04 de agosto de 2019
04.08.2019
La Opinión de Málaga
Memorias de Málaga

El Guadalmedina no tiene arreglo

Algunas ideas para promocionar el río seco más grande del Sur de Europa -nadie puede negarnos ese título-, entre otras una carrera río abajo por el cauce seco que podría competir con el descenso del río Sella

04.08.2019 | 05:00

Cuando redacto este capítulo de las Memorias de Málaga, salvo imprevisto, no hay programada ninguna cita electoral. La más próxima, si no yerro, será la de la comunidad andaluza dentro de tres años. Si hago esta precisión es para no inmiscuirme en ningún programa electoral de los veinte o treinta partidos políticos o coaliciones que en teoría se presentaran para arreglar Andalucía.

Hecha esta advertencia me atrevo a asegurar algo que ha estado y estará en todos los programas de las posibles concurrentes a la municipales de Málaga capital, que serán, teóricamente, en mayo de 2023. Si en 2019 han concurrido cerca de veinte partidos políticos, en las próximas se repetirá el número... por lo menos. Lo que sí es seguro es que todos los que se presenten en los comicios llevaran en el programa el río Guadalmedina. Para información de los posibles candidatos a presidir el Ayuntamiento les adelanto que el río Guadalmedina no tiene solución. La afirmación se basa en lo que hace muchos años informaron al pueblo los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Sur de España, órgano que ya no existe y que sus funciones fueron derivadas a otro organismo. El Palacio de la Tinta fue su último domicilio.

Mi primera colaboración en La Opinión fue el 4 de noviembre de 2012, y una semana después, un segundo capítulo. El título era contundente: 'Siete siglos sin una solución para el río'. Conté las inundaciones provocadas por el Guadalmedina desde 1434 hasta la fecha; no es que yo las presenciara, porque tan viejo no soy. Los datos los recogí de las Efemérides Malagueñas, de José Luis Estrada Segalerva.

Pues bien, desde hace siete siglos, Málaga, a través de sus gobernantes, instituciones, técnicos... ha estado estudiando desde todos los ángulos las posibles soluciones, primero para erradicar los daños que provocan las riadas y después para eliminar la visión de su cauce seco.

No voy a contar lo que es más que sabido, pero sí señalar dos o tres acciones que han reducido los peligros de las devastadoras riadas. Primero fueron las canalizaciones y después la construcción de las presas del Agujero y Limosnero, mal llamada Limonero.

Solución fallida

El único proyecto con visos de solución posible lo redactó el ingeniero de Caminos don Juan Dorao Orduña en los años 40 del siglo pasado. Pero la falta de medios de entonces hizo imposible acometer el proyecto, y las construcciones de viviendas en Ciudad Jardín impidieron sus posterior realización.

El proyecto debe de andar en el archivo de la Confederación... e ignoro su actual paradero. Pero según una persona interesada en el tema, Dorao calculó por lo bajo la cuantía de las riadas; según otros expertos el cauce debe estar preparado para avenidas de 600 metros cúbicos por segundo. La solución estaba en el desvío del Guadalmedina hacia el río Campanillas.

Las presas citadas –Agujero y Limosnero- regulan la parte alta del Guadalmedina; los arroyos existentes aguas abajo a la segunda presa son un peligro porque las avenidas son incontrolables.

Otros proyectos

Como malagueño de nacimiento y corazón he seguido con interés todas las propuestas que a lo largo de setenta años se han hecho para el Guadalmedina, desde el embovedado a la construcción de más puentes que a la postre es un embovedado encubierto. Todas las ideas, incluso las del arquitecto José Seguí, el fracasado proyecto del CIEDES y otras muchas barajadas han muerto en los cajones.

Los técnicos de la Confederación siempre han sido tajantes porque como responsables directos se han opuesto a cualquier intento que no contemple no sé qué estudio de las riadas de los mil años.

Y ahora, ¿qué?

Mientras los expertos elegidos por los partidos políticos para las elecciones de 2023 redactan los programas, e incluyen, como está mandado, la promesa de abordar el tema del Guadalmedina sin entrar en su solución y financiación, yo apunto una idea para hacer rentable el «río seco más grande del Sur de Europa». Si un alcalde de Málaga, elogiando el éxito de la Feria de Agosto, declaró que era «la feria del Sur de Europa» ¿por qué no presumir de tener el río seco más grande del Sur de Europa? Nadie puede negarnos ese título.

Hay que sacar rendimiento a lo que la Naturaleza nos ha otorgado, aparte el clima.

Como primera propuesta sugiero el evento deportivo anual bajo el enunciado de Carrera Río Guadalmedina; pero como hay que internacionalizar la denominación, se promocionará como Open Running Guadalmedina River. Con este anuncio se inscribirían los de siempre: etíopes, senegaleses, marroquíes y quién sabe si australianos. La salida se daría al pie de la presa del Limosnero y la meta se establecería bajo el remozado puente de Tetuán. No sé cuantos kilómetros hay en el tramo elegido. Los corredores tendrían que sortear las ortigas, arbustos yerbajos y los poéticos brotes verdes, amén los escombros, botellas de plástico y vidrio y otros sorprendentes obstáculos que enriquecen el mobiliario del cauce.

Con una buena promoción, los espectadores que nunca faltan seguirían la prueba desde los muros del río, y con el tiempo, podría competir con el descenso del Sella que agrupa a millares de aficionados asturianos e incluso extranjeros.

Más aprovechamientos

El cauce es un lugar ideal para la celebración de uno de esos conciertos multitudinarios que cada año se montan en diversas ciudades del mundo. Un programa compuesto de la Banda Jockey's Lanch, The First White, las orquestas The Cabron's Boys, Mangurrinos of Very Weel, The Round Navel, The Longhair's Kansas y otros artistas y grupos de fama mundial, abarrotaría la zona acotada; el escenario se instalaría a la altura del puente de Tetuán y hasta donde llegue la gente porque no hay límites.

Las agencias de viajes programarían para los cruceristas que llegan a Málaga por vía marítima visitas al río más seco del Sur de Europa, encargándose los guías de contar las riadas, los muertos, los destrozos, el naufragio de la Gneisenau y el puente que donó el Gobierno alemán como prueba de agradecimiento a Málaga por su generosidad, eludiendo comentar, por no dejar mal a nadie, la muestra del feísmo de la arquitectura malagueña en fase de descomposición del siglo pasado, representada por el antiguo edificio de Correos.

Si el Ecce Homo restaurado en Borja, desde 2012, recibe una media de 3.000 visitantes al año y ya han pasado hasta 80.000, entre los que figuran hasta japoneses, ¿por qué nuestro querido Guadalmedina no va a ser fotografiado como la Torre Eiffel de París o la Fontana de Trevi? Imitando a Borja, Sabor a Málaga promocionaría nuestros vinos con una variedad que viene como anillo al dedo: Seco Guadalmedina. El Guadalmedina, no se olvide, es una joya de la antigüedad, su existencia se remonta a Noé y el diluvio universal. Al descender las aguas se formaron los ríos, entre ellos, el Guadalmedina. Su antigüedad, pues, es mayor que la de las pirámides de Egipto.

Y para resolver el problema de las defecaciones de perros y gatos que emporcan las calles principales de la ciudad y de los barrios, como contribución al plan sostenible del monumento, habría que invitar a los propietarios de los animales de compañía a que los lleven al cauce del Guadalmedina a hacer sus necesidades, colocando en lugar bien visible avisos con el texto Cagadero Municipal para Mascotas. Pero siguiendo la moda, traducir el texto al ingles: W.C. Animal's.

Équili quá (Es lo que hay).

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