece el nombre, apellidos, de dónde vienen, si vienen con mujer, hijos, si traen ganado, armas, todo se va anotando», explica esta semana, al tiempo que precisa que también se conocen sus profesiones, lo que da un retrato muy preciso de su extracción social.

Ese registro con las cerca de 2.000 familias cristianas que repoblaron Málaga se complementa con otras fuentes fundamentales como el libro de los repartimientos y el de actas de la ciudad. De estas fuentes el medievalista recalca su «locuacidad».

El libro está dividido en tres partes: el estudio de la medina malagueña, la conquista y castellanización de Málaga y por último, la transformación del espacio de la ciudad.

Como reitera, la toma de Málaga fue «un aviso a navegantes», un castigo ejemplar que allanó la conquista del resto del Reino de Granada y que no tuvo mucho que ver con otras ciudades conquistadas por los Reyes Católicos. «Málaga fue distinto, en Granada por ejemplo allí no se movió nada, no hubo repoblación».

«De extracción urbana»

Gracias a los datos recopilados, José María Ruiz Povedano ha podido reconstruir cómo fue esa «primera sociedad urbana de Málaga», en la que, como curiosidad, la mayoría de los repobladores, en concreto un 35%, provenían del Reino de Sevilla; le siguen en importancia repobladores de los reinos de Jaén y Córdoba, explica. Y como rasgo principal de estos primeros malagueños castellanos, «la mayoría era de extracción urbana, de ciudades con más de 10.000 habiantes, que eran en aquel momento ciudades grandes».

Pero como explica, su llegada no supuso que a cada familia le correspondiera una sola vivienda musulmana. «El espacio doméstico musulmán es más pequeño que el que consume un castellano, y como vienen de ciudades necesitan más espacio. No se aplica el patrón de una casa musulmana para cada castellano».

Es lo que los urbanistas llaman el esponjamiento, la ciudad cambia por dentro y dado el éxito de la repoblación, también salta sus fronteras. Así, como destaca, «a finales del siglo 15 hay 2.500 familias y en el primer decenio del XVI ya hay 3.000 y hay que expansionarse fuera».

De ahí que los repobladores comienzan a asentarse en los arrabales de la antigua ciudad musulmana, los alrededores de la Puerta de Antequera y Granada, y hasta existe la intención de repoblar Gibralfaro, aunque esto finalmente no se hará, cuenta.

Pero, ¿a qué se debió la gran capacidad de convocatoria de Málaga? José María Ruiz Povedano evoca la figura del notario mallorquín Pere Llitra, que acompaña a Isabel y Fernando y es testigo de la conquista de Málaga: «En la descripción que hace de la Málaga musulmana dice que las calles son feas y tristes salvo dos o tres, subestima el urbanismo, pero reconoce que es una ciudad potente y sobre todo la importancia del Puerto; dice que es una gran ciudad, con un gran puerto y que está llamada a sustituir a Sevilla», comenta el historiador, que precisa que estas impresiones las escribió, claro, antes del Descubrimiento de América.

Una operación de Estado

Pero como destaca, la transformación urbanística de Málaga fue «una operación de Estado dirigida por los Reyes Católicos», con el fin de convertirla «en el puerto militar de la corona en el Mediterráneo Occidental», en unos tiempos en los que Isabel y Fernando pugnan por el control del Norte de África y el Mediterráneo Occidental.

Esa operación de Estado tuvo como objetivo convertir Málaga «en una ciudad fortaleza y ciudad mercado, en la baza más importante del comercio internacional de Castilla». Y así, la ciudad abastecerá las bases y presidios del Norte de África «y todo el parque de artillería que había en la Corona lo agrupan en Málaga». Por eso, es entonces cuando aparecen las primeras fundiciones de metal, de cañones y una fábrica de pólvora.

«Málaga se redimensiona de acuerdo con los planes de la Monarquía», señala el autor, que subraya un elemento a su juicio fundamental en este proceso de conversión en ciudad castellana: el plano simbólico, «pues no sólo fue un cambio físico».

«Era la monarquía cristiana triunfante sobre el Islam», por eso, explica, la Catedral lleva la advocación de la Encarnación, «pues la Madre de Dios no la acepta el Islam», y las iglesias, las de Santiago, San Juan o los Mártires. La huella musulmana se elimina de raíz y en la urbanización de 1513 se elige construir en la Victoria, sobre la zona sagrada de los musulmanes, sobre un enorme cementerio islámico.

Málaga ya era una ciudad más de Castilla. El pasado musulmán había sido, en su mayor parte, borrado del mapa.

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