24 de julio de 2019
24.07.2019
La Opinión de Málaga
Crónicas de la ciudad

Un rincón de Huelin sin arqueólogos del futuro

Junto a la calle La Caramba, un acertado muro impoluto hace años que dejó de exhibir un rico catálogo de pintadas injuriosas

24.07.2019 | 05:00
Ni una letra, en comparación con la riada de pintadas, algunas de ellas injuriosas, que hace unos 13 o 14 años lucía este muro de Huelin, entre la calle La Caramba y la plaza de Eduardo Maldonado Leal.

El paso del tiempo no sólo ha sido capaz de dejar chata la Esfinge de Gizeh; además de apéndices nasales también puede limar asperezas hasta convertir los insultos más injuriosos y obscenos en objeto de estudio de los investigadores.

Este asombroso proceso de transformación, como se dice en Málaga «tiene un majao», pero es lo que ocurre con la amplia variedad de tacos recogidos de las paredes de Pompeya, una selección de expresiones tan atrevidas y procaces que abochornarían a un hooligan beodo.

Pero ese es el problema: para que unas palabras ofensivas se conviertan en objeto de interés de los historiadores no cuentan las que fueron pintadas antes de ayer en un pronto de un autor contemporáneo, con lo que hay que concluir que la diferencia entre una gamberrada y un resto arqueológico es, únicamente, el paso de los siglos.

Con esta introducción, hay un rincón de la Carretera de Cádiz que ha perdido para siempre su condición de potencial yacimiento arqueológico. Los investigadores del siglo XXV se han perdido un rincón de Málaga pródigo en pintadas insultantes de gran riqueza expresiva, no así de buen gusto.

Y todo se ha debido al buen hacer de nuestro Ayuntamiento o bien de la comunidad de propietarios, que hace un tiempo decidió blanquear la pared y dar la espalda a futuras tesis doctorales sobre la forma de poner de vuelta y media a alguien en este arranque del siglo XXI.

El lugar en cuestión se encuentra entre la calle La Caramba (que recuerda a una tonadillera granadina del XVIII) y la plaza de Eduardo Maldonado Leal, en Huelin. En los tiempos bravíos, un tramo del murete que rodea un gran bloque de pisos estaba cubierto por una algarabía de pintadas horribles, tantas, que parecía un palimpsesto, por la sopa de letras que exhibía de meses o años diferentes.

De alrededor de 2006 era la siguiente perla plasmada en el muro: «A la Yesi la voy a reventá», una proclama de muy mal gusto que, confiamos, sólo se quedara en la letra escrita. De cualquier forma, el siglo XXV se queda sin analizar esta amenaza nada velada, pero también la popularidad del nombre femenino Jessica (y de ahí Yesi), quién sabe si por influencia de la actriz Jessica Lange, lo mismo que Vanessa Redgrave puso de moda Vanessa (y Vane) en España.

Arqueólogos del futuro aparte, el muro ha quedado de cine y la zona ha mejorado bastante.

A esto hay que sumar el buen estado de revista de la vecina plaza de Eduardo Maldonado Leal, un espacio que a mitad de los años 80 era un descampado terrizo y que hoy es un jardín con un buen número de palmeras y sobre todo, de tipuanas. Estos árboles aportan sombra pero también colorido, pues aparte de en las copas, en el suelo nos dejan una hermosa alfombra de flores amarillas en el inicio del verano. Felicidades.

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