14 de julio de 2019
14.07.2019
La Opinión de Málaga
Crónica política

La bossa nova y el baile de los candidatos

Los movimientos en la Diputación de Málaga dejan faltos de portavoces y candidatos a los partidos en muchos municipios

14.07.2019 | 05:00
Francis Salado será el candidato del PP a presidir la Diputación, algo que logrará con el apoyo de Cs.

Las guerras siempre comienzan con un desfile

Joao Gilberto, el padre de la bossa nova, murió hace unos días. Quien sea un seguidor de estos ritmos brasileños que revolucionaron la música popular en los años cincuenta, posiblemente haya abrazado en su existencia el buen rollo y la importancia de tener una moderada esperanza en la bondad del futuro so pena de cosechar una relación continua de fracasos personales y perder, como ustedes saben, es algo tan subjetivo como una victoria. Si han visto estos días a Juan Cassá, exportavoz de Cs en el Ayuntamiento de Málaga y nuevo diputado provincial en la Diputación, tras el pacto entre naranjas y populares para gobernar en la provincia, comprobarán cuál sería el rostro de la bossa nova si, en lugar de música, fuese una persona. Relajado, sonriente y, junto a su amigo íntimo Juan Carlos Maldonado, exalcalde de Mijas y sustento de Josele González, nuevo regidor en ese municipio, miembro de la institución supramunicipal. Maldonado, eso sí, ostentará la vicepresidencia primera. ¿Están asustados los socios populares por si los naranjas acaban rompiendo el pacto? No, para nada. «Fuera se proyecta más mal rollo del que realmente existe dentro. Yo a Cassá lo veo relajado, con la sensación de que se va a reciclar, se va a adaptar a lo que haya», dice un conocedor de cómo funciona la sede de calle Pacífico.

Eso sí, se verá el respaldo que ambos tienen en su partido según los cargos de confianza que les nombren. «Hay que ver el posicionamiento de los cargos de confianza; si los dejan elegir a personas afines a ellos, está claro que la organización los apoya. Si se los impone el partido, está claro que ambos estarán de paso». Eso sí, los populares, que presentarán al rinconero Francis Salado como candidato a la presidencia el próximo martes, están tranquilos con sus compañeros de viaje. Otros advierten al PP de que ha de tener cuidado porque los dos amigos «son más propensos y afectos a pactar con el PSOE, incluso uno de ellos fue concejal socialista en Mijas».

«La idea es la misma: hay que leer según el reparto de áreas que se haga entre ambos y, sobre todo, según los cargos de confianza que les nombren». La Diputación es ahora mismo para Ciudadanos como una cerveza para un resacoso, tras los malos resultados de las municipales y las marejadas internas de la formación. De echarse a rodar el balón de juego (el 17 de julio), Cs podrá comenzar a venderse, a separar su marca de la del PP, porque podría ocurrir como sucede en Málaga capital, según ha dicho públicamente el grupo municipal socialista: que su portavoz, Noelia Losada, sea engullida por el alcalde, ya que entre el discurso original y el oficial no hay ninguna diferencia. O casi ninguna.

La relación entre Cassá y Losada es buena, eso está claro. Es más, fue el asturiano, que guarda un silencio escrupuloso sin atender a ningún periodista, quien la propuso. Cassá está feliz y motivado para la aventura en la calle Pacífico, y además hay un cierto grado de satisfacción con el trabajo realizado, pese al mal resultado. Hay quien recuerda que fue él quien levantó la marca naranja en Andalucía en compañía de Fran Hervías (dirigente nacional) y otras dos personas que hoy no forman parte de Cs, que lideró el grupo municipal y que ha dejado un equipo al completo de vocales en la ciudad. La aventura a la que quiere apuntarse es seguir haciendo grande a Cs en la provincia y, para ello, hay que dejarse ver en los más de cien pueblos de la provincia, en el que sería su segundo máster tras un cuatrienio en el que ha conocido la capital a fondo. Más allá del papel de Maldonado, ¿querrá Cassá llevar algún área tras su resistencia numantina a apoyar a De la Torre por mantener a un investigado en su equipo de gobierno?

Imagen de Pepe Bernal, exalcalde de Marbella y portavoz del PSOE en la Diputación.

