02 de agosto de 2019
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Actualizado: 04-04-20 11:40h
Solidaridad

Subida al «techo de Europa» con un sordociego

Óscar Álvarez es funcionario de prisiones y delegado de CSIF Málaga. Aceptó sumarse a la aventura de guiar y ser los ojos de Javier García en alta montaña

02.08.2019 | 05:00
Ascenso al pico Aneto, el más alto de los Pirineos.

Su próximo reto es el monte Elbrus. La expedición ya ha coronado el Aneto y Los Alpes, cimas de 4.000 metros de altura.

­ «Seré sordociego pero puedo, y puedo porque quiero». Estas palabras, pronunciadas a más de 4.000 metros de altura, sellaron la subida de Javier García Pajares a Los Alpes, la culminación de un esfuerzo decidido a demostrarse a sí mismo y al resto del mundo que no hay límites.

Junto a él, una expedición de expertos montañistas fueron sus ojos en el camino, entre ellos, Óscar Álvarez, un funcionario de prisiones en la cárcel de Archidona y delegado de CSIF Málaga que además es guía de montaña.

Javier, natural de Plasencia, perdió la vista y el oído en plena adolescencia. «En un principio parecía ser psicosomático pero después parece que avanza... Se encerró en sí mismo», relata Óscar. Tras el derrumbe llegó la superación, y Javier encontró la posibilidad de ponerse a prueba en la montaña, apoyado por su psicólogo en la ONCE, José Antonio García, amigo de Óscar desde hace años, quien lo invitó a unirse a la aventura de «abrazar las estrellas», un proyecto de la plataforma Un mundo con sentido, creada por Javier para dar visibilidad a la sordoceguera.

«En cuanto me lo propuso José, dije que iba de cabeza, cuando sea, no me importa. Uso mis vacaciones, uso mi dinero, me da igual», cuenta Óscar, que asegura que el feeling con Javier fue instantáneo. Desde entonces, este funcionario de prisiones y amante de la montaña ha acompañado a Óscar en su expedición a Los Alpes y han coronado el pico Aneto, en equipo y siempre delante de Javier. «Él conserva una distinción de luces y sombras. Entonces yo soy una sombra, una pequeña sombra que él puede distinguir. Si me alejo no me ve». Óscar sostiene que es imprescindible contar con un buen clima. «Para nosotros es el mayor hándicap, porque no está en nuestra mano», explica Óscar. Ahora esta expedición se enfrenta al reto de escalar el monte Elbrus, el «techo de Europa» con más de 5.600 metros de altura, un ascenso para el que la aclimatación será fundamental y habrá que extremar las medidas de seguridad.

Pese a contar con dos sentidos menos, Javier se siente capaz de todo. En los próximos días tomará un vuelo a Moscú para subir el Elbrus. «Yo tengo la mente un poco más limitada. Las personas «normales» vemos más límites, él no y le falta la vista y el oído. Eso es lo que aprendes», confiesa Óscar.

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