14 de julio de 2019
14.07.2019
La Opinión de Málaga
Exposición

Pedro de Mena

Está a punto de clausurarse la exposición antológica sobre el gran imaginero del XVII Pedro de Mena en el Palacio Episcopal, patrocinada por Unicaja Banco y la Fundación Unicaja

14.07.2019 | 05:00
Inmaculadas de Pedro de Mena en la exposición del Palacio Episcopal.

En Málaga, además de Picasso, quizás sea Pedro de Mena el artista más conocido de la historia. La cofradía de Mena, el Cristo de Mena, el edificio de Mena, antes Italcable, hasta la Legión es asimilada a Mena.

La exposición antológica sobre la vida y obra de este gran imaginero español del siglo XVII, que, patrocinada por Unicaja Banco y la Fundación Unicaja y comisariada por José Luis Romero, está a punto de clausurarse en el Palacio Episcopal, supone una inmersión profunda y didáctica en el mundo barroco de la Contrarreforma española.

Creo que esto es uno de los puntos a destacar, ahora que algunos predican la inexistencia de fronteras en el arte, o la inexistencia del Imperio español. Esta exposición solo puede ser española por su estilo, su barroquismo, su profunda religiosidad y la utilización de la madera en las imágenes. En Italia se habría podido hacer algo similar pero en mármol, que añade elegancia y belleza, pero resta dramatismo y pathos.

Centrar el tiempo histórico


La exposición comienza por centrar el tiempo histórico en que tiene su origen y el momento en que Mena lleva a cabo su obra. Los Reyes Católicos de rodillas, como imagen de la monarquía católica y un magnifico retrato de Fray Alonso de Santo Tomas, obispo de Málaga, aunque vistiendo el hábito dominico, cuyos rasgos y expresión son exactos a los de su padre Felipe IV, obra de Maíno.

Acompañan en esta sala a los anteriores dos fotografías coloreadas de las imágenes del Cristo de la Buena Muerte y otra de la Virgen de Belén, destruidas por las llamas durante nuestra particular noche de los cristales rotos.

El delirio barroco


Viene a continuación una sala en la que el delirio barroco queda reflejado en el abigarramiento de las Inmaculadas expuestas, efecto seguramente buscado por el comisario, pero que a mí, personalmente, no llega a convencerme porque el número de piezas expuestas en el recinto, me parece excesivo.

De todas formas, refleja a la perfección el canon de esta figura en la imaginería española, con el pelo suelto y oscuro, el manto recogido de la misma forma en el mismo brazo, la posición de las piernas, las manos unidas, la expresión de la cara, pero todas tienen algo que las diferencia y las hace singulares.

De las tres veces que he ido a verla, la última ha sido acompañando a Elvira Roca, huyendo ambos del sopor de una tarde de verano, de las calles abarrotadas del peculiar turismo de hoy en día y del mundanal ruido.

La paz, serenidad, tranquilidad y silencio nos acompañan durante toda la visita desde el majestuoso patio de la entrada, el ángulo prodigioso en que una palmera washingtonia se eleva como diseñada por el propio arquitecto, hasta el jardín interior, en que nos sentamos un rato, escuchando el murmullo de una fuentecita, el piar de los pájaros y oliendo el almoraduj «tan chiquito y cómo huele» que escribiera Emilio Prados.

Rincones y arcángeles guerreros


La azulejería bellísima y las columnas de mármol componen un marco de civilización y cultura mediterráneas. Hay varios rincones así en Málaga, que suelo buscar cuando necesito respirar hondo y sosegarme. La plaza blanca y cubista de la higuera milenaria detrás del Picasso, el jardín interior del propio museo, las calles que discurren en el espacio conformado por la plaza de los Mártires y Carretería, rincones de verdadera paz y sosiego, lugares amenos, solo violentados por los grafitis de los vándalos, empeñados en destruir la belleza.

Subiendo por la escalera imperial del palacio, encontramos unos preciosos cuadros, que forman parte de la decoración habitual, de arcángeles guerreros, con flechas y arcabuces, que lucen la imagen de la Inmaculada en sus escudos, como la doncella amada y defendida por los paladines medievales. Ellos son una prueba más de la existencia del mayor de los imperios, el español, negado por un individuo autor de un libelo miserable: los arcángeles arcabuceros y guerreros existen tanto aquí, como en la mayor parte de España, especialmente en Andalucía, pero sobre todo, en Bolivia y el Perú, con la extraordinaria y bellísima escuela cuzqueña. Españoles de ambos lados del océano.

Los arcángeles defensores de la virginidad y concepción sin mancha de María, solo pueden ser españoles y aunque la tesis mantenida en la deslumbrante exposición del Prado, comisariada por Alejandro Vergara, es realmente imaginativa y brillante, acerca de la europeidad de Velázquez, Vermeer y Rembrandt, hay elementos en el arte que solo pueden ser de los sitios donde fueron imaginados, sentidos y realizados. La tradición de la azucena entre cardos, como el hermoso cuadro de Nogales que se expone en otra bella muestra de la colección de Félix Martin en la Económica, o la azucena sola, como el escudo de la propia Catedral, o de la ciudad de Antequera, solo puede ser española.

La carga simbólica que todo esto encierra es de tal magnitud que es la mejor expresión de lo que España ha hecho por la Iglesia a lo largo de los siglos. Y los Tercios no fueron a América, porque no se consideraba una guerra, porque realmente no lo era. Era una labor civilizadora, evangelizadora, culturizadora. Algo no siempre reconocido, ni agradecido por Roma, a pesar de que otra hubiera sido nuestra historia sin este componente. No sé si mejor, o peor. Pero desde luego diferente. La plata de América entraba en España por Sevilla y Cádiz y era enviada a Flandes para pagar a los banqueros que financiaban las guerras de religión. Muy poca se quedó aquí, como bien sabe el hasta hace poco menesteroso pueblo español.

En la planta de arriba, la Virgen de Belén, con el Niño en sus brazos, iconografía de la corredención de María, según la más ortodoxa tradición católica, las Dolorosas, los Ecce Homos, el grandioso Crucificado de la Catedral de Málaga y la sobrecogedora Magdalena Penitente, que creo que es la primera vez que sale del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Estos dos últimos soberbiamente expuestos en arquitecturas efímeras de muy dramática concepción.

Huellas y símbolos


En Málaga, además de Picasso, quizás sea Pedro de Mena el artista más conocido de la historia. La cofradía de Mena, el Cristo de Mena, el edificio de Mena, antes Italcable, hasta la Legión es asimilada a Mena.

Y volvemos a los símbolos. ¿Por qué la calle Pedro de Mena presenta un aspecto tan sucio, deteriorado y pordiosero? Mena es un icono en nuestra ciudad. Por eso no entenderé nunca que existiendo la casa donde vivió, esté dedicada a otro artista. Sinceramente.

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