Baile de máscaras. Hay quien dice que Carlos Fernández, el edil que huyó a Argentina para comerse años de cárcel en el caso Malaya, acudía, cuando estaba fugado, una vez al año a un baile de máscaras que daba un rico anglojudío muy conectado, por arriba y por abajo, con los centros de decisión y de poder. Lo cierto es que ahora comienzan en los diferentes partidos los bailes de máscaras que acabarán en las próximas municipales. En el PSOE, por ejemplo, se ha nombrado a doce diputados, nueve susanistas y tres sanchistas. Según el rumor del viento, la particular noche de los cuchillos largos de Pedro Sánchez para pasarle factura a los susanistas será a finales de año. ¿Cómo quedarán, entonces, los nueve diputados provinciales susanistas tras ese aquelarre ya vaticinado fuera y dentro del partido y del que hablan algunos afectados a quien quiera escucharles? «Los pueblos más costeros son más afines a Madrid que a Sevilla. Y todo se va a jugar en los equilibrios de poder y en los pesos institucionales de unos y otros. ¿Quién copará la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental? A un lado, los de Conejo; al otro, los de Cártama, Ojén... Si cogen la Mancomunidad, ganará el sanchismo». Eso, dicen, pesará en las filas socialistas de la Diputación provincial, comandadas por Pepe Bernal, exalcalde de Marbella.

También se dice en el partido que a Susana Díaz no le conviene una guerra, otra más, con Pedro Sánchez, porque ni ella ni sus huestes la resistirían. «Ahora hay un pacto de no agresión, pero Susana sabe que no podría competir con un presidente del Gobierno. Ahora nadie es de Susana. Son todos de Pedro Sánchez». Quien no tiene poder, lo tiene cada vez más complicado para mantener sus cuotas.

En el PP no hay movimientos raros y lo que se pide es tranquilidad para poder asentar la organización, a no ser que, claro, haya elecciones a finales de otoño, que podría ser y sacan pecho de su equipo en la institución supramunicipal. Todos son municipalistas y muchos de ellos, con experiencia orgánica e institucional. Además, hicieron el máster con Elías Bendodo, ahora consejero áulico de Juanma Moreno, que no Bonilla, y hombre fuerte de la región.

Las guerras de poder entre los apéndices de los partidos en los diferentes municipios tienen su reflejo, claro está, en la Diputación y aunque usted crea que los políticos derrotados se han retirado a sus cuarteles de invierno a lamerse las heridas, no ocurre tal cosa. Ya han empezado las guerras, que nunca se inician con batallas en campo abierto sino más bien con exhibiciones y desfiles para demostrar la fuerza, para colocarse en la rampa de salida de cara a las próximas elecciones municipales. Bernal, explican, ya no va a ser candidato a la alcaldía de Marbella al ser portavoz provincial en la Diputación. Tampoco hay candidato en socialista en Estepona o Fuengirola. Antonio Moreno Ferrer, ahora regidor de Vélez Málaga, «tiene ya una edad» y gobierna en coalición con los independientes. ¿Seguirá en 2023? En Rincón también pintan bastos para la actual candidatura socialista. Y lo mismo pasa en otros partidos. En Mijas, Ciudadanos se ha quedado sin candidato y, si Ángel Nozal, cosa poco probable, asumiera responsabilidades, el PP también perdería su cabeza de cartel. O en Benalmádena, donde tampoco hay un candidato futurible para los de la gaviota. «El movimiento de muchos cargos municipales a la Diputación va a abrir, si no ha abierto ya, una crisis muy importante de liderazgo en muchos municipios», dicen, porque sólo habrá candidatos o donde se ha ganado o donde ha habido derrotas pírricas o dulces, según se mire, si es que perder no es, como ya hemos dicho, algo que depende de la subjetividad de cada uno. «Ahora hay un baile de candidatos. Eso lo vamos a ver en los dos próximos dos años, gente que comenzará en todos los partidos a optar por la portavocía municipal; ediles que, de repente, empiezan a aparecer en medios más de lo que lo han hecho en los últimos años...». Eso nos cuentan y así lo reflejamos. Hay quien odia la bossa nova.

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