18 de julio de 2019
18.07.2019
Crónicas de la ciudad

De la 'ciudad perfecta' y las obras del metro

Lejos de ser un arrabal de industrias desperdigadas, el barrio musulmán descubierto durante las obras del metro es una consolidada extensión de la medina que merecería recuperarse

18.07.2019 | 05:00
Así lucía ayer el barrio extramuros de la antigua medina musulmana, descubierto durante las obras del metro delante de El Corte Inglés y que parece que se desarrolló entre los siglos XI al XIV

La palabra arrabal y el adjetivo arrabalero tienen hoy connotaciones negativas. Sin embargo, como recuerda la Real Academia, arrabal es de clarísimo origen árabe y hace referencia al barrio fuera del recinto de la población a que pertenece.

En el caso de la Málaga musulmana, contaba con dos arrabales extramuros de la ciudad, pero no cualquier cosa, pues los dos terminaron contando con sendos recintos amurallados con torres de defensa incluidas y puertas de acceso a la medina.

Como muchos saben, el primero era el de Funtanalla, al norte de la calle Álamos y Carretería, mientras que el segundo, al otro lado del río, coincidía con la zona de El Perchel.

Una de las personas que mejor conoce la Málaga musulmana y que habla árabe clásico con la fluidez de usted y que yo el español es Virgilio Martínez Enamorado. En 1995, en un espléndido libro escrito junto con María Isabel Calero Secall, Málaga, ciudad de Al-Andalus, recogía unas palabras del poeta e historiador Ibn al Jatib, escritas a mitad del siglo XIV, en referencia a estos dos arrabales de Málaga. Para Al Jatib, cada uno de ellos era una «ciudad perfecta, como dama que se pavonea entre los adornos de sus encantos».

Parte de una de esas dos 'ciudades perfectas' es la que acaba de aparecer delante de El Corte Inglés, durante las (eternas) obras del metro. Pese a su innegable categoría 'arrabalera', nunca en Málaga habíamos tenido un gran barrio de la ciudad musulmana a la vista, con sus calles, casas e industrias.

De su importancia nos queda también el hecho de que la Málaga musulmana le construyera un puente de comunicación con la medina en dos ocasiones (en la zona está hoy el puente de Santo Domingo).

Se trata del arrabal de Al Tabbanin o de los Mercaderes de la Paja, una zona centrada en la elaboración de todo tipo de objetos de mimbre (en época cristiana, todavía en la zona de la Puerta de Santo Domingo se descargaba la paja y la leña que necesitaba la ciudad).

Tan poca diferencia había con el resto de la medina –cuentan en su libro María Isabel Calero y Virgilio Martínez– que uno de los más importantes lectores del Corán enseñaba caligrafía coránica a los niños de este arrabal, prácticamente una extensión de la ciudad.

Con estas pinceladas, en una ciudad que no fuera Málaga estos restos se respetarían y mostrarían al público como lo que son, un inesperado regalo del destino para consolidar un rincón de España que quiere vivir de la cultura.

Pero en Málaga, los restos arqueológicos continúan viéndose como un contratiempo para el progreso. Lo normal aquí es que se tapen y si acaso, que se expongan algunas piezas aisladas, como adelantó esta semana la delegada de Cultura.

El metro ya lleva demasiado retraso como para proteger cuatro ladrillos. Así nos las gastamos en los metafóricos arrabales de Europa.

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